Día 260 (18-10-2013) los pasillos haciendo vibrar el alma

Hoy fue mi último día de atención, durante esta semana, la siguiente es semana comunitaria. La cantidad de pacientes fue menos, sin embargo la parte más chistosa de la consulta fue cuando llegó una señora, con su bebé de dos meses, le pregunto ¿qué tiene?, me mira y me dice «fiebre», mientras escribo en la historia clínica, noto que el pequeño paciente tiene congestión nasal… la miro y le digo ¿acaso no ha tenido moquitos el pequeño?, me dice «sí», le digo ¿y tos?, me dice «sí»… me río y le digo que por qué solamente me dice que tiene fiebre, entonces me mira un poco tímida, se ríe y me dice «es que hay unas doctoras que son bravas y saben hablarnos», me reí tanto! y le dije «como yo soy bien brava, pregúnteles afuera a cuántas no les he halado las orejas cuando vienen con los enanos enfermos». Fue suficiente para que nos salgan risas por unos minutos.

De regreso a casa mientras caminaba recordé que Pauly me comentó sobre un concierto de música ecuatoriana en la Casa de la Cultura de Cotopaxi, así que me desvié del camino a casa, para ir al sitio que en Latacunga casi nunca pasa abierto y que hoy, tenía la oportunidad de conocer y vivir algo de música y arte en esta ciudad que no es mía pero en la que llevo viviendo nueve meses. Se acercan las fiestas de Latacunga y por eso se han programado varios eventos, el de hoy es uno de esos.

El pasillo tiene esa nostalgia, ese amor, ese pequeño dolor… en sus letras en su música… pero sobre todo tiene esa identidad de ser muy ecuatoriano, de ser nuestro, de ser mío porque me lo han transmitido. Pero en estos días en los que la nostalgia se ha pasado de compañera, escuchar pasillos sería como intentar suturar le herida en alguien a quien la anestesia no le funciona, entonces duele el pinchazo, duele cuando el hilo de sutura pasa… pero… tengo eso de masoquista…

Entré al teatro, no es tan amplio, bastante descuidado, pero estaba lleno y eso me regala esperanza en Latacunga, porque a lo mejor y lo que hace falta son más eventos culturales, para que la gente acuda y los disfrute. Me senté, sola, era la forever alone del concierto, pero sabía que iba a disfrutar, lo que no sabía es que terminaría botando unas cuantas lágrimas.

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El concierto empezó con aquel pasillo que se llama Pañuelo Blanco, que me trae tantos recuerdos, entre esos a mi padre, que lo canta con TANTO sentimiento… «por qué no me dijiste que no me querías para no adorarte, por qué no me dijiste cuando me fingías para así olvidarte…», ya para ese momento yo estaba vulnerable.

Pero luego… mientras sonaba el pasillo «regresa» suena mi teléfono… ahí si ya me hice pedazos.

La mujer que cerró el concierto, me dejó sorprendida por varias razones, su imagen elegante, su pulsera tejida con mullos, de esas que hacen nuestros indígenas… sus collares de colores que resaltaban sobre su ropa negra, su presencia en el escenario, su voz maravillosa… y su sentimiento para cantar. No bastando eso sabía la historia de varios pasillos, sus autores… evidentemente a esta mujer  el amor por la música nacional y por ser ecuatoriana le recorre las venas y se le sale por los poros, a un punto que invitó a los jóvenes a identificarnos con lo nuestro, a no dejar morir aquello que nos caracteriza y representa, «un país sin identidad, no es país» dijo y siguió haciéndonos vibrar el alma. Dentro de su repertorio cantó el pasillo «Idolatría», cuyo autor es lojano, supo decir Normita… así que ya se imaginarán, el pecho se me abría de orgullo al escuchar el nombre de mi ciudad en un evento así.

Tuvimos que pedirle que POR FAVOR regrese, porque nos dejó picados… volvió a cantarnos varias canciones, pero cuando empezaron los sanjuanitos recordé al abuelo, mi viejo querido y extrañado… y de repente, empezó a sonar el arpegio de aquella canción que el abuelo me cantaba «… palomita encantadora, tu palomo parte ya, te da pena porque sabes que talvez no volverá… mañana mañana, me voy me voy de aquí, te quedarás llorando palomita cuculí…» entonces empecé a llorar… mientras todos aplaudían y bailaban, yo recordaba al abuelo y yo cantando esa canción… lloraba como «palomita cuculí».

Ha sido una gran noche! llena de música, que siempre alegra el alma a pesar de que sus letras puedan ser tristes o los recuerdos duelan.

Busqué sobre la mujer de la que les hablo, Normita Navarro rescata la música y sonidos tradicionales del Ecuador, y tiene cuenta en twitter @normita_navarro. Si les gusta la música ecuatoriana, no pierdan la oportunidad de escucharla!

 

Comentarios

Una respuesta a «Día 260 (18-10-2013) los pasillos haciendo vibrar el alma»

  1. Avatar de Tommy
    Tommy

    Hola, te felicito hermoso comentario lleno de lo que somos los verdaderos ecuatorianos, puro sentimiento y corazón… Felicidades.

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