Salí a las seis de la mañana de Quito, todo, con la finalidad de llegar temprano al subcentro, porque unos pajaritos me contaron que iban a llegar los jefes del área… y obviamente me iban a «memear» si no me veían, a pesar de que mi permiso estaba hecho…
Llegué a las ocho de la mañana, el frío como siempre el compañero fiel de viaje y de trabajo. Las primeras horas, empecé a archivar las historias clínicas, hasta empezar a atender los turnos agendados.
Durante horas, sentía que muchos recuerdos me invadían, me dolían… hasta encontraba hojas que me llevaban a hermosos momentos vividos… y horas después llegó Tomás que también, involuntariamente, hace que retroceda el tiempo y vuelva a vivir momentos.
¿Lo mejor del día? que ya llegó mi iPhone y podré volver a tener una relación estable (como diría mi mamá), además con el iPhone ya no me atrasaré con los posts del blog. Y el hermoso paisaje del Cotopaxi, que estaba bañado de nieve, hermoso… pero también me traía recuerdos.
Intento dormir, porque de verdad hoy me duele un poco todo.
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