El sonido de la lluvia fue el soundtrack del inicio del día, abrí los ojos sabiendo que no tenía un cuarto al que correr, ni un feliz cumpleaños que cantar en la cama de mis papás… pero lo que si sabía era que tenía que ir a dejar unos documentos en el Área de Salud # 1, regresar al subcentro, atender pacientes… esperé para subir al bus para llamar a mi mami, pero no contestó, de seguro estaba ocupada, así que le dejé un mensaje… solo imaginaba lo que quería decirle y se me iban las lágrimas en el bus, pero bueno…
Llegué al subcentro y empecé a atender a mis pacientes, uno tras otro, a los enanos les empecé a pegar los stickers de estrellitas en la mano, salían felices… de repente llegó María, hace un par de meses la atendí por unos dolores en el cuello y de cabeza, llega hoy con la misma sintomatología, entonces le pregunto que cómo se sintió con los medicamentos, me responde «bien doctora, pero creo que lo que tengo es estrés» entonces la miro y le pregunto ¿qué es lo que le preocupa?
Resulta que María es una de esas tantas mujeres que mantienen sola a una familia, el padre de esos niños se ha casado tres veces, tiene varios hijos, y de vez en cuando le da veinte dólares para que con eso algo pueda ayudarse, así que ella lava ropa para poder pagar la educación de sus hijos, la comida, la ropa y todas aquellas necesidades de una familia… Su preocupación y motivo de estrés es «si yo me enfermo doctora, ¿quién va a ver por mis cuatro hijos?, ¿quién va a llevar el dinero?, ¿quién los va a cuidar?» con cada nueva cosa que María me decía a mi se me daba una vuelta más el wuacho, conversamos, decidí hablar y reír con ella, la miré y pensé «a la mierda los quince minutos por paciente, ella se merece unos más», así que hablamos y nos reímos, le dije algo que mi hermano luego de su salida de la clínica de rehabilitación me decía «un día a la vez, no te dejes robar la felicidad» le dije algo parecido a María y le dije que a mi no me gustaría saber que «ha estirado la pata», ella solamente se reía y yo en cambio sentía que con cada risa, ella se sacaba un ladrillo de encima… «para la tarde ya regreso con mis hijos doctora, para que también los atienda», entonces le digo que la espero, para jalarles las orejas a todos… cerró la puerta no sin antes regalarme una sonrisa.
Me tomé como dos minutos antes de llamar al siguiente paciente, por varios aspectos, la historia de María me sacudió, bastante!
Luego el resto de pacientes, iban y venían, llegaron los hijos de María: Denis (8) y Luis (14), solo risas los dos, los revisé, hablé con ellos y les dije lo que siempre les digo «a portarse bien, no me harán darles en el rabo», se fueron sonriendo… María también, antes de irse me dice «doctorita, muchas gracias por todo» y le digo que no tiene nada que agradecer «si se va a portar mal, me invita».
De regreso a casa, la nostalgia me agarró de nuevo, pensar en mi mami, en este cumpleaños tan fatal que le tocó, su mamá en el seguro, ella cuidándola, dos de sus hijos fuera de casa, el otro con ocupaciones aparte… hoy no hubo pastel, ni brindis, ni reunión familiar, ni salida a comer… hoy, fue el primer cumpleaños de mi mamá que no estuve con mamá… Dicen que eso es parte de crecer, extender las alas y volar, ir por tu destino, salir del «nido»… hoy pensaba en que yo no solicité crecer! pero crecí… El día de mi graduación de bachiller, la madre de una de mis amigas en medio de su discurso dijo algo como «tu nunca te imaginas que el día en que tus hijos dejan de tomar tus manos para caminar, será el día en que empiecen a recorrer su propio camino» hoy sentí eso pero quemándome la piel.
Mamá me sigue llamando casi todos los días (como si fuera niña), me pregunta si estoy comiendo, dónde estoy, qué voy a hacer, con quién… y aunque a veces eso me molesta, pues así son las mamás no?, discutimos, peleamos, llora, se enoja, me enojo, lloro, hace cosas por mí, hago cosas con ella, me dice que me iré de la casa si empiezo a usar anticonceptivos, me dice que no entiende por qué no quiero casarme, por qué soy tan exigente, me espera hasta que me duerma cuando llego a Loxa por unos días, me abrazó tantas veces como las necesité, lloró y odió a cada hombre que me despedazó el corazón, no amó mis sueños, pero me amó a mi siempre así que me apoyó en el camino… hasta intentó más de una vez leer «El Principito» porque sabe que lo amo.
Es mi cuatacha, mi amiga, mi compañera, no se si muchas se llevan con su mamá al punto en el que ella y yo nos llevamos… no lo se y de verdad, no importa, porque yo tengo la fortuna de que esa mujer sea mi madre… ya no es gordita, pero le sigo diciendo gorda, ya me sobran brazos para abrazarla, ahora hasta creo que la abrazo con un brazo, ya no le da miedo salir a la calle o a fiestas, porque nadie le dice cosas como «cómo te has engordado!», ya tampoco le duelen los huesos, ahora pasa alegre, más activa… pero sigue cansada por el trabajo y las labores y preocupaciones diarias, por ejemplo esta noche pasa su cumpleaños durmiendo en una silla junto a la abuela…
Hoy me hubiera gustado bailar con ella en la cocina con piso de baldosas blanco y negro (como tablero de ajedrez), acostarme a su lado, hasta ir a esa horrible tienda que le gusta tanto «Todo Hogar»… hoy me hubiese gustado estar con la panzona de mi mamá…
Aquí la canción que hace tanto te dediqué… que es tan tuya como tuya es mi vida! TE AMO ma!
Si ella me faltara alguna vez nadie me podría acompañar
nadie ocuparía ese lugar que descubro en cada amanecer
si me faltara alguna vez.Si ella me dejara de querer cuando la contemplo al despertar
siento la pureza que me da, nunca la pureza que me da,
nunca la podré corresponder si me dejara de querer.Si ella se olvidara de cantar ese hermoso mundo que me da
cómo volvería a predicar si fue su palabra mi verdad
si se olvidara de cantar.Si ella no inundara esta ciudad todo cambiaría de color
gozaría de otra claridad
cuando miro y pienso con dolor si no inundara esta ciudad.Si ella me faltara alguna vez
si ella me dejara de querer
si ella se olvidara de cantar
si ella no inundara esta ciudad
yo no escribiría esta canción.

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