Eran las 17h45 cuando empecé este post… y lo empecé con la mezcla de nostalgia y alegría que me regalaba este paisaje:
Si esta ciudad hablara, si sintiera lo que yo siento por ella, si supiera los proyectos y sueños que tengo para ella, si supiera que mientras la miraba esta tarde los ojos se me llenaban de lagrimas mientras veía los aerogeneradores en el Villonaco…
Hoy volví a la UTPL sin la prisa de estar atrasada para una clase, sin el enojo de tener que hacer papeles, estaba ahí libre, para ver el paisaje de aquellos que si corren, que compran algo en el kiosco de la seño Eli, los que se fuman un tabaco, los que con la vista hermosa de Loxa desde la Cruz de la UTPL deciden mostrarse cariño…
Que paz se siente en ese sitio, que rápido se va el tiempo, «la vida es eterna en cinco minutos», ahí estaba yo, sentada viendo un atardecer…
Me gana la nostalgia, ya estoy en el bus de regreso a mi Patatús y no es que no quiera ir, porque de verdad soy feliz haciendo lo que hago y porque es in sueño que diariamente hago realidad… Solamente que lloro porque a veces los miedos me ganan…
Y hablado de miedos, la última vez que me subí llorando a un bus, el chofer decidió quedarse dormido y el bus se dio la vuelta… Así que por si acaso quisiera dejar claras algunas cosas:
– amé inmensa e intensamente
– soñé lo suficiente como para que la gente no crea que podría cumplir esos sueños
– trabajé para que los sueños dejen de ser sueños y los hice realidad
– cuando cumplí un sueño busqué uno nuevo
– lloré por cosas inimaginables como piedras, papeles, canciones, poemas, libros, injusticias, impotencia, incluso por dolores que no eran míos…
Y ojalá y mañana me despierte en Latacunga… Eso básicamente!


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