Desde que llegué a Latacunga no he podido decir que he tenido «sueño reparador», hasta hoy que al despertar sentí que había dormido por años, descansado, nada me dolía… desperté contenta, sonriendo… luego ir al área, dejar tamizajes, retirar mi memory flash, pasar datos de partes, retirar recetarios y luego volver a Patatús.
Todos los días lucho contra la rutina, contra la costumbre de sentarme en una silla, rodeada de papeles, recibiendo gente que siente dolores o preocupaciones. A veces es difícil, el cansancio, el tiempo y la presión de los pacientes me juegan a caer en ese círculo vicioso del que siempre he querido alejarme.
La ternura de los enanos me hace melcocha el alma, sus miradas, sus risas de la nada, sus movimientos, sus carcajadas cuando les examino las caderas… me sacan del cansancio, me hacen olvidar a veces que siento hambre o sed o incluso las ganas de ir al baño. Son un mundo, desconocido para todos, pero que llena de alegría, de ilusión, de esperanza.
Por fin pude hablar con mi abuelita, está mucho mejor pero sigue hospitalizada, le dije que dejará de estar coqueteando con los otros señores y me responde entre risas «eso ya no es para mí, queda para los jovencitos», me alegra saber que está mejor, la distancia te hace sentir impotente, porque no puedes hacer nada más que esperar que todo salga bien, que las cosas mejoren, que te den noticias, a la final esperar…
Esta noche he decidido ser parte de un proyecto que me parece maravilloso y se llama «soy libro» leyendo uno de mis libros favoritos, pero sobre todo uno que marcó mi vida para siempre «Bodas de Sangre» de Federico García Lorca Yo soy libro, soy Bodas de Sangre de Federico García Lorca
He tenido un gran día, me siento feliz y nunca he sido de las que exige mucho para hablar de felicidad, a un punto que hoy, no ha pasado nada fuera de lo usual, pero me siento feliz, puede ser porque es 9 de abril y es mi NO-cumpleaños o talvez porque al iniciar el día recibí esta hermosa foto por parte de mi hermano Juan Carlos.

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