Eran las seis treinta de la mañana cuando llegué a Latacunga, el frío penetraba la piel como cuchillos…
Llegué al hotel, un duchazo, arreglar las cosas para llevar al subcentro y así empezaba un nuevo día.
La vida no se detiene ante nada, solo sigue, siento que es más o menos como subirte a la banda de la caminadora que sigue su ciclo y tu vas al ritmo que ella va… Si te detienes, te caes… Eso sentía hoy, tenía dos opciones: dejarme vencer por la nostalgia o subirme a la banda y caminar con la nostalgia, pero caminar!.
Eso hice y tuve un gran día, aunque me sentía cansada y tenía un dolor muy fuerte de cuello y espalda.
He respondido varios mensajes y mails de algunos amigos con sus palabras de cariño y apoyo, he hablado con cirujano maravilla que como siempre encuentra esa manera de hacerme mirar más allá del mal momento… He sentido abrazos en medio de palabras… He sentido apoyo y cariño.
Y a la final, después de este día puedo decir que «gano! Por el color del trigo»
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