Tenía que salir temprano de Quito para poder llegar a tiempo a Patután… Esa era la meta… que igual de temprano se frustró, gracias a la presencia de dos caballeros que destinaron su misión matutina a acompañarme media cuadra más al sur de mi salida, para sugerirme muy educadamente y sin más presión que un puñal de diez centímetros que les de todo lo que tenía «o de una vez te voy apuñalando», ese sería uno de los momentos de mi vida en los que podría aplicar esa clase de fisiología en donde te enseñan que el el sistema simpático del sistema nervioso, es el que te prepara para «luchar o huir» a la final… nunca me quedó tan clara la clase hasta hoy…
Temblaba toda, solamente les pedía que me dejen dinero para el pasaje… saqué 20 dólares de la billetera… mientras el señor chofer de la ecovía se detuvo para que los cincuenta que estaban dentro empiecen a gritar «déjenla!», «váyanse!» y cuando parecía que todo había terminado y mientras me gritaban «lárgate para allá» y se alejaban poco a poco… y yo procedía a hacer eso… en mitad de la 6 de diciembre entre el carril de la ecovía y el de los otros autos… decidieron volver, botarme al asfalto, un tipo sobre mí con su rodilla presionando mi cadera derecha… mostrándome su puñal separándolo unos centímetros de mi cuerpo pero con mucha buena voluntad de enterrarlo todo… el otro tipo mientras tanto me buscaba todo en todos lados y decidió llevarse mi celular… eso… mientras yo en el asfalto solo pensaba en lo que pasaría si ese puñal me acariciaba por ejemplo uno de mis intestinos… o si iba a una de mis piernas, qué arteria podría cortar? cuánto tiempo tendría para llegar a un hospital sin que me agarre la guadaña? Pero… lo más importante de todo, es que mientras los señores ladrones corrían, yo estaba botada en la avenida, dos carros pasaban y ninguno se detuvo a ayudarme, con mucha suerte disminuyeron la velocidad… y los tres guardias que alcancé a contar… pues tampoco hicieron nada…
Me levanté, y volví a caminar la media cuadra de regreso hasta el departamento de mi hermano, para dejar que la adrenalina haga su trabajo… mientras yo con las justas me mantenía en pie… A veces piensas en si hacías las cosas distintas, talvez no te hubiese pasado, pero a la final… cuando es tu día, pues eres el privilegiado…
Tengo un dolor intenso en la cadera que me dificulta un poco caminar, me imagino es por la delicada rodilla de aquel individuo sobre mi cadera… y claro, el susto que no me deja ni dormir… pero bueno, tengo 20 dólares menos, un celular menos… pero definitivamente no tengo un puñal paseando o dejando huellas sobre mi cuerpo…
Pienso en esos dos sujetos… qué es lo que en su vida no tuvieron para que hagan lo que hacen… y no me refiero a si tuvieron o no dinero… me refiero a si es que hasta hoy aún no encuentran su «flor única en el mundo»… o pienso en qué es eso que sintió aquel hombre que a la final no hizo que me apuñale… sino que me amenace y se vaya corriendo…
Solo pienso… en todo… y también pienso en lo difícil que me resultará dormir estas noches… pero bueno…
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