El tres de mayo me recuerda a un dragón al que amé, a una mañana y tarde enteras recorriendo la ciudad, al cine, a Iron Man, a las dos veces que se fue la luz y que no aprovecharnos para besarnos en la complicidad de la oscuridad…
Pero… este tres de mayo a pesar de los dolores que ya siento… era diferente porque era el día del entierro de la abuela… entonces había un dolor nuevo…
Acompañé a mamá en cada cosa que hacía, en sus decisiones, en su dolor, en su silencio… Mientras llegaba la familia que no conoces hasta que uno de sus integrantes muere… Mamá estaba ahí y yo estaba con ella.
Esperábamos la llegada de mi hermano José de Quito y Juan Carlos que lo esperaba para viajar juntos… Al llegar su tristeza era tan grande que lloraba abrazando a mi papi, a mi mami, a mi…
Luego de varias horas vino aquel momento en el que nuevamente asimilas la muerte… en la misa cuando las oraciones y plegarias se enfocan en el alma de aquel cuerpo inerte que reposa en una caja.
Era inevitable! Eran demasiados recuerdos, la última vez que estuve en esa iglesia fue cuando mi abuelo murió y de eso ya son 21 años… Y yo… yo estaba sentada en la misma segunda fila.
Mi mami me pidió que hablara en nombre de la familia, la verdad es que soy de esas personas que detestan los discursos después de la misa de un difunto (odio esta palabra), sin embargo ahí estaba agradeciendo la presencia y solidaridad de la gente, su apoyo, su compañía… «ella ya no estará sola y mi abuelo tampoco» eso fue lo último que recuerdo haber pronunciado.
El traslado fue demasiado fuerte, pero ese momento en el que empiezan a poner los ladrillos… Ese momento es el último momento… Ahí estaba la abuela, ocupando con su cuerpo la bóveda que está junto a la del abuelo, juntos… como en la vida… y ahora en la muerte…
Me quedé unos minutos más llorando junto a la bóveda del abuelo, contándole que ahí de iba su Sarita, a acompañarlo, le pedía que por favor le exija que le cuente todo lo que había pasado durante este tiempo… Y mientras lo hacia acariciaba aquel frío vidrio intentando o mejor dicho imaginando que alcanzo tocar al abuelo… Pero no es posible… Y aunque ya lo se… igual lo intento torpemente.
Ahí dejamos a la abuela… Mientras la lluvia que hace varios días no se presentaba empezó a caer con tanta fuerza que me dolía el rostro…
Era momento de volver… volver a una casa donde el aroma a café filtrado nos traerá el recuerdo de la abuela…
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