Día 41 (13-03-2013) Entre la bilis y la alegría

Desde que salí del subcentro hoy en la tarde vine imaginando el post que escribiría esta noche y todo porque me mataba la ira a un punto de que me dolía la cabeza y me daban ganas de vomitar. Pero horas después y con la panza que me sigue doliendo como que las aguas se han calmado, no es que no sienta enojo, pero talvez no hay la misma intensidad de la que había como a las cinco de la tarde.

He tenido un día agotador y no tanto por el dolor de panza que me acompaña tres días, ni por la cantidad de pacientes que he tenido que atender, sino por la actitud de gente que se supone que es mi equipo de trabajo y hace todo menos ser eso «equipo». La cereza del pastel es que hoy, me quedé en el subcentro hasta cerrarlo porque la licenciada decidió irse porque ya eran más de las cuatro y media y yo seguía atendiendo a pacientes; así que me entregó unas copias de las llaves del subcentro y me dijo «hasta mañana!» y yo consumida en enojo, inhalé amor y exhalé paz y le dije «¿se va?» porque de verdad pensé que sería una broma y me respondió «sí, porque ya son más de las cuatro y media y yo bla bla bla BLA!» así que mejor dejé que se vaya porque aún tenía un enano hecho pedazos en la consulta y él como todos mis pacientes, me necesitan serena y con todo mi potencial para ayudarlos.

Y a pesar de que hoy el balance se va a la parte del enojo, voy a descubrir dos grandes momentos del día:

el primero se llama «y tú queyes chique?» y se ve así

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una enana que llegó para que la atienda y me ofrecía su chicle todo lleno de saliva y sus manos llena de saliva, dulce, chicle y centro líquido.

Y el segundo y para orgullo y placer mío se llama «Apendicitis Aguda» y para este voy a hacer un relato más largo.

Eran como las diez de la mañana, entran al consultorio una señora, un niño sobre su espalda y una adolescente. Saludamos, les pregunté en qué las puedo ayudar entonces Liseth empieza: Doctora hace dos noches me tomé un yogurth en mi casa, para la mañana me sentía mal, dolor de barriga, ganas de vomitar, no tengo ganas de comer… Todo aparentaba ser la clásica infección intestinal; le pedí que por favor se recueste para examinarla, entonces estaba deshidratada, al examinar su abdomen había ruidos, de repente empiezo a palpar su barriguita y ZAS dolor en fosa ilíaca derecha… entonces empieza el brainstorming y claro vuelvo a preguntar «¿el dolor empezó en la boca del estómago?, ¿luego se localizó aquí?, ¿molestias al orinar?, ¿fecha de la última menstruación?» las respuestas me llevaban a sospechar en una apendicitis, pero el cuadro no era muy claro, osea si todos los casos fueran tal como los muestran los libros, todo sería MUY MAGNÍFICO, pero… Les expliqué mis sospechas y les dije: vamos a esperar y observar, mientras tanto van a ir a Centro de Salud y vamos a hacerle pruebas de sangre (le pedí exámenes pensando ya en que sería una apendicitis, por lo tanto hice Biometría Hemática, pruebas renales, tiempos de coagulación), les dije que el tiempo que se demoren será el tiempo en el que volveríamos a valorar a Liseth… A las cuatro de la tarde, primero llega la mamá de Liseth y me dice: Doctorita! ya le traigo los resultados! y yo tomo las hojas y antes de leerlas, las despegaba con la ilusión de que no me haya equivocado y ¡BINGO! ¡leucocitosis con neutrofilia! le pregunto a la señora «¿dónde está Liseth?» y me dice ahorita viene, mientras Liseth entra me doy cuenta que su forma de caminar es distinta, cuando movía su pierna derecha se notaba dolor y malestar… entonces dije para mi… ESTO ES UNA APENDICITIS!!! la volví a examinar y claro! el dolor estaba localizado, había signos de apendicitis. Y les expliqué que tenían que ir al hospital de Latacunga a emergencias y bueno Liseth entró en angustia y llanto, me di el tiempo de explicarle todo y hacerle bromas, incluso decirle que a mi me encanta la cirugía y que si ella estaba muy nerviosa mejor me deje sacarle a mí el apéndice pero sin anestesia porque no tengo… y bueno ahí nos reímos mucho tiempo, creo que se fue más tranquila después de eso.

A pesar de que estoy FELIZ por haber hecho mi diagnóstico, me siento orgullosa, orgullosa porque en la rural las cosas son distintas y comodidades no hay muchas, así que sirves y sobrevives con lo que tienes tanto en conocimientos como en recursos. Hoy no tenía ni laboratorio para saber si había inflamación, mucho menos el famoso eco con rastreo de fosa ilíaca derecha y ni pensar en una tomografía… Hoy era la Niche, sus conocimientos y sus conocimientos… ¡no more!

Y como diría mi querido y siempre recordado «Cirujano Maravilla», creo que «le atiné» jajaja y eso hace mi día menos feo y enojón, de hecho ya ni siento tanto enojo porque hay cosas en la vida tan pero tan pequeñas pero si que hacen que todo valga la pena

 

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