A pesar de la gran farra vivida el día anterior, me levanté temprano, papá me había preparado el desayuno… Conversamos, le conté algo de la fiesta, luego fuimos hasta a su cuarto, mamá mientras tanto andaba por la terraza poniendo mis mandiles a secar.
El almuerzo fue fritada, hecha por las manos de mamá, llegaron mi ñaño Juan, Andre y mi enano Sebas que es un amoroso! una vez bendecida la mesa, a comer y a disfrutar de la compañía de la familia!.
Luego la siesta de mil horas, para luego arreglar la maleta, esta vez no quería volver, creo que es la primera vez que me pasa, sin embargo como alguna vez me dijo mi amigo Víctor Hugo Riofrío «nunca mares tranquilos hicieron grandes marineros».
Sigo adelante, sigo al pie del cañón! Sigo soñando en Patatús!
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