Todo pasa tan rápido en ciertos momentos de la vida. Hoy dieron el alta a papá y decidió viajar a Cuenca al sepelio del abuelo, así que en menos de una hora corrí de un lado a otro a conseguir pasajes, arreglar las cosas, conseguir taxi, recoger maletas, ir al aeropuerto… llegar a Cuenca y encontrar esa tristeza que te deja la muerte de un ser querido.
Es verdad eso que dicen que no hay muerto malo, pero hoy mientras mi padre lloraba la muerte de su abuelo y yo lloraba por mi abuelo y la tristeza de mi padre… pensé en el hombre que fue el abuelo y en el hombre que convirtió a mi padre.
Mi papi siempre hablaba del abuelo… de su fortaleza, de su manera de trabajar… de cuando le permitía subirse en la yunta mientras mi abuelo la usaba para arar la tierra… también de las «pizas» porque papá se escapaba de casa por irse con sus amigotes. Creo que del abuelo papá aprendió a sembrar sueños, a ser fuerte en su temperamento, a exigirse mucho, a no conformarse…
Hoy veía eso en el rostro de papá! la película de su vida pasaba con cada lágrima que brotaba de sus ojos… lo cuidó todo este tiempo que el abuelo estaba en cama… se turnaba con las tias… viajaba una vez a la semana…
Mi abuelo hizo de mi padre un gran padre! y se fue viendo a sus hijos grandes no solamente en edad, sino en madurez, en vida… vio nietos y bisnietos… nos contó sus historias… las de la milicia eran las mejores!!! compartimos mucho!
Hemos despedido al abuelo con lágrimas en los ojos, porque el vacío se siente siempre, porque la tristeza nos gana… pero hemos agradecido su vida… así que no todo es tristeza
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