Día 183 (02-08-2013) «doctora, tiene una visita»

A pesar de que esta semana ha sido mi semana de extramural, hoy tuve consulta médica… me encanta recibir en el consultorio a los pacientes… entre ellos mis enanos que se la pasan haciendo travesuras y que inexplicablemente tienen un iman para el recipiente de desechos cortopunzantes, porque solo a ese dirigen sus pasos.

Hace varios años he dicho que el enemigo declarado del médico es el «doctorcito de la farmacia», esto incluye la época en la que mis padres tenían la farmacia… Hoy me llegó el típico paciente que primero pasó por la farmacia comprando «la pastillita blanca chiquitita» que le vendió el sueño de la farmacia… y que no le hizo efecto… entonces ahí si decide ir a visitar al médico para que lo salve de aquel mal que no cura la «pastillita sin nombre».

Eran las tres de la tarde aproximadamente cuando llega al subcentro una familia, trayendo al hijo llorando de dolor, sin casi poder moverse, le dolía hasta respirar y la fiebre casi encendía en llamas su ropa… les pedí que lo acuesten, hice varias preguntas para descartar H1N1 (que es algo que al momento es muy posible), una inyección y a esperar… el pobre hombre lloraba, no podía moverse… así que decidí mojar una toalla con agua fría y ponérsela en la cabeza hasta que poco a poco todo haga efecto… minutos después se veía algo de mejoría… cambié de consultorio para atender a otros dos pacientes y luego volver.

Cuando regresé Jonathan estaba dormido, lo desperté y le pedí que me deje ver la garganta solamente para REconfirmar aquello que pensaba que tenía… y ahí estaba! la infección pidiendo a gritos ser curada… pero Mr. dueño de la farmacia no lo sabía, entonces…

He tenido dos días seguidos de sorpresas, ayer y hoy… la de hoy incluye ver a José Vinicio y a Roberto Carlos en el hotel donde vivo… Eran las diez de la noche, suena el teléfono y me dicen «doctorita tiene una visita», alguien toma el teléfono y me dice «está durmiendo o hay como verla?, salga un ratito», la voz me parecía bastante familiar, pero… estoy en Latacunga a horas de todo aquello que me es familiar… abro la puerta y ahí está aquel profesor de «Química» del colegio, el amigo de la familia, el consejero de muchos momentos, el hombre que trabaja en la universidad donde te formaste… junto a otra persona que conociste en la universidad con la que compartiste en sueño de «Misión Ecuador»… Abracé a José Vinicio por todo el tiempo que no lo he visto! hablamos de la universidad, de mi vida, de las oportunidades… quedamos en que mañana cenamos los tres y tomamos algo para seguir con la alegría de este gran encuentro.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *