Casi todos los días en la consulta existe un momento en el que al solicitar la firma del paciente para las recetas, la respuesta que escucho es «doctora, no soy de letra, solo la huellita puedo poner», eso me causa nostalgia porque me es inevitable pensar en la vida de aquellos que dependen de alguien más para que les ayuden leyendo… Siento como que ese mundo que desconocen está ahí para ellos… Pero no logran alcanzarlo, y no lo hago juzgando sino pensando en aquellas razones que existieron para que cada uno de ellos no haya logrado sostener un lápiz o un libro.
Pero hoy, era distinto! Porque hoy, una mujer de aproximadamente 35 años, mientras llevó a su hija por una faringitis, me llenó de alegría y de ilusión… Al momento de pedirle que me ayude con «una firma y su número de cédula en cada una de las hojas», ella sacó la cédula y un pedacito de papel donde estaba escrito su nombre, el mismo que replicaba en la hoja donde tenía que firmar… Me mira y me dice «es que recien empecé la alfabetización Doctorita, entonces aun no recuerdo muy bien», ese fue un gran momento, porque el alma se me llenó de alegría, la miré y le dije que me alegraba inmensamente y que me llenaba de orgullo que haya decidido aprender a leer y escribir, entonces me responde «mis papás no me pusieron en la escuela porque decían que la mujer no debe estudiar, por eso nunca aprendí pero ahora hay que aprovechar esa oportunidad» yo le sonreí y le dije que tiene que tomarse todo el tiempo necesario pero que debe seguir adelante con su «alfabetización», entonces siguió firmando cada hoja mientras lo hacia me mira nuevamente y me dice «Doctorita, los números aun no puedo, deme escribiendo usted la cédula» y cómo negarme!? Si lo hice con más alegría que nunca!
Cosas tan pequeñitas como esas hacen que cada uno de estos días valgan la pena!
Y bueno, otra parte maravillosa de mi día es que a veces añoro tanto a alguien… que termino encontrándolo!

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