Talvez hoy ha sido de los días más rutinarios que he tenido en estos setenta y siete días, ni siquiera puedo decir que fue cansado, sino que fue como diría mi gran amigo Alain Chaviano «lineal»… Las infecciones de vías respiratorias son el pan de todos los días, de TODOS! en la vida llegué a pensar que el Paracetamol sería el elemento y a su vez medicamento fundamental de mis días.
Los enanos no lloran casi nunca cuando los examino y eso me gusta porque me hace el trabajo más fácil y porque a ellos se les olvidan los traumas, a eso sumarle el adhesivo de estrellita que les dejo en una de sus manos, es como el combo perfecto.
Los bebés, ellos si que me derriten, son tan indefensos, enanos, frágiles y llenos de risas. Los examino con cuidado, los cargo para escucharles los pulmones y no tener que girarlos a un lado y a otro y si también es para cargarlos un ratito y reír con ellos.
Hoy tuve la oportunidad de ver un caso interesante, llamo al siguiente paciente y entra una mamá cargando a un enano de unos dos meses, acude por el control mensual, así que luego de preguntarle si ha habido novedades con respecto a la salud, alimentación o conducta del bebé, procedo a examinarlo, entonces sigo un patrón que uso para el examen físico, desde la cabeza hasta los pies… entonces llego a los genitales del enano de dos meses de vida, primero le muestro a la madre cómo debe bajar el prepucio para la limpieza y reviso los testículos, entonces noto algo raro, solamente palpaba uno, me tomé más tiempo para no apresurar mi diagnóstico, pero, nada! este pequeñín tiene «criptorquidia» (testículo no descendido), así que le explico a la madre el procedimiento a seguir que consistía en este caso en darle una hoja de referencia para el Hospital de Latacunga en donde un especialista (cirujano) lo valore nuevamente y proceda al tratamiento que es quirúrgico, para solucionar el problema.
De verdad me alegran estas cosas, cuando pones a prueba tus conocimientos, tomas decisiones, a veces dudas, no sabes qué hacer o cómo actuar, luego te serenas y ves entre esos «doce segundos de oscuridad» aquellos años de tu vida que los pasaste entre libros y malas noches, entonces… solo entonces ves aquella luz que te ilumina en lo que debes hacer.
Cada día que pasa, me doy cuenta que el camino recorrido ha valido la pena… y aunque a veces dolieron muchas cosas para poder llegar aquí… una vez que he llegado, nunca fui tan feliz!
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