He vuelto a Latacunga, el día fue más tranquilo, hubo menos pacientes, sin embargo se sintió pesado…
Me sigue gustando lo que hago, me sigue llenando, sigo encontrando la alegría en pequeñas cosas, en la mirada y la sonrisa de los niños, en la vulnerabilidad de los recién nacidos… En su propio mundo… Qué mirarán? De qué se ríen cuando sonríen? Con quién hablan?
Yo solo los tomo entre mis brazos y los disfruto un ratito, luego ya me toca examinarlos, entonces viene el llanto y el grito… Sin embargo la mayoría mueve su manito cuando se despiden.
Me encanta ruralear!
Responder a Fabián Cancelar la respuesta