Categoría: Ecuador

  • Trabajar en el ministerio de la muerte

    Hace unos meses nos convertimos en eso, en un hashtag que pretendía resumir lo que somos y lo que hacemos.

    Mientras eso sucedía, en el equipo nos preguntábamos: ¿acaso no le hemos quitado el dolor al menos a una persona?, ¿no existe algún niño que nació prematuro que hoy está en los brazos de sus padres creciendo y llevando una vida normal?, ¿no hemos salvado ni una sola vida?

    Ayer, 7 de octubre de 2019, mientras la mayoría de personas «evacuaba» la Plataforma Gubernamental de Desarrollo Social, hubo un grupo que se quedó, se quedó hasta que el día acabe. Mientras los escasos policías que quedaban rodeaban el edificio, nuestro equipo trabajaba.

    Hoy les hablaré de los equipos que se quedan cuando todos se han ido. Los que aguantan hasta el final.

    «Salud siempre corre del lado contrario al que corre el resto de gente» hablábamos hace meses con mi jefe grande después de un tiroteo en la puerta de emergencia de un hospital. Si nosotros nos vamos, ¿quién hará nuestro trabajo?

    Ayer, mientras la movilización de indígenas avanzaba al sur de Quito, los equipos de las direcciones nacionales de primer nivel, hospitales, atención prehospitalaria, centros especializados, discapacidades y el proyecto de discapacidades, se quedaron hasta el final del día. Nos dijeron a todos que primero salvaguardemos nuestra integridad y que si eso significaba irnos, pidamos permiso cargo vacaciones, de los 15 que ahora tenemos, pensaba yo, indignada.

    ¿Vale la pena quedarse? es la pregunta.

    De regreso a casa todo fue una aventura. Nunca sentí tanto miedo en mi vida. Le falta calle, dirán algunos. Correr, solamente correr y acercarme a casa. Gente gritando, palos, piedras, gases, motos, el «trucu trucu», que solamente había visto en noticias, pasaba haciendo su conteo regresivo y acelerando a toda velocidad.

    Reporte de nuestros equipos en territorio: establecimientos cerrados por las protestas, profesionales que no llegaron a sus lugares de trabajo y apoyaron en otros, ambulancias y paramédicos agredidos, personas muertas porque los equipos no pudieron pasar. Y ahí, al pie del cañón porque salud no para nunca, porque corremos al lugar del que todos huyen.

    Hoy, mis compañeros se levantaron de nuevo y aunque no nos han «autorizado» hacer base en centros de salud cercanos a nuestros domicilios a menos que sea por cargo vacaciones, llegaron a la Plataforma Gubernamental de Quitumbe para desde ahí apoyar a los equipos que se están partiendo en todo el país. El regreso es tan incierto como los días previos. Más de uno podría ser notificado de su salida en estos días, por los recortes de personal, pero ahí están, jugándosela entera por aquello que nos mueve y nos inspira.

    Ojalá nos cuidaran.

    Va por ustedes, compañeros del día a día. Va por ustedes que hacen que no entremos en un hashtag.

     

  • Carlos López ¡Inocente!

    Carlos López ¡Inocente!

    «Si puedes curar, cura. Si no puedes curar, alivia. Si no puedes aliviar, consuela».

    Ese fue el mensaje que nos regaló el día que finalizamos nuestro internado.

    Pero ese no fue su único regalo, y tampoco fue el primero. Ya hace mucho tiempo atrás su ejemplo fue lo más valioso que recibí de él.

    Pasaba visita a sus pacientes dos veces al día, muy temprano en la mañana y por la noche. Llegaba siempre a emergencia cuando lo llamábamos.

    Un domingo lo sacamos de «la Casa Blanca», era una emergencia. Llegó luciendo la camiseta de su equipo favorito «la Liga», fue la única vez que intenté no darle un abrazo al momento de saludarlo, le dije que si lo hacía yo tendría una reacción alérgica. Nos abrazamos y fuimos a buscar al paciente.

    Así lo conocí, buscando a sus pacientes. Persiguiéndolo por los pasillos de hospitalización. «Ayudándole» en emergencia.

    Jamás olvidaré aquella vez que fuimos a visitar a uno de todos aquellos pacientes a los que les quitó el dolor. Una vez que le preguntó cómo se sentía, le pidió a los familiares del paciente que se acerquen porque iba a explicarles lo que hicieron en la cirugía. Sacó un iPad y empezó a dibujar el procedimiento.

    Él no sabía eso, no sabía que yo lo valoraba y admiraba por esos detalles más que por su fama y prestigio, que yo sabía que él tenía.

    Aprendí de él mucho, aprendí aquello que ni los libros más famosos de cirugía dicen. Aprendí de su ejemplo y su compromiso permanente asumido con su profesión.

    Vi en él a ese maestro y guía. En aquellos días donde mi sueño era ser cirujana, veía en él lo que quería hacer y ser.

    Nos convertimos en grandes amigos.

    Pasaron los años y aunque yo había descubierto mi amor por la Salud Pública, no tenía el valor de decirle que ya no sería parte de sus afortunados discípulos. Una tarde le escribí para saber si podía visitarlo y conversar. Pasé por el consultorio y fuimos a tomar un café del otro lado de la calle. Le conté que apliqué a un master en Salud Pública, y me felicitó. Y al final, fue él quien me dijo: ya no quieres ser cirujana, ¿no?. Ya te enamoraste de la Salud Pública. Sentí que me quitaba un peso de encima cuando se lo pude decir. Y me dijo: no importa lo que quieras hacer. Si es Salud Pública, lo que importa es que seas la mejor.

    Después de hablar de su familia y la mía, de su trabajo y el mío, pregunté lo que le preguntaba siempre después de mi internado, ¿cómo va lo del juicio?. Me miró y me dijo, seguimos luchando Niche, seguimos luchando. Le pregunté si tenía miedo y me dijo que no, porque era inocente. Y siguió diciendo: no dejaré que una injusticia me robe mi felicidad, mi trabajo, mi vida.

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    Pero el 12 de enero de 2017, escribió:

    En este momento me acaban de detener por el caso Mazoyer! Perdí mi libertad por tratar de salvar una vida! Debe ser esto lo que llaman justicia en mi país

    Y ese día perdió la libertad aquel que me enseñó a ser mejor médico, y que me lo enseñó con su ejemplo y dedicación. Pero eso no importa en los juzgados, no cuando la justicia deja de ser garantía. Ni las vidas salvadas, ni los testimonios, ni las mismas pruebas que refutan el motivo de sentencia.

    ¡Perdemos todos, pero más él! Porque mientras yo escribo esto que él ya no lee, él… ¿qué será de él?

  • «Invictus»

    «Invictus»

    Era una clase, de esas que disfruto tanto. Hablábamos de la importancia de ser un líder en lugar de ser un directivo, simplemente.

    La profesora se acercó a la computadora y dijo: ahora vamos a ver extractos de una película para identificar aquello de lo que hemos hablado durante las clases.

    Ya cuando todos nos metimos en la película y nos olvidamos que era una clase, empezó de nuevo la clase.

    La película es «Invictus», no la había visto antes, nunca supe de qué iba y por eso no me llamaba la atención. Pero después de aquella clase decidí que era uno de mis pendientes.

    La vi esta madrugada, mientras peleaba nuevamente con mi mal hábito de sueño.

    Más allá de la gran historia en la que se basa la película, hoy quiero escribir sobre aquello que me sacudió profundamente.

    Un poema, tan «simple» como eso.

    El poema que acompañó a Nelson Mandela durante todos aquellos años que estuvo en la cárcel.

    Lo escribió William Ernest Henley y se llama «Invictus».

    Out of the night that covers me,
          Black as the pit from pole to pole,
    I thank whatever gods may be
          For my unconquerable soul.
    In the fell clutch of circumstance
          I have not winced nor cried aloud.
    Under the bludgeonings of chance
          My head is bloody, but unbowed.
    Beyond this place of wrath and tears
          Looms but the Horror of the shade,
    And yet the menace of the years
          Finds and shall find me unafraid.
    It matters not how strait the gate,
          How charged with punishments the scroll,
    I am the master of my fate,
          I am the captain of my soul.
    Y me sentí identificada y por eso lloré, porque uno de vez en cuando se encuentra en las letras, en la música, en algo más que en el simple espejo.
    ¡Cuánto cuesta a veces ir por la vida con el alma libre, inconquistable!
    Aquí la escena donde encontré el poema, ese que llegó a mi vida para quedarse.

    La canción que lleva parte de este poema es «9000 years», del soundtrack de la película. Suena a victoria a esperanza y a nostalgia.

    Y pensar que esto era «apenas» una clase.

  • Los imposibles del 2015

    Recibí este 2015 en casa, en mi ciudad, con la familia.

    Cada inicio de año ha significado para mi una nueva oportunidad. Imaginé que este año sería algo así como caminar por un camino trazado. Algo que cómodamente pudiera recorrer, sin más esfuerzo que caminar.

    Pero terminé descubriendo un camino, que fui abriendo poco a poco.

    Este año me aprendí. No sé si eso se lee o suena entendible.

    Me aprendí vulnerable e impotente. Me conocí débil y confundida. Descubrí lo que era sentirse vencida.

    Tal vez si hubiera un límite para soñar, no dolería encontrarse con la difícil realidad.

    Encontré mi sueño más grande desnudo frente a un mundo que se disfraza de bondad y de «ganas de ser mejor».

    Nadie me lo dijo, nadie me dijo que era tan difícil. Me dijeron que necesitaba estudiar, leer, admirar la cultura, conocer gente interesante, trabajar. Esos eran los requisitos para alcanzar el éxito.

    Bastante parecido a lo que le dijeron a aquel pequeño que dibujaba boas que se comían elefantes:

    «Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor […]

    Tuve, pues, que elegir otro oficio y aprendí a pilotar aviones. He volado un poco por todo el mundo y la geografía, en efecto, me ha servido de mucho; al primer vistazo podía distinguir perfectamente la China de Arizona. Esto es muy útil, sobre todo si se pierde uno durante la noche.»

    Pero yo quería construir, y para construir algo tan grande como mi sueño, necesitaba muchas manos. Encontré algunas que juntas lograron algo, algo que otras poco a poco fueron desgastando.

    Y un día descubrí que mis manos no construían más. Y renuncié a mi trabajo. Con el temor también de haber renunciado a mis sueños.

    Volví a casa, perdida un poco, vencida más.

    Y una llamada telefónica me trajo de regreso, a un nuevo reto.

    Dudé un poco, luego dudé menos. Después de todo los sueños son como el amor, irrenunciables.

    Y con el inicio del nuevo reto, me descubrí de nuevo.

    Más fuerte ante la adversidad. Más firme ante ese mundo con disfraz. Quizá un poco más valiente.

    Me he aprendido como líder de un grupo maravilloso y diverso de personas que terminan todos los días enseñándome algo nuevo. He descubierto su carácter, su firmeza al tomar decisiones. Su potencial de construir algo mejor.

    Me he descubierto firme en mis conocimientos y criterios. Y en mis principios, lo que termina doliendo algunas veces, especialmente cuando toca nadar contra la corriente.

    He hecho una presentación ante una Ministra de Salud a la que admiro muchísimo (Carina Vance), y salió bien, porque creí. Creí en lo que decía, en lo que sentía y en el trabajo hecho.

    Y aunque a veces me duele y lloro. Aunque otras pierdo la esperanza y la valentía de luchar por aquello que resulta imposible. Y otras tantas veces me miro al espejo y me digo «es imposible». Otras recuerdo el camino recorrido hasta aquí. Y entonces vuelvo a creer que es posible.

    Así que este año que viene, será también de lo imposible, «porque de lo posible se sabe demasiado».

    Esta noche también la paso en casa y con la familia. Esta familia nueva que me ha regalado este año. La Suca que es la hermana de otra madre de mi hermano, mi hermano y yo. Y la tarde la pasé con la otra nueva familia, la familia laboral.

     

  • Detener el tiempo en medio de un abrazo

    Detener el tiempo en medio de un abrazo

    Se detuvo al verme, me sonrió y me dijo: ¿cómo va esa medicina?.

    No olvidaré nunca ese momento. No sé cuántos rectores de una universidad se detienen ante un alumno y le preguntan algo relacionado a su carrera profesional. ¿Quién se acordaría siquiera lo que cada persona estudia?.

    Pero él nunca fue un ser humano común y corriente.

    Aquel día tal vez fue el inicio de una amistad que extrañamente fue creciendo en la distancia. Él y yo nunca antes nos volvimos a encontrar ni a cruzar palabras. Solamente las bondades de la tecnología me acercaron a él. Desde ahí nos hemos dedicado a abonar esa amistad.

    Yo digo que fueron los sueños los que unieron nuestros caminos. Él soñó la escuela de medicina en la que yo hice realidad mi sueño de ser médico. Ese fue el inicio. Después presentó mi libro desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Y seguimos, seguimos haciendo ese camino.

    Llevaba años acumulando los abrazos que tenían su nombre. Imaginaba aquel nuevo encuentro, ya no en la universidad sino en cualquier lugar del mundo. Y solamente hasta hace unos pocos días pude sentir lo que es ser dueña del tiempo. Hasta hace poco sentí el poder de detener el tiempo en medio de un abrazo.

    Lo abracé por todo lo que gracias a él he aprendido. Lo abracé porque había esperado ese abrazo tantas veces. Y lo abracé porque necesitaba un poco de esa locura por los sueños para seguir adelante.

    Qué indescriptible ha sido volver a verte Luis Miguel y ver que la vida ha seguido su curso y nos ha dejado cada cosa como enseñanza. Que maravilloso poder brindar por todo lo construido y por lo que queda aún por hacer.

    Qué bueno ha sido hacer realidad aquello que alguna vez me escribiste por correo cuando imaginábamos el encuentro

    «También yo digo lo que tú dices, cuánto me hubiera gustado trabajar contigo, hacer proyectos juntos… En fin, tendremos que hacerlo a la distancia, hasta que algún día te encuentre por algún campus y me detenga a hablar contigo por el camino, y ya habrá entonces cien sueños en marcha, y a lo mejor no te imaginarás lo que eso significará para mí, porque será expresión de la profecía que un día me dijo nuestro Padre Fundador: «tu sigue educando a esos jóvenes, que un día serán profesores, serán profesionales, y la cosa sigue… «, y lo dijo así «y la cosa sigue…», intencionalmente sin acabar la frase, místicamente abierta».

     Y es verdad Luis Miguel. «La cosa sigue…»

  • #ruraleando en el TEDxQuito 2015

    #ruraleando en el TEDxQuito 2015

    La primera vez que escuché una charla TED, era el Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford, y se convirtió en uno de los discursos más inspiradores en mi vida.

    Poco a poco fui descubriendo nuevas charlas y me emocionaba ese concepto de Ideas worth spreading.

    Hace varios meses, le comentaba a mamá sobre las charlas TED y sus eventos independientes TEDx. Y mientras se lo contaba, emocionada, le dije: un día daré una charla TED.

    Seguí mi vida normal, sin imaginar que aquello que le había asegurado a mamá, estaba más cerca de lo que jamás imaginé.

    Iván es el ejemplo perfecto de aquel desconocido que se vuelve conocido porque coincidimos en alguna red social. No pasó mucho tiempo para que de conocido pase a asumir la responsabilidad de convertirse en mi amigo. Esa amistad permitió que compartiéramos muchas historias, entre ellas, aquellas que quedaron grabadas en #ruraleando.

    Para enero de este año escribió esto:

    Le respondí con ilusión y alegría:

    Los meses pasaron sin siquiera regalarnos una pequeña pista de que aquel twit de Iván, se haría realidad.

    Se enteró que TEDxQuito permitía para el evento del 2015, postular a un speaker. Y primero me lo comunicó. Yo leí cada uno de sus mensajes en facebook y twitter, pero no le respondí. Mi miedo al rechazo no me permitía pensar que #ruraleando podría ser escogido para una charla TEDx.

    Ivan TEDxQuito

    Pero Iván no descansó, así que decidió postularme. Me escribió para decirme «ya estás postulada, beibi».

    El 14 de abril de 2015, recibí un correo que decía:

    Estimada Denisse,

    Tu nombre ha sido propuesto como posible speaker de TEDxQuito 2015 y has sido pre-seleccionada entre los postulantes para dar una charla en TEDxQuito.

    Hemos tenido un gran número de ideas y proyectos innovadores para ser considerados y serán seleccionados 2 para dar una charla en nuestro evento principal. Por esta razón te convocamos a una reunión de 30 minutos para que nos cuentes más a detalle tu idea…»

    Iván fue una de las primeras personas en enterarse que #ruraleando sería parte del #TEDxQuito 2015.

    Entre curadurías y reuniones, descubrí lo emocionante de prepararme para un evento tan importante.

    Contar una historia, mi historia. Hablar de los inicios de aquel sueño de ser médico y llegar a #ruraleando como uno de los frutos de la perseverancia por hacer aquel sueño realidad.

    #TEDxQuito 2015 me regaló la alegría de conocer gente maravillosa. Verónica y Renato que son los organizadores, se encargaron que nos sintiéramos siempre cómodos, que nos hiciéramos amigos, que compartiéramos nuestras historias. Que seamos como una familia.

    Conocer la historia de todos me llenó de alegría. Cada uno es un mundo diferente. Todos con sus sueños como motor para seguir adelante.

    Carlos Grijalva y Alex Alvear me conmovieron. Ese amor por la música ecuatoriana y la lucha por mantenerla viva. Si antes ya la música ecuatoriana me gustaba, después de ellos, me he enamorado de ese amor que ellos dos supieron transmitirme a través de su arte.

    ¡Manari es maravilloso!. Su paz, su calma al hablar. Sus raíces arraigadas a pesar de que el tiempo ha pasado como huracán, intentando arrancarlas. Ahí está él, hablando de los sueños, de la naturaleza, de su comunidad.

    Javier Cevallos, lo conocí la tarde previa al evento. Y mientras contaba su historia a manera de repaso, me sacudió el alma. Javier es transparente, libre, liviano.

    Santiago Peralta y Carla, fundadores de Pacari, siempre están riendo. Imagino que es por las endorfinas del chocolate. La historia de Pacari me devolvió la esperanza por construir un mundo mejor, para todos.

    Javier Chicaiza y Santiago Mosquera de Teebot, intentando inspirar a los niños con la robótica y construyendo.

    Samantha Arévalo es olímpicamente dulce. Es tan joven y sin embargo ha trazado un gran camino y mira hacia el futuro con la misma ilusión y esperanza que todos. Su sencillez y alegría son evidentes a metros de distancia.

    Oscar Vela y Eduardo Villacís, llenos de imaginación convertida en arte.

    Monserrath Astudillo regalando risas con su embarazo a término.

    Gracias a Iván por empujarme a este momento tan hermoso de mi vida. No solamente porque #ruraleando es parte de una charla TEDx sino porque la experiencia ha sido gratificante.

    Presentar la Segunda Edición de #ruraleando libro en sus formatos ePub y mobi, en el TEDxQuito, fue un regalo adicional. Fue inolvidable.

    Hace poco una persona a la que quiero y admiro mucho me preguntó: ¿Qué te dejó el TEDxQuito?. Al responderle, sentí una mezcla de ideas y sentimientos. Me limité a decirle que lo que me dejó fue el compromiso. Compromiso de que esto sea el inicio, de seguir escalando, construyendo, soñando. Sé que aún hay mucho por hacer y esa es ahora mi inspiración, la de seguir haciendo camino.

    Aquí el video de #ruraleando en el TEDxQuito 2015:

  • ¡No voy a renunciar!

    «Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
    guardé silencio,
    porque yo no era comunista.
    Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
    guardé silencio,
    porque yo no era socialdemócrata.
    Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
    no protesté,
    porque yo no era sindicalista.
    Cuando vinieron a por los judíos,
    no pronuncié palabra,
    porque yo no era judío.
    Cuando finalmente vinieron a por mí,
    no había nadie más que pudiera protestar.»

    Martin Niemöller

    Tal vez es el silencio el problema, no porque lo causan otros sino porque cada uno se amordaza algunas veces. Tal vez porque ese silencio llega a ser un plazo, un plazo que le damos a la vida para que nos demuestre que todo puede ser diferente.

    Así las ilusiones se vuelven silencio y así el silencio poco a poco mata la esperanza de días mejores.

    Hace algunos meses atrás me he callado, por voluntad propia, nadie me lo ha pedido. He escuchado claro y fuerte, pero me he callado, imaginando que tal vez todo pueda cambiar, ser diferente.

    La primera vez que escuché «el que no está de acuerdo con este proceso de revolución, que renuncie», estaba en una reunión. Me retorció el alma, me reí y me callé.

    La segunda vez fue más dolorosa y triste. La rutina diaria hace que mientras trabajas, sientas afinidad por ciertas personas, con las que compartes muchas cosas. Bien dicen que de política no se debe hablar, por la polémica que genera. Pero ahí estaba esa frase nuevamente, llevaba mi nombre al inicio y con un tono más elevado que el de costumbre «Denisse, tú eres servidora pública y trabajas para este gobierno. Si no te gusta, ¿por qué no renuncias?».

    Nunca antes sentí que me escupieran con palabras. Varias veces he sentido indignación en mi trabajo (por varias razones), pero aquella tarde me marcó para siempre.

    Recuerdo haberle respondido lo siguiente:

    1.  ¿Eso quiere decir que cuando venga otro gobierno que no sea de tu ideología, tú pondrás tu renuncia?
    2. Yo no trabajo para el gobierno, trabajo para el Estado. Porque la gente que aún se nos muere en hospitales y centros de salud, seguirá necesitándonos independientemente de quién esté en el gobierno.
    3. Gente como tú ha convertido el Sector Público en una vergüenza.

    Para aquel momento yo ya había cumplido mi primer año como Servidora Pública (Analista de Provisión y Calidad de los Servicios de Salud). Llevaba encima mi año como médico rural y uno adicional, los dos años con el sueño de construir diariamente un mejor sistema de salud.

    Yo ni siquiera pensaba en la Salud Pública como una opción en mi vida. Pero me puse la camiseta de la institución y empecé. Jamás pensé en el gobierno para tomar mi decisión. Pensé en el Sistema de Salud, pensaba en el reto de construir y en los recuerdos de aquel año rural que podrían inspirarme a no desistir.

    La tercera invitación a la renuncia de los servidores públicos en contra del gobierno, la he leído. Con esto de que el internet es un derecho humano y las redes sociales replicando cada cosa. La leo en cuentas de desconocidos, de conocidos y de amigos.

    Recuerdo aquel momento en el que invitaban a «alinearse» y a tener «lealtad institucional». Me pregunté si lo había hecho, entonces busqué hasta encontrar que nunca estuve tan alineada ni fui tan leal:

    Valores

    • Respeto.- Entendemos que todas las personas son iguales y merecen el mejor servicio, por lo que nos comprometemos a respetar su dignidad y a atender sus necesidades teniendo en cuenta, en todo momento, sus derechos
    • Inclusión.- Reconocemos que los grupos sociales son distintos y valoramos sus diferencias
    • Vocación de servicio.- Nuestra labor diaria lo hacemos con pasión
    • Compromiso.- Nos comprometemos a que nuestras capacidades cumplan con todo aquello que se nos ha confiado
    • Integridad.- Tenemos la capacidad para decidir responsablemente sobre nuestro comportamiento”
    • Justicia.- Creemos que todas las personas tienen las mismas oportunidades y trabajamos para ello
    • Lealtad.- Confianza y defensa de los valores, principios y objetivos de la entidad, garantizando los derechos individuales y colectivos.

    Ministerio de Salud Pública del Ecuador

    ¡No «compas», no voy a marchas!. Ni a las del oficialismo ni a las de la oposición. He sido muy clara con respecto a mi posición política, ¡soy apartidista!.

    No me mueven ni el sueldo, ni los viáticos ni el poder.

    Me mueve la necesidad de construir algo mejor. Me mueve la ilusión de un sistema de salud ordenado y con visión a largo plazo. Me mueven los profesionales rurales que encuentro en los centros de salud más chiquitos de mi zona. Me mueven Israel y Germán que en Isla Floreana de Galápagos, han creado un proyecto (Medicina es amor) y regalan abrazos junto a los niños en el puerto (y tantas cosas más). Me mueve Conrad que le pide a su papá los carros para abarcar todo el territorio cuando estamos en campaña de vacunación. María José y Oscar que son esposos y se pasean con los termos de vacunas por carreteras llenas de polvo, y sonríen. Odontólogos que donan sillones a sus centros de salud. Diego que me envía su tema de tesis, intentando proponer algo nuevo para el sistema. Erika que se conoce toda La Clementina. Cristina y Jonathan que luchan por hacer las cosas de manera correcta. José que conoce a su población y la recita mientras estamos en supervisión.

    ¡Por ellos no renuncio!. Porque ellos me inspiran a seguir. No renuncio porque detrás de ellos vienen otros, llenos de ilusiones y de ideas que intentan mejorar, no solamente el sistema de salud sino la calidad de vida de la gente común y corriente.

    ¡No voy a renunciar!. Porque los sueños solamente crecen pero los gobiernos cambian todo el tiempo.

  • Lo que nadie sabe sobre La Clementina

    Lo que nadie sabe sobre La Clementina

    Clementina: Del latín clemente, que es compasiva.

    De La Clementina sabía lo siguiente:

    Para noviembre del 2014 la noticia era «1.960 agricultores compran hacienda La Clementina».

    Yo jamás pensé que esa noticia tarde o temprano sería parte de mi vida.

    Hace meses conocí La Clementina. Parte de mi trabajo era coordinar con las personas del distrito de salud actividades que permitan brindar atención integral de salud a las personas que viven dentro de esa hacienda. En la hacienda donde la «clemencia» no era una palabra conocida.

    Desde junio del presente año junto con otros ministerios se viene trabajando en la hacienda La Clementina.

    Recorridos, brigadas médicas y odontológicas, visitas domiciliarias son parte de todas las actividades que se han realizado dentro de la hacienda intentando cubrir aquella población vulnerable que antes no tenía acceso a los beneficios que oferta el Ministerio de Salud Pública. No los tenían porque la hacienda era privada.

    Luego del embargo por el SRI  y la compra realizada por COOPROCLEM la hacienda ha vuelto a ser privada.

    El gobierno se ha comprometido a ayudar a las personas a levantar el proyecto de La Clementina. Levantar no solamente la parte productiva sino el componente social.

    Meses completos de trabajo interministerial, de recorrer la hacienda verificando riesgos, asumiendo compromisos. Gente que incluso ha trabajado sábados y domingos para cumplir metas que a su vez involucran el bienestar de las personas que viven ahí.

    Como Ministerio de Salud durante los meses de abril a septiembre hemos realizado lo siguiente:

    • Número de atenciones: 1857
    • Número de fichas familiares: 435
    • Captación de personas con discapacidad, mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas
    • Capacitación sobre riesgos medioambientales
    • Charlas sobre uso de agua segura (entrega de cloro)
    • Charlas sobre derechos sexuales y reproductivos basados en la Estrategia Nacional Intersectorial de Planificación Familiar y Prevención del Embarazo en Adolescentes (ENIPLA)

    Además se encuentra en proceso la legalización del predio en el que se construirá un nuevo Centro de Salud tipo B el mismo que acogerá la población perteneciente a la hacienda que no tenga dependencia laboral con COOPROCLEM.

    Si sumamos este trabajo al realizado por los otros Ministerios podríamos darnos cuenta de que todos hemos puesto un grano de arena para que la situación mejore.

    Pero todo eso se desploma como se desploma la torre de Jenga cuando sacas una pieza. Entonces pierdes el juego.

    Y la ficha que desplomó la torre fue esta:

    https://twitter.com/paultutiven/status/539100094097022976

    Entonces todo se derrumba en menos de un minuto. Todo el trabajo realizado, todo el esfuerzo durante meses desaparece en un parpadeo.

    Eso siento yo como responsable de un trabajo tan grande y fuerte. Donde más allá de la carga laboral está la ilusión de mejorar la calidad de vida de personas que antes no sentían que tenían mayor derecho que el de vivir dentro de una hacienda.

    El problema es que mientras mis ojos miran a La Clementina como un diamante en bruto. En los ojos de otros tantos La Clementina es nada más que una sucursal de avionetas que intentan trasladar droga.

  • Entre sueños y principios

    Cuando empecé a estudiar medicina habían dos universidades en mi ciudad que ofertaban esa carrera.

    Los primeros años los hice en la universidad pública. Aún recuerdo a aquella profesora que me decía cosas como «¿qué hace una ex estudiante de un colegio privado en una universidad pública?», «¿por qué no se va a la privada si a la final tiene plata para pagarla?». Es mi derecho decía por dentro, sin embargo me callaba varias veces, qué difícil es lidiar con los resentimientos de otros.

    Dos años después me cambié de universidad y pasé a una privada. Aprendí las mismas materias que aprendieron en la otra universidad. Seguí frecuentando a mis amigos que ya no eran mis compañeros. Seguí soñando con ser médico.

    Los años pasaron y llegó el momento de hacer las prácticas de externado (hospitalarias). No podíamos entrar en el hospital público porque «lo público para lo público y lo privado para lo privado».

    El año de internado siempre se convierte en la prueba de fuego de todo aquel que aspira a ser médico. La «sorpresa» de ese año es que nos mezclamos todos. No importa de dónde vienes o en qué universidad estuviste. Lo único que en ese año importó fue salvar vidas, trabajar fuerte y dar lo mejor. Todos sabíamos y desconocíamos algo y entre todos aprendimos a compartir conocimientos y nos hicimos mejores internos y nos hicimos grandes amigos.

    Internado

    Y cuando crees que todo eso de ser diferente ha terminado, la vida te demuestra todo lo contrario.

    Hace varios meses me dedico a:

    la actividad desarrollada por una institución pública o privada con el fin de satisfacer una necesidad social determinada. Los servicios públicos son el conjunto de actividades y prestaciones permitidas, reservadas o exigidas a las administraciones públicas por la legislación en cada Estado, y que tienen como finalidad responder a diferentes imperativos del funcionamiento social, y, en última instancia, favorecer la realización efectiva de la igualdad y del bienestar social. Suelen tener un carácter gratuito, ya que los costes corren a cargo del Estado. Tienen una presencia especialmente significativa en los países que siguen modelos político-económicos orientados hacia el bienestar social, v.g., estado social, estado del bienestar, etc.

    Es la definición de Servicio público que se encuentra en Wikipedia.

    Qué hermoso es trabajar para la gente, sí, para la gente. Para aquellos que aún tienen una «necesidad social determinada». Que gratificante es verlos sonreír cuando reciben algo que no recibieron nunca antes.

    Si esa es una de las tantas razones por las que trabajamos entonces por qué debería importar la ideología política. Si el fin es el mismo por qué detenernos para defender lo que creemos. Qué importa el color de camiseta que nos gusta o que defendemos, después de todo dudo que la gente que necesita nuestra ayuda se niegue a recibirla por causa de nuestra camiseta. No recuerdo a ninguna madre llegando a un hospital por emergencia y negarse a recibir la ayuda de un médico formado en tal o cual universidad.

    Si trabajamos para servir, entonces ¿por qué nuestra función tiene que cambiar cuando un gobierno cambia?. Esa frase de «trabajas para el gobierno» me parece tan desubicada porque los gobiernos van y vienen pero las necesidades siguen. Mi obligación no es con el gobierno sino con aquellos que confían en que mi trabajo y el de muchos otros pueden mejorar su calidad de vida. Mi deber no termina cuando un gobierno termina su gestión. Mi deber permanece independientemente de quien venga después.

    Hay tanto por construir y para eso se necesita gente comprometida con la causa, gente cuyas capacidades los ubiquen en las plazas de trabajo sin importar en lo que creen o lo que profesan. Por ende no deberían sentir miedo de pensar diferente y mantenerse firmes en sus principios de hacer o no hacer ciertas cosas.

    Ese es mi sueño de sistema. Martin Luther King también soñó algo similar

    I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character.

     La camiseta que me puse hace varios meses es la de una institución cuyos objetivos trazados son similares a las razones que tuve para ser médico y dejar la cirugía por la salud pública.

    Esa es mi única camiseta. Y he tenido que defenderla y he tenido que llorar de indignación cuando le han querido poner un color que no deseo. Y me han llamado inmadura por mantenerme firme en mis principios. Y se han burlado de mis lágrimas.

    Pero sigo adelante y firme por esa gente que necesita y que se calla, por los que vienen detrás y se merecen un mejor sistema, un mejor país. Sigo por aquellos a los que el miedo les quitó la voz.

    Mi mayor miedo no es irme, mi mayor miedo es mirarme un día al espejo y no reconocerme

    Y a pesar de todo, sigo amando lo que hago y sigo trabajando y construyendo. Sigo sonriendo todos los días imaginando todo lo bueno que está por venir, todo lo que podemos hacer, todo lo que podemos lograr como equipo, como compañeros.

  • Un reto más en mi vida

    Hoy empiezo un reto nuevo. Y no tiene que ver con un cargo.

    Hoy el reto es ser firme en lo que creo y en lo que pienso. Mantener la autoridad moral y los principios ante todo.

    Trabajar para y por la gente que nos sigue necesitando y que a pesar de los años y de los diferentes gobiernos aún no logran aquello que siempre han merecido.

    No me ha movido jamás el partidismo y este momento de mi vida no es la excepción.

    Creo firmemente que es posible construir un país donde lo que nos mueva no sea un color de camiseta sino la urgencia por ser mejores y por mejorar todo aquello que sigue mal.

    Trabajo para esos niños que vienen detrás y que se merecen un mejor sistema de salud. Donde la integridad a los principios no se vea vulnerada, donde creer y pensar diferente no sea amenaza para nadie.

    Trabajo y mantengo quién soy y lo que pienso por aquellos médicos que vienen detrás de mi con sueños cargados en sus manos, con ojos que brillan por la esperanza de cambiar el mundo.

    Trabajo y mantengo mis principios porque sé que es posible un sistema diferente donde los compromisos no sean con las autoridades de turno sino con las personas que nos necesitan.

    Desde hoy el reto es no caer ni ceder. Desde hoy el reto es seguir siendo quien soy a pesar de lo que pase alrededor.