Categoría: medicina

  • Día 268 (26-10-2013) la Dra. Karlyta intentando ayudar al interno

    La mala noche de ayer ha hecho que hoy esté enferma, estoy como la mayoría de mis pacientes de Patatús… mocosa y con tos. Y sin muchas ganas de hacer nada, así que he decidido quedarme en Latacunga sin hacer nada excepto dormir, comer, dormir y seguir durmiendo.

    He hecho una sola dosis de comida y me he pasado debajo de las cobijas porque el brazo hoy ha sentido dolor contínuo.

    La Dra. Karlyta me ha regalado mucha alegría hoy, creo que todo empieza por su forma de ver la medicina, de amarla, de identificarse con su profesión. Hoy ha ido a intentar mostrarle a un interno que un paciente es más que un paciente, que es un ser humano y que merece cuidado… y claro! la Dra. está enojada porque siente que le habló a una pared y que nada va a cambiar… pero no se da cuenta que el hecho de ir a buscar a un interno y dedicarle parte de su tiempo para decirle algo que no es «lleva esto, trae lo otro… llena este papel», sino que intentó mejorarlo como futuro médico, eso la hace mejor doctora que muchas!!! Y POR ESO LA QUIERO!!!

  • Día 267 (25-10-2013) «es paisana?»

    El día ha sido una locura, por las tareas enviadas de un día para otro. Que si las matrices, que si las morbilidades, que si las tablas y gráficos en pastel.

    Ahí estaba yo haciendo la parte de las estadísticas mientras Gabby, Mayra y personal del Área de salud hacían el «acta de entrega y recepción de insumos»… que si faltan pinzas, fuentes, sillas… que pereza! de verdad. Me alegra no haber tenido que pasar por eso, porque usualmente eso se realiza con cada cambio de director de la unidad operativa, pero como yo no soy jefa, me salvo.

    Papá tenía cita con el médico en Quito, se suponía que yo lo iba a acompañar, pero no pude hacerlo, porque había que enviar cosas a los jefes. Me daba nostalgia no poder estar con papá, sin embargo a veces la vida es así, no siempre tienes lo que quieres.

    La noche sería de lo más divertida, salimos a una fiesta en la plaza, con Don Enrique, Mónica y una amiga de ellos… artistas, baile, unas canelas (canelazos) y unos tabacos… me sentía contenta, no siempre salgo en Latacunga, mucho menos a una fiesta, pero esta noche me sentía acompañada, tenía que aprovechar eso. Lo mejor fue cuando entre la multitud grite un «viva Loxa» y de repente el hombre que estaba a mi lado, me regresa a ver admirado y me dice «es paisana?»… que hermoso es encontrar a un lojano!!! conversamos de la ciudad, del tiempo que llevamos lejos, brindamos con unos tragos… y la fiesta seguía.

    Son días llenos de sube y baja de emociones…

  • Día 266 (24-10-2013) «Somos profesionales, no criminales»

    Creo que nunca soñé tanto con algo, como con ser médico. Cada nuevo paso, cada nuevo tropezón para llegar a la meta, tantas lágrimas, malas noches, enojos, malos entendidos, tantos amigos que se cansaron de esperar a que acepte salir de farra… tantos momentos de mi vida que se vieron desplazados por horas y horas de estudio, de turnos, de hermosos momentos, de historias tristes… de eso que uno va viviendo mientras se convierte en médico.

    Esta tarde los médicos, enfermeras, obstetrices, auxiliares de enfermería y futuros médicos de este país (internos rotativos), nos unimos, SÍ! aunque parezca increíble! porque hay mucho egoísmo y celo en esta profesión, porque desde que nos empezamos a formar, pasar los ciclos es una competencia… es difícil mantener el norte cuando te das cuenta que las notas importan más que el amor por la profesión… pero bueno, como dijo @LuchoVallejo las grandes crisis unen a la gente y esto es lo que ha ocasionado la nueva ley de mala práctica médica, es tan preocupante que ha logrado unir a aquellos que a lo mejor hace años no se han tomado un café luego de pasar visita, a aquellos que se miran y se ofrecen el saludo por educación y mas no por cariño o admiración, a aquellos que antes de lucir un mandil diariamente probablemente se amanecían cada uno en sus casas, entre huesos y libros de anatomía, con tazas de café y a lo mejor algunos cigarrillos… Pero hoy todos gritábamos juntos, por un cambio, por algo de justicia en una ley que intentando ser justa, podría no serlo para aquellos que intentamos salvar vidas, cuando muchos se han dado por vencidos.

    Mayra, Diana y yo cargamos un cartel, poco a poco vamos entablando una mejor relación… eso incluye que hoy estuvimos juntas gritando y riendo!

    marcha de médicos Latacunga

    No sé cuánto tiempo más los médicos tengamos que salir a gritar que «somos profesionales, no criminales», sin embargo si este es el origen de un grupo de personas cuyo fin es servir, ayudar y mejorar la calidad en salud de muchas personas que los necesitan, pues valdría la pena siempre!

    médicos en Latacunga

    Hay una de las tantas frases del Che Guevara que me gustan y que he sentido que aplica al día que he vivido

    No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si Ud. es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante

  • Día 263 (21-10-2013) pecar de ingenuas

    Los médicos trabajamos en equipo, esa es la realidad… No somos los mejores como equipo entre médicos, porque es una profesión que genera mucha envidia, egoísmo… Eso de hablar mal de los colegas para llevarte los pacientes, de hacerlos quedar mal frente a otros… esas cosas cochinas que se ven en la medicina. Sin embargo el equipo de un médico, es la enfermera o el enfermero y el equipo auxiliar de enfermería, hasta el pinche interno es parte del médico (así el médico nunca lo diga), ya si en ese equipo el médico quiere agregar y tomar en cuenta a sus colegas, llega a ser casi como un «dream team».

    ¿Qué pasa cuando en ese equipo algo falla?, pues pasa lo que nos pasa ahora en Patatús, que las cuatro doctoras y una de las enfermeras corren el riesgo de sanción, la ventaja es que podemos escoger, por lo menos las doctoras rurales… escoger entre la suspensión del año de medicatura rural o pagar el 10 % del sueldo… No es muy difícil adivinar cuál vamos a escoger!

    ¿La razón de la sanción? Pecar de ingenuas!

    Hace meses, en junio, recibimos la notificación de parte del Área de Salud sobre un caso positivo de tuberculosis, un paciente adulto mayor, hospitalizado por varias enfermedades y además con tuberculosis, al mismo que en esas mismas malas condiciones enviaron a casa. Verbalmente se nos dijo «el paciente ha tomado dos dosis del esquema», así que para continuar con el mismo y como obliga uno de los componentes del programa DOTS (Directly Observed Therapy – Short Course), la medicación se entrega personalmente al paciente, por cinco días (lunes-viernes), hasta terminar el tratamiento completo. Continuando con el caso, el señor falleció a los pocos días de estar en casa, por lo que la medicación contra tuberculosis sobraba, días después confirmamos otro caso de tuberculosis, así que se nos sugirió usar la medicación que ya existía y prescribir en una receta el resto de dosis que faltaban para completar el tratamiento de nuestro nuevo paciente.

    Todo hasta ahí va perfecto, ¿dónde empieza el lío? en que al momento de que la persona del Área de Salud entrega la medicación, no sabemos si la entregó completa y no lo sabemos porque nuestra enfermera confió en que las dosis estaban completas, por ende no contó la medicación recibida ni mucho menos la registró en algún documento. Los días han pasado, las cuatro doctoras hemos ido diariamente a entregar la medicación al paciente, hasta que la semana pasada una de ellas se percató que faltaban pastillas para completar el tratamiento, ella (como cualquiera de nosotras hubiese hecho) fue al Área a pedir el resto de pastillas, sorprendentemente le hicieron problema, nos habían tildado de irresponsables, de que no hacemos las cosas bien, hasta poniendo en duda nuestro desempeño como médicos rurales. A la final le entregaron las pastillas faltantes… pero ese solamente sería el inicio del problema.

    Hoy, la noticia por parte de nuestra jefa de la unidad operativa fue «nos van a sancionar, ellos hace un mes atrás sabían que faltaban pastillas para el paciente y estaban esperando que pasemos por la situación de ir a pedirlas para caernos»… y eso están haciendo… nos han caído! De parte del Área dicen que habían pastillas en la casa del paciente, lo que es prohibido porque no pueden quedarse pastillas ni entregarlas antes, nuestro deber es vigilar que los pacientes toman la medicación, no hay pruebas de la existencia de esas pastillas en la casa del paciente… pero es la palabra de los duros contra la de las médicos rurales.

    A la final, la sanción nos caerá! eso es evidente, nos dirán todo aquello que ya han venido diciendo, nos harán pedazos en la reunión de Área frente a todos (clásico), nos dirán que todos somos responsables de todo… y nuestro paciente al que seguimos entregándole las pastillas, seguirá tan bien como ha ido, porque ya tiene baciloscopía negativa, por ende continuaremos la segunda fase del tratamiento con la plena seguridad que las cosas seguirán mejorando… pero…

    … pero igual somos ingenuas… y pagamos la ingenuidad. Todos los días se aprende algo, no siempre de la mejor forma… pero se aprende y ese aprendizaje se comparte y evita que otros caigan en lo que tu caíste.

    Mañana será otro día…

  • Día 260 (18-10-2013) los pasillos haciendo vibrar el alma

    Hoy fue mi último día de atención, durante esta semana, la siguiente es semana comunitaria. La cantidad de pacientes fue menos, sin embargo la parte más chistosa de la consulta fue cuando llegó una señora, con su bebé de dos meses, le pregunto ¿qué tiene?, me mira y me dice «fiebre», mientras escribo en la historia clínica, noto que el pequeño paciente tiene congestión nasal… la miro y le digo ¿acaso no ha tenido moquitos el pequeño?, me dice «sí», le digo ¿y tos?, me dice «sí»… me río y le digo que por qué solamente me dice que tiene fiebre, entonces me mira un poco tímida, se ríe y me dice «es que hay unas doctoras que son bravas y saben hablarnos», me reí tanto! y le dije «como yo soy bien brava, pregúnteles afuera a cuántas no les he halado las orejas cuando vienen con los enanos enfermos». Fue suficiente para que nos salgan risas por unos minutos.

    De regreso a casa mientras caminaba recordé que Pauly me comentó sobre un concierto de música ecuatoriana en la Casa de la Cultura de Cotopaxi, así que me desvié del camino a casa, para ir al sitio que en Latacunga casi nunca pasa abierto y que hoy, tenía la oportunidad de conocer y vivir algo de música y arte en esta ciudad que no es mía pero en la que llevo viviendo nueve meses. Se acercan las fiestas de Latacunga y por eso se han programado varios eventos, el de hoy es uno de esos.

    El pasillo tiene esa nostalgia, ese amor, ese pequeño dolor… en sus letras en su música… pero sobre todo tiene esa identidad de ser muy ecuatoriano, de ser nuestro, de ser mío porque me lo han transmitido. Pero en estos días en los que la nostalgia se ha pasado de compañera, escuchar pasillos sería como intentar suturar le herida en alguien a quien la anestesia no le funciona, entonces duele el pinchazo, duele cuando el hilo de sutura pasa… pero… tengo eso de masoquista…

    Entré al teatro, no es tan amplio, bastante descuidado, pero estaba lleno y eso me regala esperanza en Latacunga, porque a lo mejor y lo que hace falta son más eventos culturales, para que la gente acuda y los disfrute. Me senté, sola, era la forever alone del concierto, pero sabía que iba a disfrutar, lo que no sabía es que terminaría botando unas cuantas lágrimas.

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    El concierto empezó con aquel pasillo que se llama Pañuelo Blanco, que me trae tantos recuerdos, entre esos a mi padre, que lo canta con TANTO sentimiento… «por qué no me dijiste que no me querías para no adorarte, por qué no me dijiste cuando me fingías para así olvidarte…», ya para ese momento yo estaba vulnerable.

    Pero luego… mientras sonaba el pasillo «regresa» suena mi teléfono… ahí si ya me hice pedazos.

    La mujer que cerró el concierto, me dejó sorprendida por varias razones, su imagen elegante, su pulsera tejida con mullos, de esas que hacen nuestros indígenas… sus collares de colores que resaltaban sobre su ropa negra, su presencia en el escenario, su voz maravillosa… y su sentimiento para cantar. No bastando eso sabía la historia de varios pasillos, sus autores… evidentemente a esta mujer  el amor por la música nacional y por ser ecuatoriana le recorre las venas y se le sale por los poros, a un punto que invitó a los jóvenes a identificarnos con lo nuestro, a no dejar morir aquello que nos caracteriza y representa, «un país sin identidad, no es país» dijo y siguió haciéndonos vibrar el alma. Dentro de su repertorio cantó el pasillo «Idolatría», cuyo autor es lojano, supo decir Normita… así que ya se imaginarán, el pecho se me abría de orgullo al escuchar el nombre de mi ciudad en un evento así.

    Tuvimos que pedirle que POR FAVOR regrese, porque nos dejó picados… volvió a cantarnos varias canciones, pero cuando empezaron los sanjuanitos recordé al abuelo, mi viejo querido y extrañado… y de repente, empezó a sonar el arpegio de aquella canción que el abuelo me cantaba «… palomita encantadora, tu palomo parte ya, te da pena porque sabes que talvez no volverá… mañana mañana, me voy me voy de aquí, te quedarás llorando palomita cuculí…» entonces empecé a llorar… mientras todos aplaudían y bailaban, yo recordaba al abuelo y yo cantando esa canción… lloraba como «palomita cuculí».

    Ha sido una gran noche! llena de música, que siempre alegra el alma a pesar de que sus letras puedan ser tristes o los recuerdos duelan.

    Busqué sobre la mujer de la que les hablo, Normita Navarro rescata la música y sonidos tradicionales del Ecuador, y tiene cuenta en twitter @normita_navarro. Si les gusta la música ecuatoriana, no pierdan la oportunidad de escucharla!