Autor: niches13

  • Día 95 (06-05-2013) la vida sigue su curso

    Eran las seis treinta de la mañana cuando llegué a Latacunga, el frío penetraba la piel como cuchillos…

    Llegué al hotel, un duchazo, arreglar las cosas para llevar al subcentro y así empezaba un nuevo día.

    La vida no se detiene ante nada, solo sigue, siento que es más o menos como subirte a la banda de la caminadora que sigue su ciclo y tu vas al ritmo que ella va… Si te detienes, te caes… Eso sentía hoy, tenía dos opciones: dejarme vencer por la nostalgia o subirme a la banda y caminar con la nostalgia, pero caminar!.

    Eso hice y tuve un gran día, aunque me sentía cansada y tenía un dolor muy fuerte de cuello y espalda.

    He respondido varios mensajes y mails de algunos amigos con sus palabras de cariño y apoyo, he hablado con cirujano maravilla que como siempre encuentra esa manera de hacerme mirar más allá del mal momento… He sentido abrazos en medio de palabras… He sentido apoyo y cariño.

    Y a la final, después de este día puedo decir que «gano! Por el color del trigo»

  • Día 94 (05-05-2013) de regreso

    La ropa está lavada, y ya ocupa la maleta que a su vez indica que es hora de regresar a ese sitio que será mi hogar por unos meses más.

    No se si estoy lista para volver a Latacunga, pero la verdad es que hay muchas cosas que he tenido que vivir para las que no estaba lista y sin embargo fueron grandes experiencias…

    Esta vez será igual, porque a pesar del dolor de la muerte de mi abuela y de mi preocupación por mi mami que se queda en casa con papá que todas las semanas viaja a Cuenca a ver al abuelo que también está enfermo, a pesar de que se que todos tendremos muchas lágrimas por llorar y mucha soledad… a pesar de todo se que esto me ayudará a crecer, a ver la vida desde una perspectiva diferente, a madurar, a valorar cada instante, cada momento, cada recuerdo.

    Dejo Loxa con la misma nostalgia de siempre, con la ilusión de volver, dejo mi casa y a mis a padres con la esperanza de abrazarlos pronto, de compartir nuevamente…

    Esta noche la luz del cuarto de la abuela esta apagada, como lo estará el resto de noches… Hoy ella ya no está bajo el umbral de la puerta esperando verme salir para despedirnos y bromear un rato y decirle «no te portes mal abuelita, nada de estar coqueteando», hoy me voy de aquí sin el beso de mi abuela, sin su abrazo, pero su bendición a pesar de que hoy no me la dará, me acompaña siempre…

    Hoy encontré el que sería su regalo en mi último cumpleaños… Su cajita bonita, en la que había diez dólares y una nota… Una nota invaluable! Escrita con su puño y letra…

    Cuanta falta me hace la abuela! Y hace apenas cuatro días que se fue…

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    Y esta es la canción que me suena en este instante, en esta versión con la tremenda voz de Sarah McLachlan «Blackbird»

  • Día 93 (04-05-2013) «el amor trasciende al dolor»

    Abrir los ojos, escuchar el tacho de agua hirviendo, ver un cuarto vacío… Abrazar a papá, a mamá y a mi ñaño… Ver al Picco entrar y salir del cuarto de la abuela y luego mirarnos como preguntando «dónde está?».

    Leer los mensajes de algunos amigos, pero encontrar uno que me caló profundamente en el que entre muchas palabras decía «el amor trasciende al dolor» y sentir un alivio grande, un peso menos… sentir un abrazo en medio de esas palabras…

    Hoy decidimos ir a un laboratorio clínico y realizarnos pruebas de laboratorio, yo tenía pendientes unos exámenes de tiroides que me tienen un poco preocupada… Para la tarde todo reportaba normalidad… lo que a todos nos ha dejado tranquilos, mi eco queda pendiente aun, pero bueno… a esperar!

    Mamá ha sacado toda la ropa de la abuela y ha organizado el cuarto de una forma nueva… Es una forma de dar pasos pequeños para este momento…

    Nos hemos quedado en casa, en silencio que a veces duele y a veces calma… O que a veces se rompe porque se escuchan los sollozos de mamá… Pero aquí estamos… siguiendo…

  • Día 92 (03-05-2013) el famoso 3 de mayo

    El tres de mayo me recuerda a un dragón al que amé, a una mañana y tarde enteras recorriendo la ciudad, al cine, a Iron Man, a las dos veces que se fue la luz y que no aprovecharnos para besarnos en la complicidad de la oscuridad…

    Pero… este tres de mayo a pesar de los dolores que ya siento… era diferente porque era el día del entierro de la abuela… entonces había un dolor nuevo…

    Acompañé a mamá en cada cosa que hacía, en sus decisiones, en su dolor, en su silencio… Mientras llegaba la familia que no conoces hasta que uno de sus integrantes muere… Mamá estaba ahí y yo estaba con ella.

    Esperábamos la llegada de mi hermano José de Quito y Juan Carlos que lo esperaba para viajar juntos… Al llegar su tristeza era tan grande que lloraba abrazando a mi papi, a mi mami, a mi…

    Luego de varias horas vino aquel momento en el que nuevamente asimilas la muerte… en la misa cuando las oraciones y plegarias se enfocan en el alma de aquel cuerpo inerte que reposa en una caja.

    Era inevitable! Eran demasiados recuerdos, la última vez que estuve en esa iglesia fue cuando mi abuelo murió y de eso ya son 21 años… Y yo… yo estaba sentada en la misma segunda fila.

    Mi mami me pidió que hablara en nombre de la familia, la verdad es que soy de esas personas que detestan los discursos después de la misa de un difunto (odio esta palabra), sin embargo ahí estaba agradeciendo la presencia y solidaridad de la gente, su apoyo, su compañía… «ella ya no estará sola y mi abuelo tampoco» eso fue lo último que recuerdo haber pronunciado.

    El traslado fue demasiado fuerte, pero ese momento en el que empiezan a poner los ladrillos… Ese momento es el último momento… Ahí estaba la abuela, ocupando con su cuerpo la bóveda que está junto a la del abuelo, juntos… como en la vida… y ahora en la muerte…

    Me quedé unos minutos más llorando junto a la bóveda del abuelo, contándole que ahí de iba su Sarita, a acompañarlo, le pedía que por favor le exija que le cuente todo lo que había pasado durante este tiempo… Y mientras lo hacia acariciaba aquel frío vidrio intentando o mejor dicho imaginando que alcanzo tocar al abuelo… Pero no es posible… Y aunque ya lo se… igual lo intento torpemente.

    Ahí dejamos a la abuela… Mientras la lluvia que hace varios días no se presentaba empezó a caer con tanta fuerza que me dolía el rostro…

    Era momento de volver… volver a una casa donde el aroma a café filtrado nos traerá el recuerdo de la abuela…

  • Día 91 (02-05-2013) la carrera contra la muerte

    Eran las cuatro de la mañana para cuando sonó mi celular… Lo sabía! Sabía lo que eso significaba, sabía que la muerte me había ganado la carrera… Sabía que al contestar el teléfono mi mami diría lo que dijo «la abuelita acaba de morir, se ha ido» … Yo recién llegaba a Cuenca…

    Todo el tiempo de viaje venía pensando en lo que pasaría en esas horas… Pero sobre todo sabia que en un momento de esa larga noche el corazón de la abuela se cansaría de latir y ese sería el final… A veces ser médico te ayuda a pintar un panorama que no te gusta, que te duele… pero que existe…

    Mi papá fue a recogerme en el terminal y empezamos el viaje a Loxa, mientras tanto mi mami estaba con mi primo en ese momento tan triste… El viaje era oscuro como lo es la muerte y la misma previa al amanecer… Conversamos bastante, papá y la abue siempre se salieron de ese típico prototipo de relación entre suegra y yerno… Para mi papi su suegra era como una madre (hasta cocinaban juntos) y para mi abuela era un hijo… Papá me contaba cosas de los últimos días de la abuela, estaba tan triste que se le iban las lágrimas y la voz se le cortaba… «Chao yerno querido» eso había sido lo último que escuchó de la viejita.

    Llegué a Loxa y a casa (ojalá y otras hubieran sido las circunstancias) y busqué a mi mami… La encontré sentada en la silla del cuarto de la abuelita, llorando desconsolada, diciendo «te fuiste mi viejita, te fuiste mamita» y el alma se me desgarraba y se me caía como las lágrimas en los ojos… La abracé… y la traje a la sala.

    Mucha gente empezó a llegar y ayudarnos con los trámites y cosas… Yo tenía que escribir el parte en el que se cuenta a todos que alguien ha muerto… Que raro es ver todos los días a la muerte y a la vez cuando golpea tan cerca no puedes asimilarlo.

    Todo estaba listo para irnos a Sacapalca y cumplir el deseo de la abuela de ser enterrada junto a mi abuelo…

    Tantos años habían pasado desde la última vez que recorrí esa carretera…

    Sacapalca ya sin el abuelo duele mucho, muchísimo… Y duele más porque en ese lugar también murió mi hermano un dos de mayo… Y ahora llevábamos a la abuela… Era demasiado dolor, era demasiado!

    La gente llegaba con flores y abrazos… Con palabras de ánimo y fortaleza que son como una gota de anestesia en una herida de diez centímetros… Pero ahí estaban… Estaban como estuvieron también en los buenos momentos.

    Las horas se iban entre el calor intenso de un pueblo que pide a gritos un poco de atención… de inspiración… de chispa de vida…

    Volví a la casa de mis abuelos y que está llena de aromas que traen recuerdos e historias y tomé una foto del atardecer de un dos de mayo que en casa duele hace 27 años y que ahora duele el doble porque nos recuerda la partida de mi hermano y de la abuela…

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    Las horas pasaban, el cansancio nos ganaba a todos, y la jornada aun era larga… Así que unas horas de sueño en la casa de uno de los grandes amigos para encontrarnos de frente con el siguiente día.