Categoría: salud

  • ser médico

    Es posible que durante el proceso de formación médica, en algún momento nos hayamos encontrado con aquel texto en el que Esculapio le pregunta a su hijo si quiere ser médico. El escrito termina siendo una dura confesión sobre lo que implica asumir el papel de profesional sanitario en la sociedad, sin importar la época en la que estuviéramos, sus palabras son certeras, sobre todo cuando dice: “Tu vida transcurrirá como la sombra de la muerte, entre el dolor de los cuerpos y de las almas”.

    Entre colegas sanitarios es muy común que nuestras conversaciones giren entorno a historias de nuestra vida profesional, historias que nos resultan gratificantes y otras tristes. Así nos descubrimos impotentes ante el dolor o a lo inevitable, la muerte, que sin piedad nos han mirado tantas veces a los ojos.

    ¿Dónde quedan las historias de aquellas vidas que tocamos?, porque las vidas se tocan, se sienten, se palpan, creería yo. Es por eso que la profesión sanitaria involucra más que aquello que está escrito en los libros. Porque cuando duele el cuerpo, la ciencia ayuda, pero cuando duele el alma, ¿cómo la aliviamos?

    John Sassal era el médico rural de una comunidad inglesa. Es posible que nunca nos hubiéramos enterado de su vida si Jhon Berger no hubiera llegado a su consultorio en busca de aliviar su dolor.

    Cuán hondo calaría Sassal en la vida de las personas de su comunidad, que un día, uno de los amigos de Berger, paciente también de Sassal, le pidió que escribiera un libro sobre aquel médico rural. “Tú sabes que este hombre es notable”, esa sería la razón de peso para escribir sobre alguien que todos los días dedicaba su vida a ser médico; sin embargo, aumentó más peso a su petición y le dijo: “pero un día nadie sabrá de él. Su bondad tendrá consecuencias, por supuesto, pero a menos de que escribas sobre él, los detalles específicos de su vida y su actitud desaparecerán”. [1] Un hombre afortunado es un libro que se publicó en 1967, luego de que Jhon Berger (escritor) y Jean Mohr (fotógrafo) acompañen a Sassal en su labor diaria como médico.

    Aunque han pasado 52 años desde aquella publicación, Berger logró que aquel médico rural no desapareciera, sino que se quedara para siempre. No son la bata y el estetoscopio los que hacen que Sassall sea inolvidable, sino todo aquello que está detrás de estos instrumentos tan característicos de su profesión. Son el ser humano y su vocación de servicio, su interés por la comunidad, su vida más allá de lo que Esculapio profesaba, más allá de la muerte y el dolor.

    Qué interesante resulta observar a los profesionales sanitarios desde los ojos de aquellos cuya profesión no se vincula con la salud. Es posible que nuestros no colegas sean menos estrictos que los sanitarios, que casi siempre nos juzgamos por el prestigio, el éxito de nuestras intervenciones y las publicaciones en revistas de alto impacto, mientras que aquellos que no son nuestros colegas hurgan en los seres humanos que somos mientras luchamos por preservar la salud de aquellos que nos la han confiado.

    Sin embargo, es importante mirarnos, por ejemplo, como lo ha hecho Henry Marsh en Ante todo no hagas daño.

    Marsh, un prestigioso neurocirujano británico a punto de jubilarse, decide hacer un análisis del camino recorrido durante su práctica profesional. Su libro resulta ser la compilación de varias historias escritas a lo largo de su carrera, que terminan como una confesión del ser humano detrás del bisturí. Descubrirse imperfecto en la toma de decisiones, los errores, las vidas salvadas y las golpeadas. La mayor confesión de todas posiblemente es: “Saber cuándo no hay que operar es tan importante como saber operar”.

    Primum non nocere es una frase que conocemos mucho en el ambiente sanitario, representa el compromiso que asumimos, uno de los tantos que asumiremos durante nuestras actividades profesionales, pero seguro el más importante.

    La sensación de acompañarlo durante cada historia, en sus conversaciones con sus pacientes, sentir el temor que él siente al hablar con los familiares de los mismos. Casi tomar el bisturí sobre nuestras manos, abriéndonos paso por aquel universo que es el cerebro. Sentirlo colega, ser colegas.

    Evidentemente la práctica sanitaria nos exige compromisos importantes frente a la sociedad. Velar por la salud y la calidad de vida de quienes nos eligen es un deber que asumimos sin titubear.

    Son las vidas las que se transforman, no solamente la de los que acuden a nosotros con el afán de aliviarse sino las nuestras que palpan los cuerpos y las almas. Son las historias vividas diariamente las que nos emocionan, nos marcan para siempre y nos inspiran a ser mejores.

    “Se dice que con el tiempo los ordenadores terminarán diagnosticando mejor que los médicos” (Berger, 1967).

    Hace cincuenta y dos años ya se sospechaba que la tecnología podría quitarnos aquello tan valioso de la profesión sanitaria, que es el vínculo entre el profesional y el paciente. El compromiso será seguir palpando las historias, aliviando los dolores, celebrando la vida, solamente así seguiremos siendo mejores que todo aquello que la tecnología ofrece, porque como dice Gregorio Marañón: “Solo se es médico con la idea clavada en el corazón de que trabajamos con instrumentos imperfectos y con medios de utilidad insegura, pero con la conciencia cierta de que hasta donde no puede llegar el saber, llega siempre el amor”.


    Bibliografía:

    [1] Traducido desde el inglés.
    1. Berger, J. (1967). Un hombre afortunado. Barcelona, España. Alfaguara.
    2. Francis, G. (7 de febrero de 2015). John Berger’s A Fortunate Man: a masterpiece of witness. The Guardian. Recuperado de: https://www.theguardian.com/books/2015/feb/07/john-sassall-country-doctor-a-fortunate-man-john-berger-jean-mohr
    3. Marsh, H. (2016). Ante todo no hagas daño. Barcelona, España. Salamandra.
    4. Reverte, J. M. (1983). Las fronteras de la medicina. Límites éticos, científicos y jurídicos. Madrid, España. Ediciones Díaz de Santos.
  • Un mes después

    Un mes después

    Ha pasado un mes desde que llegué a España.

    Ha sido un tiempo lleno de experiencias, aprendizajes y alegrías.

    Me ha venido bien cambiar de papeles. Dejar de ser servidora pública y volver a ser estudiante. Es como un baño refrescante.

    Uno de mis grandes miedos de empezar el master era retomar el papel de estudiante. Y aunque en un par de materias me cuesta mucho, en las otras me place serlo. Me motiva mucho la forma de ser de mis profesores, su conocimiento y su metodología de enseñanza.

    También siento arrepentimiento por aquellas horas de clase en la universidad, que nunca aproveché y que hoy me servirían tanto. En la última clase de Epidemiología aprendí a hacer una curva epidémica, cuando la vi, recordé que en el pregrado intentaron enseñarme eso y nunca lo aprendí, es más me quedé en supletorio de Salud Pública porque esa pregunta fue todo el examen y ahora que la volví a aprender, me juzgo un poco por no haberle dado más importancia.

    No recuerdo el inicio exacto de mi amor por los datos. Tampoco recuerdo cuándo empecé a soñar con que los datos son el futuro de la Salud Pública de mi país. Durante el tiempo que estuve trabajando como servidora pública, intenté varias veces mostrar la importancia de los datos más allá de tener un equipo de estadísticos recibiendo matrices en excel. No lo logré. Recuerdo también haberle contado sobre esto a algunos amigos, quizás ellos lo vieron un poco más. Aún me brillan los ojos cuando pienso en eso.

    Hace unos días mientras estaba en una de mis clases, sentí tanta felicidad que se me salieron un par de lágrimas. Llegó uno de los profesores invitados y empezó a hablar de la calidad de la investigación y la carga científica y un sin número de temas. Entonces mencionó dos temas que hace tiempo me tienen alucinando: eHealth y Open Data. En ese momento todo el cuerpo se me estremeció. Ahí estaba, un médico experto en investigación hablando de la importancia de la vinculación entre salud, datos y tecnología. Pensé en que he tenido que llegar hasta aquí para reconocer que no estoy loca, que aquello que he visto como sueño también lo han visto otros profesionales de la salud. ¡Que es posible! Y lloré unas lágrimas de felicidad.

    Aquí un poquito de Watson Health:

     

     

     

     

     

  • Detener el tiempo en medio de un abrazo

    Detener el tiempo en medio de un abrazo

    Se detuvo al verme, me sonrió y me dijo: ¿cómo va esa medicina?.

    No olvidaré nunca ese momento. No sé cuántos rectores de una universidad se detienen ante un alumno y le preguntan algo relacionado a su carrera profesional. ¿Quién se acordaría siquiera lo que cada persona estudia?.

    Pero él nunca fue un ser humano común y corriente.

    Aquel día tal vez fue el inicio de una amistad que extrañamente fue creciendo en la distancia. Él y yo nunca antes nos volvimos a encontrar ni a cruzar palabras. Solamente las bondades de la tecnología me acercaron a él. Desde ahí nos hemos dedicado a abonar esa amistad.

    Yo digo que fueron los sueños los que unieron nuestros caminos. Él soñó la escuela de medicina en la que yo hice realidad mi sueño de ser médico. Ese fue el inicio. Después presentó mi libro desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Y seguimos, seguimos haciendo ese camino.

    Llevaba años acumulando los abrazos que tenían su nombre. Imaginaba aquel nuevo encuentro, ya no en la universidad sino en cualquier lugar del mundo. Y solamente hasta hace unos pocos días pude sentir lo que es ser dueña del tiempo. Hasta hace poco sentí el poder de detener el tiempo en medio de un abrazo.

    Lo abracé por todo lo que gracias a él he aprendido. Lo abracé porque había esperado ese abrazo tantas veces. Y lo abracé porque necesitaba un poco de esa locura por los sueños para seguir adelante.

    Qué indescriptible ha sido volver a verte Luis Miguel y ver que la vida ha seguido su curso y nos ha dejado cada cosa como enseñanza. Que maravilloso poder brindar por todo lo construido y por lo que queda aún por hacer.

    Qué bueno ha sido hacer realidad aquello que alguna vez me escribiste por correo cuando imaginábamos el encuentro

    «También yo digo lo que tú dices, cuánto me hubiera gustado trabajar contigo, hacer proyectos juntos… En fin, tendremos que hacerlo a la distancia, hasta que algún día te encuentre por algún campus y me detenga a hablar contigo por el camino, y ya habrá entonces cien sueños en marcha, y a lo mejor no te imaginarás lo que eso significará para mí, porque será expresión de la profecía que un día me dijo nuestro Padre Fundador: «tu sigue educando a esos jóvenes, que un día serán profesores, serán profesionales, y la cosa sigue… «, y lo dijo así «y la cosa sigue…», intencionalmente sin acabar la frase, místicamente abierta».

     Y es verdad Luis Miguel. «La cosa sigue…»

  • #ruraleando en el TEDxQuito 2015

    #ruraleando en el TEDxQuito 2015

    La primera vez que escuché una charla TED, era el Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford, y se convirtió en uno de los discursos más inspiradores en mi vida.

    Poco a poco fui descubriendo nuevas charlas y me emocionaba ese concepto de Ideas worth spreading.

    Hace varios meses, le comentaba a mamá sobre las charlas TED y sus eventos independientes TEDx. Y mientras se lo contaba, emocionada, le dije: un día daré una charla TED.

    Seguí mi vida normal, sin imaginar que aquello que le había asegurado a mamá, estaba más cerca de lo que jamás imaginé.

    Iván es el ejemplo perfecto de aquel desconocido que se vuelve conocido porque coincidimos en alguna red social. No pasó mucho tiempo para que de conocido pase a asumir la responsabilidad de convertirse en mi amigo. Esa amistad permitió que compartiéramos muchas historias, entre ellas, aquellas que quedaron grabadas en #ruraleando.

    Para enero de este año escribió esto:

    Le respondí con ilusión y alegría:

    Los meses pasaron sin siquiera regalarnos una pequeña pista de que aquel twit de Iván, se haría realidad.

    Se enteró que TEDxQuito permitía para el evento del 2015, postular a un speaker. Y primero me lo comunicó. Yo leí cada uno de sus mensajes en facebook y twitter, pero no le respondí. Mi miedo al rechazo no me permitía pensar que #ruraleando podría ser escogido para una charla TEDx.

    Ivan TEDxQuito

    Pero Iván no descansó, así que decidió postularme. Me escribió para decirme «ya estás postulada, beibi».

    El 14 de abril de 2015, recibí un correo que decía:

    Estimada Denisse,

    Tu nombre ha sido propuesto como posible speaker de TEDxQuito 2015 y has sido pre-seleccionada entre los postulantes para dar una charla en TEDxQuito.

    Hemos tenido un gran número de ideas y proyectos innovadores para ser considerados y serán seleccionados 2 para dar una charla en nuestro evento principal. Por esta razón te convocamos a una reunión de 30 minutos para que nos cuentes más a detalle tu idea…»

    Iván fue una de las primeras personas en enterarse que #ruraleando sería parte del #TEDxQuito 2015.

    Entre curadurías y reuniones, descubrí lo emocionante de prepararme para un evento tan importante.

    Contar una historia, mi historia. Hablar de los inicios de aquel sueño de ser médico y llegar a #ruraleando como uno de los frutos de la perseverancia por hacer aquel sueño realidad.

    #TEDxQuito 2015 me regaló la alegría de conocer gente maravillosa. Verónica y Renato que son los organizadores, se encargaron que nos sintiéramos siempre cómodos, que nos hiciéramos amigos, que compartiéramos nuestras historias. Que seamos como una familia.

    Conocer la historia de todos me llenó de alegría. Cada uno es un mundo diferente. Todos con sus sueños como motor para seguir adelante.

    Carlos Grijalva y Alex Alvear me conmovieron. Ese amor por la música ecuatoriana y la lucha por mantenerla viva. Si antes ya la música ecuatoriana me gustaba, después de ellos, me he enamorado de ese amor que ellos dos supieron transmitirme a través de su arte.

    ¡Manari es maravilloso!. Su paz, su calma al hablar. Sus raíces arraigadas a pesar de que el tiempo ha pasado como huracán, intentando arrancarlas. Ahí está él, hablando de los sueños, de la naturaleza, de su comunidad.

    Javier Cevallos, lo conocí la tarde previa al evento. Y mientras contaba su historia a manera de repaso, me sacudió el alma. Javier es transparente, libre, liviano.

    Santiago Peralta y Carla, fundadores de Pacari, siempre están riendo. Imagino que es por las endorfinas del chocolate. La historia de Pacari me devolvió la esperanza por construir un mundo mejor, para todos.

    Javier Chicaiza y Santiago Mosquera de Teebot, intentando inspirar a los niños con la robótica y construyendo.

    Samantha Arévalo es olímpicamente dulce. Es tan joven y sin embargo ha trazado un gran camino y mira hacia el futuro con la misma ilusión y esperanza que todos. Su sencillez y alegría son evidentes a metros de distancia.

    Oscar Vela y Eduardo Villacís, llenos de imaginación convertida en arte.

    Monserrath Astudillo regalando risas con su embarazo a término.

    Gracias a Iván por empujarme a este momento tan hermoso de mi vida. No solamente porque #ruraleando es parte de una charla TEDx sino porque la experiencia ha sido gratificante.

    Presentar la Segunda Edición de #ruraleando libro en sus formatos ePub y mobi, en el TEDxQuito, fue un regalo adicional. Fue inolvidable.

    Hace poco una persona a la que quiero y admiro mucho me preguntó: ¿Qué te dejó el TEDxQuito?. Al responderle, sentí una mezcla de ideas y sentimientos. Me limité a decirle que lo que me dejó fue el compromiso. Compromiso de que esto sea el inicio, de seguir escalando, construyendo, soñando. Sé que aún hay mucho por hacer y esa es ahora mi inspiración, la de seguir haciendo camino.

    Aquí el video de #ruraleando en el TEDxQuito 2015:

  • Lo que nadie sabe sobre La Clementina

    Lo que nadie sabe sobre La Clementina

    Clementina: Del latín clemente, que es compasiva.

    De La Clementina sabía lo siguiente:

    Para noviembre del 2014 la noticia era «1.960 agricultores compran hacienda La Clementina».

    Yo jamás pensé que esa noticia tarde o temprano sería parte de mi vida.

    Hace meses conocí La Clementina. Parte de mi trabajo era coordinar con las personas del distrito de salud actividades que permitan brindar atención integral de salud a las personas que viven dentro de esa hacienda. En la hacienda donde la «clemencia» no era una palabra conocida.

    Desde junio del presente año junto con otros ministerios se viene trabajando en la hacienda La Clementina.

    Recorridos, brigadas médicas y odontológicas, visitas domiciliarias son parte de todas las actividades que se han realizado dentro de la hacienda intentando cubrir aquella población vulnerable que antes no tenía acceso a los beneficios que oferta el Ministerio de Salud Pública. No los tenían porque la hacienda era privada.

    Luego del embargo por el SRI  y la compra realizada por COOPROCLEM la hacienda ha vuelto a ser privada.

    El gobierno se ha comprometido a ayudar a las personas a levantar el proyecto de La Clementina. Levantar no solamente la parte productiva sino el componente social.

    Meses completos de trabajo interministerial, de recorrer la hacienda verificando riesgos, asumiendo compromisos. Gente que incluso ha trabajado sábados y domingos para cumplir metas que a su vez involucran el bienestar de las personas que viven ahí.

    Como Ministerio de Salud durante los meses de abril a septiembre hemos realizado lo siguiente:

    • Número de atenciones: 1857
    • Número de fichas familiares: 435
    • Captación de personas con discapacidad, mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas
    • Capacitación sobre riesgos medioambientales
    • Charlas sobre uso de agua segura (entrega de cloro)
    • Charlas sobre derechos sexuales y reproductivos basados en la Estrategia Nacional Intersectorial de Planificación Familiar y Prevención del Embarazo en Adolescentes (ENIPLA)

    Además se encuentra en proceso la legalización del predio en el que se construirá un nuevo Centro de Salud tipo B el mismo que acogerá la población perteneciente a la hacienda que no tenga dependencia laboral con COOPROCLEM.

    Si sumamos este trabajo al realizado por los otros Ministerios podríamos darnos cuenta de que todos hemos puesto un grano de arena para que la situación mejore.

    Pero todo eso se desploma como se desploma la torre de Jenga cuando sacas una pieza. Entonces pierdes el juego.

    Y la ficha que desplomó la torre fue esta:

    https://twitter.com/paultutiven/status/539100094097022976

    Entonces todo se derrumba en menos de un minuto. Todo el trabajo realizado, todo el esfuerzo durante meses desaparece en un parpadeo.

    Eso siento yo como responsable de un trabajo tan grande y fuerte. Donde más allá de la carga laboral está la ilusión de mejorar la calidad de vida de personas que antes no sentían que tenían mayor derecho que el de vivir dentro de una hacienda.

    El problema es que mientras mis ojos miran a La Clementina como un diamante en bruto. En los ojos de otros tantos La Clementina es nada más que una sucursal de avionetas que intentan trasladar droga.

  • Un reto más en mi vida

    Hoy empiezo un reto nuevo. Y no tiene que ver con un cargo.

    Hoy el reto es ser firme en lo que creo y en lo que pienso. Mantener la autoridad moral y los principios ante todo.

    Trabajar para y por la gente que nos sigue necesitando y que a pesar de los años y de los diferentes gobiernos aún no logran aquello que siempre han merecido.

    No me ha movido jamás el partidismo y este momento de mi vida no es la excepción.

    Creo firmemente que es posible construir un país donde lo que nos mueva no sea un color de camiseta sino la urgencia por ser mejores y por mejorar todo aquello que sigue mal.

    Trabajo para esos niños que vienen detrás y que se merecen un mejor sistema de salud. Donde la integridad a los principios no se vea vulnerada, donde creer y pensar diferente no sea amenaza para nadie.

    Trabajo y mantengo quién soy y lo que pienso por aquellos médicos que vienen detrás de mi con sueños cargados en sus manos, con ojos que brillan por la esperanza de cambiar el mundo.

    Trabajo y mantengo mis principios porque sé que es posible un sistema diferente donde los compromisos no sean con las autoridades de turno sino con las personas que nos necesitan.

    Desde hoy el reto es no caer ni ceder. Desde hoy el reto es seguir siendo quien soy a pesar de lo que pase alrededor.

  • El post que le faltó a #ruraleando

    El post que le faltó a #ruraleando

    Uno de mis objetivos cuando empecé #ruraleando era vivir con la comunidad. Eso me permitiría involucrarme un poco más con sus necesidades y también me permitiría establecer lazos con los habitantes.

    Mi primera pregunta después de que me notificaron que mi Centro de Salud sería Patután fue «¿hay residencia para el médico?». La respuesta fue «no hay pero en abril le entregamos el nuevo Centro de Salud y ahí sí hay residencia».

    Decidí vivir en un hotel hasta que me entreguen el Centro de Salud.

    El 14 de febrero del 2013 se inauguró en Cotopaxi el primer Centro de Salud tipo A «Loma Grande«. La inauguración estuvo a cargo de la Ministra Carina Vance, así que cuando la vi aquella tarde del 14 de febrero me dije lo siguiente:

    «El día en que la Ministra venga a inaugurar el Centro de Salud de Patután yo juro que me tomaré una foto con ella. No puedo terminar mi rural sin una foto con la Ministra en el nuevo Centro de Salud»

    Pero los meses pasaron y llegó febrero del 2014. Me fui de Patután. Me fui con esos dos pendientes en mi vida. Ni se había inaugurado el Centro de Salud ni tenía foto con la Ministra Vance aunque para ese momento la Ministra ya conocía de #ruraleando libro y había aceptado escribir el epílogo del libro.

    Al irme les dije a mis compañeros de Patután que volvería cuando sea la inauguración de Centro de Salud de Patután. Pero esa fecha no llegaba y mi vida tomaría un camino diferente.

    Desde abril empecé con un reto nuevo en mi vida. Le di una oportunidad a la Salud Pública simulando ser yo aquella chica que le da una oportunidad a alguien que muere por ella. Han pasado seis meses y me he enamorado de la Salud Pública y ahora es ella la que me da oportunidades todos los días.

    Y entre todas las oportunidades que me ha regalado está cumplir uno de los pendientes de #ruraleando. En el mes de agosto asumí la responsabilidad de ser por unos días Directora Distrital de Playas. Todo era nuevo en el sentido de llevar las riendas de un distrito y mostrarle al equipo la necesidad de trabajar para construir un sistema de salud.

    El viernes 1 de agosto los directores distritales de Guayas Rural nos reunimos con la Ministra Vance y almorzamos con ella mientras le contábamos sobre el trabajo que se ha realizado en cada uno de los distritos. Almorzar con la Ministra era lo que se me repetía mil veces en la mente. Yo había añorado tanto tiempo una foto con esa mujer a la que he admirado y de repente me dicen que almorzaré con ella. Aún siento en el rostro la sonrisa con la que me desperté aquella madrugada mientras viajaba a Bucay.

    Llegó el tan esperado almuerzo. La ministra entró y empezó a saludar a todos acompañada de mi jefe grande. Mis rodillas temblaban y el corazón latía fuerte. Cuando llegaba mi turno de ser presentada el jefe grande se tomó más tiempo para presentarme y lo primero que le dijo a la Ministra fue «señorita Ministra, ¿usted se acuerda de #ruraleando?». La Ministra se detiene a pensar y dice «claro que lo recuerdo». El jefe grande le dice «le presento a la Dra. Denisse Calle. Ella es la que escribió #ruraleando y es parte de nuestro equipo». Entonces en un minuto hablamos sobre lo mucho que le gustó la iniciativa y sobre lo lamentable de que nuestras dos citas previas no se pudieron concretar. Una hora más tarde yo cumpliría uno de los pendientes de #ruraleando.

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    01 de agosto 2014 con la Ministra Carina Vance en Bucay

    Ya me sentía bastante afortunada con todo lo vivido. Pero el trabajo y el compromiso por mejorar el Sistema de Salud siguen y no se detienen. Los retos cada vez son más grandes. Así que hay que seguir y eso hemos hecho. Seguimos haciendo camino.

    Un mes y dos días después de aquella foto, como si ya la Salud Pública no me hubiese regalado suficiente, encontraría la invitación pública a la inauguración del Centro de Salud de Patután.

    Tenía que ir a  Patután. Tenía que volver para ver con mis ojos aquello que había soñado. Tenía que volver para compartir la alegría con la gente, con mis compañeros. Tenía que volver para darme cuenta que el trabajo fuerte y a veces desgastante que hacemos en Salud Pública vale la pena por productos como estos. Pero sobre todo tenía que volver porque parte de mi vida se quedó ahí, en Patután, en mi Patatús como le llamaba.

    Metí pocas cosas en la mochila y fui al terminal. La aventura empezaba. No sabía ni qué bus tomar, solamente sabía que tenía que llegar a Latacunga porque el resto de la ruta ya me la conocía.

    Para no perder la costumbre decidí tomar el bus «San Felipe – La Calera» cuya última parada es Patután. Y como buena costumbre me tocó correr detrás del bus para que no me deje, así como me pasaba en #ruraleando. Las lágrimas se me caían de la emoción, sentía como si no me hubiese ido nunca.

    Las autoridades de Salud y las de la comunidad estaban reunidas. Yo no le había dicho a mis compañeros que iba. Así que cuando Paola hablaba presentando el evento yo me aparecí y no pudo decir mucho.

    Solicité que me permitan hablar. Al inicio lo único que hice fue llorar, estaba emocionada. Ese era nuestro sueño y yo había viajado para verlo hecho una realidad. Miré a la Ministra y le dije «señorita Ministra aquí se escribió #ruraleando«. Entonces ella empezó a aplaudir. Y de repente mis compañeros lloraban, yo lloraba. Bien dice El Principito que «es tan misterioso el país de las lágrimas».

    Al iniciar el recorrido hacia el nuevo Centro de Salud, la Ministra se detiene, me saluda y me dice «¿por qué haces llorar a todos? Vamos a que conozcas tu Centro de Salud». Abracé a mi compañera Pao y nos fuimos llorando de alegría.

    Desde el 3 de abril de este año he pasado días y noches trabajando con un equipo para mejorar la Salud Pública. Y todos los días hay algo que hacer, algo que mejorar, algo que crear. Todos los días hay una falla, un error. Por esa falla y ese error se borran todas aquellas cosas construidas que han involucrado más que horas laborales. Yo aún veo fallas y a veces también me canso porque parece que aramos en el mar. Parece que nada mejora o que nada avanza.

    Entonces caminas veinte pasos y encuentras un Centro de Salud que en este caso se llama Patután y te das cuenta que todo ese sacrificio y trabajo valen la pena porque de a poco construyen. Porque te das cuenta que es posible ofrecerle a la gente algo mejor. Porque te das cuenta que el verdadero pago a tu trabajo es mirar las sonrisas y los ojos brillantes de las personas que ahora tienen algo que merecieron siempre.

    Al entrar respiré cada espacio de ese lugar, admiré cada esquina. No podía creerlo, aún no lo creo. No dejaba de repetir lo hermoso que era lo que veía. ¡Cuánta felicidad en un instante!.

    Un Centro de Salud tipo B cumple con las siguientes características:

    • Población asignada de 10.000 – 25.000 personas
    • Consulta General
    • Enfermería
    • Odontología
    • Urgencia
    • Laboratorio
    • Imagen
    • Rehabilitación
    • Farmacia

    Este era hasta hace meses el Subcentro de Salud Patután

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    El después se lo dejo a ustedes. A lo mejor y puedan sentir lo mismo que yo sentí al cumplir mi segundo pendiente de #ruraleando.

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    Y aquí con mis pacientes, con los amigos de #ruraleando y con mi querido cholito Juan Andrés Chuchuca que está como Director Nacional de Primer Nivel y fue quien me ayudó cuando empecé a trabajar con Salud Pública

    Con nuestras pacientes de siempre
    Con nuestras pacientes de siempre

    Dr. Juan Andrés Chuchuca. Director Nacional de Primer Nivel (S)
    Dr. Juan Andrés Chuchuca. Director Nacional de Primer Nivel (S)

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    Mis amigos de #ruraleando. Pauly, Dr. Tarco y Pao

  • Hasta siempre Juan Martín

    Hasta siempre Juan Martín

    Nunca me han gustado esos discursos que da la gente cuando alguien ha muerto.

    Este no es un discurso sino que de alguna forma necesito aplacar esta tristeza que me embarga, que me mantiene llorando desde las cinco de la tarde.

    Ni siquiera escribo esto para él, lo escribo para mi.

    Me pasé meses interactuando con Juan Martín y solamente hasta hace un par de semanas descubrí que sus ojos eran del color de la esperanza.

    Todo empezó por un follow en twitter. Este medio que a veces parece tan impersonal me regaló la oportunidad de conocer a una persona extraordinaria. La salud pública sería el vínculo. Yo era aún una médico rural escribiendo #ruraleando y él ya había caminado tanto por este sendero.

    Llegó a mi vida para compartir la misma ilusión por cambiar la salud pública de este país.

    Twits entre nuestras cuentas y comentarios en nuestros blogs. Así compartíamos lo que pensábamos con respecto a diversos temas.

    Siempre quise conocerlo. Tenía la ilusión de sentarme junto a él un día y hablar por horas de lo apasionante que es la Salud Pública. Con suerte podría darle un abrazo y agradecerle por su ayuda.

    Sospeché que era alguien importante en el sistema de salud. Mi actual actividad laboral me permitiría confirmar mi hipótesis. Su nombre era Juan Martín Moreira, era el mismo que firmaba un poco de documentos importantes que yo tenía que leer para ponerme al día con mi  nuevo trabajo.

    Mi jefe grande me dijo alguna vez lo siguiente:

    Hay que tener la humildad de entender que cambiar el mundo no implica necesariamente que alcancemos a ver los resultados o disfrutar de ellos.
    Recuerde q Moisés tuvo la misión d sacar al pueblo de Egipto, pero el no fue quien entró a la Tierra Prometida ni disfrutó de ella.
    En pocas a unos nos toca trabajar para conseguir el objetivo y a otros disfrutarlo. Eso depende de la Voluntad de Dios, así que a disfrutar de este momento.

    Hoy que los ojos verdes de Juan Martín se cerraron anhelo con todas las fuerzas de mi ser que no lo hayan hecho sin ver que su trabajo y su paso por esta vida no fueron en vano. Que aunque no pudo ver aquello que tanto añoró (un mejor sistema de salud, un trasplante de pulmón, ciclovías en el país…) no quiere decir que no haya dado los primeros pasos para lograrlo.

    Hoy perdí a Juan Martín. Perdí a alguien a quien admiré inmensamente, a quien quise por sus sueños y por su lucha. Perdí a alguien a quien nunca pude siquiera estrecharle la mano, ni siquiera pude mirar sus ojos verdes.

    Pero caminamos por el sendero del mismo sueño de los mismos ideales. Desde algún lugar verá todo aquello que sembró.

    Hasta siempre mi querido Juan Martín.

  • La Salud Pública como aprender a escribir

    ¿Recuerdan la primera vez que empezaron a trazar líneas para aprender a escribir?. Siempre había una mano ayudándonos a sostener el lápiz, a recordar la forma de las letras. ¡Qué feas nos salían al inicio!. Pero poco a poco todo tomaba forma hasta que un día nuestra mano empieza a escribir y escribir bien.

    Hace una semana empecé un recorrido por los puestos, subcentros y centros de salud de una provincia del país. El objetivo de esa semana intensa de trabajo era acompañar al personal que trabaja en cada una de las unidades operativas. Acompañar es tan diferente a supervisar y creo que esa es una de las partes en la que estamos fallando como Ministerio de Salud.

    No hay nada que me guste más que conocer a las personas que día a día hacen cosas que nos permiten cumplir objetivos grandes. Ese trabajo silencioso desde cualquier rincón refundido del país, ese trabajo es el que nos falta valorar.

    Cuando escribía #ruraleando una de mis quejas más frecuentes era la carga laboral y el poco interés por parte de los jefes para con el personal que trabajaba en cumplir sus peticiones. Durante esta semana he visto el mismo problema con los médicos y enfermeras de otros lugares.

    Desde el inicio del viaje yo sentí la necesidad de verme como esa mano que ayuda a trazar líneas. Eso quiere decir que mi mano tendría que acoplarse a la mano y comodidad de la otra persona, de escuchar lo que pasa, de saber lo que se puede hacer, de saber hasta qué punto usar mi mano para ayudar al otro a que comprenda el trazo. Pero lo más importante de todo era mostrarle a la otra persona las razones fundamentales por las que escribir es tan importante.

    Necesitaba hacer algo que no hicieron conmigo y que estoy segura que tampoco lo hacen con muchas personas, mostrar respeto.

    Recordar los pasos dados para llegar donde estoy me permite entrar a las unidades operativas con una sonrisa y un saludo tan simple como «buenos días». Es inevitable sentir la tensión de la gente cuando llega alguien que representa una «autoridad».

    Había mucho por revisar y establecer, pero no iba a caer en algo que refuté durante mi año de rural. No iba a llegar a dar órdenes y decir «quiero que hagan esto y me lo entreguen para ayer». Tenía que buscar una forma en la que ese trabajo se vea tan importante para la gente como lo es para mi.

    Dos horas y media sentada en cada unidad operativa, hablando con las personas, riendo, contando experiencias, respondiendo preguntas, explicando las razones por las que realizamos cierto tipo de trabajo. Relacionando cada nuevo instrumento de datos con los objetivos y con cada programa. Me sorprendía al ver los rostros de las personas con las que hablaba. Era como si sintieran que alguien por fin les hablaba con respeto y explicaba las cosas con calma.

    Cincuenta y cuatro unidades operativas visitadas por cuatro equipos, en cinco días. El objetivo: acompañar. La meta: hablar el mismo idioma en salud. Los recursos: respeto, empatía y matrices estandarizadas (en ese orden).

    Soy nueva en esto pero siento tanta esperanza que las cosas pueden cambiar. La clave del éxito (creo yo) es inspirar a conseguir objetivos y convencer a las personas que su trabajo y sacrificio por más pequeño que se vea, es lo que nos permite llegar a la meta.

    Creo que el camino es largo, pero como decía Steve Jobs «a lot of times, people don’t know what they want until you show it to them» (Muchas veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo muestras).

    Hemos dado el primer paso. El resto será similar al cuidado que necesita un árbol después de ser sembrado.

     

  • La salud pública después de #ruraleando

    Hablar de Salud Pública en nuestro país no es tan fácil ni tan simple como suena. La mala remuneración económica y el escaso reconocimiento al trabajo permanente realizado detrás de los grandes escenarios hospitalarios, son talvez los factores causantes de que la Salud Pública sea la última rueda del coche en nuestro país.

    La imagen que tenemos de un médico es la misma para todos: un mandil blanco, un fonendoscopio alrededor del cuello y un hospital o centro de salud por el que recorren todos los días. Pero el médico salubrista pasa desapercibido siempre, porque va vestido de civil. No lleva nada en su vestimenta que nos sugiera que ha estudiado años para hacer lo que hace. No lo reconocen, no solamente por su vestimenta sino porque casi nadie toma en cuenta la relevancia de su trabajo que permite que aquellos médicos con mandil y con fonendoscopio tengan todo lo necesario para cumplir con su labor.

    Hace un mes empecé a trabajar en Salud Pública. Diariamente aprendo algo, pero sobre todo veo cosas que no lograba ver mientras escribía #ruraleando. No las veía porque mi realidad era distinta, porque yo estaba en un subcentro pidiendo que las cosas cambien. Solamente hasta hoy puedo ver que ese mismo clamor lo tienen aquellos que se encargan de generar un sistema de salud que nos permita a todos avanzar.

    Durante esta semana estuve haciendo recorrido por una de las provincias que corresponden a la Coordinación Zonal a la que pertenezco. Viajar por carreteras peligrosas y destruidas me hacen pensar que hay mucho aún que está pendiente y que nos daría una mano para mejorar la salud de aquellos a los que les toca caminar por horas para llegar a un subcentro de salud.

    Cuatro días y tardes entre carreteras, subcentros y centros de salud. Es inevitable regresar unos meses y verme en uno de esos lugares. Trabajando desde abajo para causar un pequeño impacto en la salud.

    Hay algo fundamental para lograr que las cosas funcionen y es trabajar para que eso pase. Es más o menos como aquel hombre que en su momento vio la necesidad de crear fuego, entonces tenía todos los materiales para que su experimento funcione, sin embargo nada pasaría si es que él no causara la chispa.

    He visto centros de salud que piden a gritos recursos económicos para comenzar cambios en infraestructura, pero su personal aún no tiene el compromiso de cumplir con las normas establecidas para programas específicos. Entonces de qué serviría todo ese dinero si nada más lo que veríamos es un elefante blanco.

    Las fallas administrativas han llegado a sorprenderme. Y hasta me han hecho pensar en aquellas fallas que tuve cuando era médico rural. Los recursos bien manejados, los espacios bien distribuidos, las medicinas bien prescritas. Todo eso hace la diferencia. El problema está en que no siempre podemos visualizar eso claramente. No hasta que ves todo desde el otro lado de la gestión.

    Subcentros de salud que siendo más pequeños trabajan de maravilla. La población ha sido censada, las mujeres embarazadas de riesgo están controladas, los niños con desnutrición tienen seguimiento estricto. Otros centros de salud han llegado a implementar salas de terapia física y rehabilitación manejando el presupuesto que les han otorgado. Equipos trabajando en una comunidad establecida, conociendo la realidad de la población, yendo donde están los problemas, no esperando a que los problemas vayan a golpear la puerta del centro o subcentro de salud.

    Durante esta semana solamente una cosa me da vueltas. ¿Cómo lograremos que nuestra gente quiera generar la chispa?. ¿Cómo hacer que sientan ese compromiso como suyo?. ¿Cómo hacer que se enamoren de la Salud Pública?.

    Si logramos solucionar las preguntas hechas. Podría decir sin miedo que un día no muy lejano, ser salubrista sería más o menos como ser el ganador del Oscar a mejor director. Porque no importa si sales en la película, pero importa mucho lo que hagas detrás para que la gente vea y disfrute lo que ve.

    recorrido Bolívar