31 de diciembre de 2015
Ese último día del año en el que piensas: ¿qué hice este año? ¿qué haré el siguiente?
Me propuse estudiar, hacer ese máster que venía persiguiendo un tiempo atrás, solamente hasta estar segura de haberme enamorado de la Salud Pública.
20 de mayo de 2016
Qué oscura era esa noche.
Cansada de la manera de hacer salud pública en el país. Aferrada a los sueños, como siempre.
Empecé a llenar el formulario, con la poca esperanza que me quedaba en esos días. Diciéndome que no me aceptarían en la mente y con las manos tecleando fuertemente cada letra.
22 de julio de 2016
«Admitida».
19 de septiembre de 2016
Me embarqué en el que sería mi primer vuelo transatlántico. Abriendo las manos como para recibir lo que el destino me arrojara. Apretando un poco el alma por los que uno deja con la esperanza de volver a ver.
Llegué a Madrid a encontrarme con la familia a la que no había visto hace muchos años. Disfruté un par de días con ellos y de ahí, a seguir el camino.
23 de septiembre de 2016, Pamplona.
Alejandra es mi amiga de la escuela, de la universidad, de la vida. Ximena, su hermana, me ha recibido en Pamplona y me ha hecho sentir como en casa, junto a su amiga Patricia.
26 de septiembre de 2016
El inicio del máster.
De vuelta a las aulas. Las aulas de una universidad desconocida, de una ciudad desconocida, llena de compañeros, desconocidos.
¿Qué me anima? Lo mucho que esperé este momento. Ahí se van los miedos y las inseguridades. Ese sueño que se acaricia.
Esta semana ha sido para sorprenderme y conmoverme.
Qué distinta es la docencia cuando es la pasión la que la mueve. A los profesores les brillan los ojos cuando te cuentan los conocimientos que están dispuestos a compartir contigo. Quieren conocerte, que les cuentes porqué te has matriculado en un máster de salud pública.
Gente con un perfil profesional envidiable. Con una experiencia en Salud Pública impresionante. Gente que está ahí porque lo ha escogido voluntariamente, no porque «era lo único que quedaba». Eso se nota y transmite e inspira tanto.
Han proyectado una película en la clase de Epidemiología, para que veamos cómo se trabaja en equipo para descubrir cosas, como aquellos que descubrieron y vivieron la epidemia del sida, allá en los años 80.
El profe de Bioestadística llegó y dijo: no quiero que se aprendan fórmulas. ¡Vamos a aprender a programar en R!
Sigo ilusionada y sorprendida. Y agradecida por encontrar personas como Ximena y Patricia, que me han ayudado tanto este tiempo, con tanta paciencia y cariño.
Y sigo abriendo las manos para recibir lo que la vida me depare. Incluyendo a mis primeras «castañas».


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