Hoy era el día esperado, bueno no tanto porque el dichoso simulacro nadie lo esperaba, pero ni modo, ya toca.
Los niños listos, emocionados, y empezó todo con la llamada de auxilio de uno de ellos… Correr, dar órdenes, hasta RCP, sacar al enano y darle un pequeño paseo en ambulancia, mientras el resto tomaba el no tan delicioso suero oral por amor al arte jaja, me acuerdo y me río!
Luego de la atención a algunos pacientes, revisarlos, prescribirles medicación y llenar las hojas… era hora del tan esperado (por mi) inventario. Me preocupa que la medicina no se encuentre en las perchas pero si en las hojas de conteo, en unos meses me entregan el nuevo centro de salud y la verdad quiero entregar las cosas en regla y bueno, tampoco quiero pagar por errores ajenos.
La experiencia de ser jefa tiene de todo, usualmente no me gusta, pero hoy aprendí algo, el ejemplo y lo buenas que se pueden poner las cosas cuando tu les pones buena energía. Hice sorteo para que tres arreglemos las historias y otros tres contemos medicación… Me tocó el conteo y el resto se resume en risas, carcajadas, bromas y un bien ambiente; que fácil es para un jefe decir «hagan» pero lo mejor es decir «hagamos» eso aprendí hoy que me gusta ser jefa cuando puedo hacer cosas con mi equipo de trabajo.
Durante el conteo de la medicación, llega hecho una gacela una de las enfermeras con las que trabajo y me dice «son los del Ministeriooooo!» yo le respondo «cuando entren les decimos que estamos en inventario» y me dice «noooo Dooooc!!! Está afuera el doctor que vino esa vez, salga y dígale que si estamos aquí!» entonces salgo y ZAS! El doctor Itamar Rodríguez en la puerta! Osea EL JEFE DE JEFES! Y yo dije «santa cachucha! Abrí la puerta y luego de un interrogatorio por parte de él le expliqué lo que hacía, entonces me dijo que para la próxima no cierre la puerta, me dijo que lee el #ruraleando y me sentí muy halagada, después de un gran abrazo se fue y yo seguí contando patilludas y ordenándolas con mis mañas de «etiquetas al mismo lado», tengo la ilusión de que eso dure por lo menos un día… pero tengo mis dudas.
He escrito desde el bus rumbo a Loxa con la alegría de lo que voy viviendo en esta aventura y con la ilusión de volver unos días a casa para como esponja absorber todo aquello que hace que siempre quiera volver, pero sobre todo lo que me hace lojuda.



