Día 76 (17-04-2013) saliendo de la comodidad del subcentro

En la mañana antes de empezar la entrega de turnos, llegó una señora y me dice “doctora quisiera preguntarle si es que para que usted me ayude viendo a un señor cieguito que pasa en la casa y no puede caminar, necesito coger turno o no?” entonces le pido que me explique de quién se trata, luego de recibir una breve descripción del caso, le pedí a la licenciada que entregue menos turnos para la tarde y le dije a la señora que vuelva al subcentro a eso de las tres de la tarde para irnos juntas a ver a don Avelino.

Durante las primeras horas de la mañana, los pacientes iban y venían, hasta que llegó César quien entró con la nieta Gabriela y la esposa, César no puede caminar muy bien, por una enfermedad que tiene en sus articulaciones, así que se sentó en la silla y su nieta estaba junto a él… no pude evitarlo, mi pensamiento se fue directamente a mi abuelo… yo también lo acompañaba a las citas con el médico… yo tenía la edad de Gabriela cuando lo hacía… le pregunto a César ¿es su nieta? y la mira, la acaricia y me dice “si doctorita, es mi compañera!” yo que soy una llorona de campeonato, no pude evitarlo y mientras los ojos se me llenaban de lágrimas le dije “me recuerdan a mi y a mi abuelo” entonces respiré profundo… y seguí…

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Las horas pasaban hasta que llegó la tarde y con la tarde la media hora de almuerzo, para luego volver al subcentro y seguir con lo establecido, entre eso estaba ir a visitar a Avelino en su casa.

Mientras caminaba para llegar donde Avelino, recordaba mi época de misiones, el panorama es tan parecido independientemente del sitio donde estés, perros, caminos llenos de polvo, pencos, piedras, cesped, casas de adobe… y ahí estaba, la casa de Avelino…

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Entro y veo un hombre de unos 80 años aproximadamente, sentado en una silla, con un gato reposando sobre sus pies, con la mirada en algún lugar, un lugar que no conozco, que talvez ni el mismo conozca… Avelino es ciego, pero a pesar de eso, sus ojos estaban mirando algo, lo sé.

Me acerqué y le hablé, “don Avelino, soy la doctora, vengo a verlo porque está enfermito, ¿qué le pasa?” y entonces me cuenta que le duele la garganta y el cuerpo, que le molesta mucho… lo examiné y todo mostraba una faringitis… llevé medicación que podría haberme ayudado y además las pastillas de la presión que suele tomar… conversaba con él, me acerqué a hablarle, siempre miré a sus ojos tratando de entender qué es lo que mira cuando mira donde mira, una nube blanca cubría sus ojos, pero su atención estaba en mis palabras… me pregunto si se imagina como será la doctora que le habla y le dice cosas.

De regreso, tomé el bus hasta casa, esperando entre el tremendo viento, el polvo tan característico del sitio, mirando a la gente trabajar en el que es definitivamente el trabajo más común “la bloquera”, mientras esperaba pensaba en cuanto me gusta eso de poder ir a visitar en la comunidad, caminar por ahí, ver un perro y pensar si va a ladrar o existe la posibilidad que te muerda… ver la vida desde fuera de la comodidad de un subcentro… ver la verdadera vida de la gente que vive en una comunidad rural.

Hoy salí por lo menos unas horas de la comodidad del subcentro, hoy sentí que realmente estaba en la rural, hace varios meses tuve la oportunidad de ir a ver a don Mariano en su casa para hacerle una curación… hoy conocí a alguien más, conocí a Avelino e intenté ver por medio de sus ojos aquella realidad que a veces olvido que está más cerca de mi de lo que imagino

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Un comentario

  1. […] y yo nos conocimos hace meses, cuando fue a buscarme para que vaya a casa de su tío, Don Avelino, que estaba un poco enfermo… Sin embargo Emilia llegó hoy para su control por […]

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