“Esto será un mal recuerdo”

Gilson tenía 14 años y leucemia. Yo tenía aproximadamente tres semanas como interna rotativa en el servicio de Onco-Hematología.

Gilson estaba en la segunda cama del último cuarto del pasillo, a la derecha. Yo recorría ese lugar todos los días y varias veces. Mientras él se quedaba ahí en el cuarto conectado a máquinas que le pasaban la medicación.

Todas las mañanas de mis turnos eran una tortura para él. En mi caso era dolor lo que sentía cuando llegaba a eso de las seis y media de la mañana y mientras él dormía plácidamente soñando talvez en que es libre de médicos y enfermeras y de una interna alta que lo despierta con susurros y le pide por favor que le preste un momento su brazo para medir sus signos vitales o sacarle sangre para los exámenes de laboratorio.

Pero él se despertaba cuando le susurraba eso, eso de “¿me prestas un ratito tu brazo por favor?”. Y entonces él empezaba a llorar de enojo y de impotencia. Me quitaba el brazo derecho (recuerdo cada movimiento), me decía “ya no quiero más. Déjeme”. Yo respiraba profundo y le decía: Gilson mírame un momento. Un día esto será nada más que un feo recuerdo. Entonces me daba su brazo.

Los días pasaban y poco a poco Gilson era menos reacio a verme. Creo que era porque veía que su padre y yo nos llevábamos bastante bien y conversábamos y nos hacíamos bromas. Nos encontrábamos por el hospital y me contaba todo lo que había tenido que pasar. “He vendido mis vacas para que él pueda tener un tratamiento. No importa lo que tenga que hacer”. Recuerdo que una tarde el señor se acercó y me preguntó si había almorzado, le respondí que no y me dijo “mejor porque aquí le traje unas galletitas”.

Al terminar mi rotación en Onco-Hematología decidí a pesar de mi escasa destreza en las manualidades hacerles un regalo chiquito. Constaba de una esquela en forma de estrella con el nombre de cada uno de mis pequeños y en el margen otras estrellas azules. Me despedía de cada uno de ellos regalándoles eso y dejándoles un beso. Pero ese día Gilson ya no estaba porque se había ido con el alta a casa. Guardé su estrella y la pegué en el armario de mi cuarto.

Semanas después encontré al papá de Gilson y le pregunté qué pasaba. Gilson tenía una recaída. Fui a verlo y me dijo que le dolían las piernas. Le dije que todo estaría bien.

Yo pasaba por ahí todos los días antes de las ocho de la mañana y después de las dos de la tarde. Una semana después encuentro al papá de Gilson y le pregunto por él y me dice “Está mal. Me lo voy a llevar.” Le pregunto si pidió el alta entonces me dice que no dio autorización para que lo lleven a Terapia Intensiva y continúa con esta frase que se quedó para siempre “quiero que se despida de los hermanos”.

“Doctorita el Gilson está bien mal. Como padre he hecho todo. Eso me queda”.

Subí los seis pisos del hospital más rápido que nunca. Fui a verlo. Ahí estaba lleno de monitores y mangueras, una mascarilla para recibir oxígeno. Sin camiseta. Podía ver lo rápido que respiraba.

Dicen que no es bueno que un estudiante o médico llore con el paciente. Yo lloré porque Gilson no era simplemente mi paciente. Él era esa promesa de que todo lo que pasó “sería un día un mal recuerdo”. Recuerdo que lloraba tanto que mis lágrimas caían sobre su pecho. Entonces abrió los ojos y me miró y me dijo “¡es usted!. No sabía que era usted”.  Le pregunté si le dolía y me dijo que no. Luego me dijo “allá donde me voy van a estar todos mis tíos y mi familia”. Ellos lo esperaban en casa. Tenía que viajar 6 horas en ambulancia hasta un lugar del oriente de este país.

Minutos después llegó su mamá (no la había visto antes) y me dijo “es usted la doctora por la que preguntaba mi hijo. Pidió verla”. Yo acariciaba a Gilson y lloraba. Entonces me pide que por favor le diga a su mamá que le deje poner el pantalón que él quería y podía ponerse. La madre accede.

Le tomé la mano y nos apretamos con fuerza. Talvez porque sería la última vez que nos tocaríamos. Ya no me pedía que lo deje sino me apretaba la mano con cariño y dulzura. Sabía que me iba pero a pesar de eso me lo preguntó. Le respondí que sí. Le lleno los churos de su cabeza de lágrimas y besos y me despido. Me dice “que le vaya bien”.

“Que Dios te bendiga Gilson” fue lo último que le dije. Abracé a su madre y me fui agarrando de cada pared que pude para sostenerme mientras me moría por dentro y me ahogaba en llanto.

Supe con el tiempo que llegó a casa, se despidió de todos y sonrió muchas veces antes de cerrar sus ojos para siempre.

Era febrero del 2012.

Hoy que es el día mundial de la lucha contra el cáncer quisiera decirle a Gilson que su estrella sigue en el baúl de mis recuerdos. Pero que él vive en mi para siempre.

Haciendo maletas, otra vez.

Para ser médicos tenemos que estudiar seis años, a menos que pierdas unos ciclos y esos años se extiendan un poco. Ese no es mi punto hoy.

A partir de séptimo ciclo de la universidad empieza el externado, lo que indica que verás a tus primeros pacientes. Desde ahí esa es la vida que te espera como médico.

Llevo nueve años aproximadamente entre estudiar y ver pacientes, de estos nueve el último ha sido ya como médico. Durante todo este tiempo he aprendido muchas cosas, desde el trato a un paciente hasta reaccionar en cierto tipo de situaciones. Abres los libros y ahí hay varias respuestas, luego conoces a tus residentes y médicos tratantes que siempre te guían para mejorar con respecto al conocimiento sobre ciertos temas. Un día cualquiera hasta te toca manejar solo un caso porque nadie más se encuentra cerca.

Si le sumas estas experiencias a todos los años metido en hospitales, pues se podría decir que hay muchas cosas que sabes hacer y que no te asustarían tanto.

Esa ha sido mi realidad, hasta hoy.

He decidido darme una oportunidad, pero sobre todo he decidido vivir algo diferente. Hace años que la Salud Pública coquetea conmigo, es tan descarada que lo hace sabiendo que toda mi vida mi amor era con la Cirugía. Pero a veces pasa que sin buscar encuentras y te enamoras. Y empiezas a escribir una historia. Esta historia empezó en la universidad cuando recibí “Administración en Salud” y pude ver las cosas desde un panorama distinto, cuando ya me enamoré fue cuando empecé a vivir mi año #ruraleando. Es inevitable pensar en las cosas que se pueden mejorar en varios aspectos de salud, cuando el enfoque empieza en la salud pública.

He decidido dejar de lado las oportunidades de trabajo que me ofertaban ser médico residente de un hospital o clínica. He decidido darle una oportunidad a la Salud Pública, he decidido intentar con ella, ganar experiencia, aprender y aportar. Entonces estaré lista para tomar una decisión, para saber qué haré a futuro.

Hay momentos en los que el pánico se apodera de mi, porque no tengo mayor idea de lo que haré o de cómo empezar. No es lo mismo que llegar al servicio de Cirugía, ver un paciente y decidir el tratamiento y seguir con el resto de pacientes.

Aquí empiezo de cero y empiezo lejos de casa. Llevo tres años seguidos haciendo maletas para salir de Loxa y luego volver a ella. Eso me duele, me agota, pero sobre todo me llena de tristeza porque aquí está mi vida y aquí se acunan mis sueños. Sin embargo sé que para crecer a veces hay que salir.

Hoy he hecho lo que hago siempre que salgo de Loxa por mucho tiempo, he ido y he tomado una foto en el mirador, una foto de esta ciudad. Para llevarla conmigo, para mirarla cuando la sienta lejos, para volver.

Empiezo un nuevo camino, con los sueños por delante. Desde mañana, en Guayaquil.

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“Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo.”  El Principito

cuando el cáncer causa metástasis en un médico…

Karla es médico, no de esas que se ven en las series de la tele. Karla es de la vida real, hace turnos, no come a las horas indicadas, casi no duerme… es médico, porque eso hacemos los médicos.

Imagino que en sus turnos atraviesa los pasillos del hospital corriendo tras pacientes, internos y medicos tratantes… Ella es parte de un servicio que casi a ningún médico le gusta, creo que es porque se necesita tener valentía y porque hay mucho dolor siempre… aunque la esperanza… es el elemento fundamental para estar ahí. Es médico residente del servicio de Oncología.

Admiro su forma de amar la medicina, de verla, de soñarla… y admiro que no se ha dejado llevar por la costumbre ni la rutina… y porque a veces se deja golpear por esa enfermedad que ve todos los días… el siempre desagradable cáncer!.

Me ha compartido esta historia que le ha dolido hasta el alma… le pedí que me deje contarla, porque esas historias valen por lo que duelen, por lo que enseñan, por lo que dejan.

Lo he pensado por varios días pues la historia la conozco yo, es de esas historias que se vuelven un poco más allá de la relación médico paciente…

Cristian, con un cáncer germinal testicular y 28 años, lo conocí en mis primeros días de hospital, yo recién llegada y el en recaída, primer acercamiento: la historia clínica, ¿qué lo hizo distinto? Asumo que su juventud, su conciencia de la enfermedad, su esposa, alegre y preguntando todo acerca de él, sumamente nerviosa por el ingreso, eran mis primeros días por lo que los nervios fueron compartidos, dos hijos, 3 y 6 años, él era la cabeza de la familia, mi historia por primera vez se desvió en esa noche en la cama 22 de medicina interna; nos hicimos amigos: Cristian, su esposa y yo…
Al terminar la historia clínica, recuerdo claramente como su esposa me dijo: sólo dios sabe nuestros destinos, y yo tengo fe ¿La tiene usted doctora?, me esbozó una sonrisa. ¿Como iba a explicarle que mi fe y la suya eran distintas? Me arriesgué, le dije que era atea, pero que para mi la vida no te da batallas que no puedas librar… “Eso doctora, es más de lo que he recibido en mucho tiempo”, ese fue nuestro primer abrazo. ¿Por qué lo recuerdo con tanta claridad? A él más que a los otros. Porque solíamos conversar de sus hijos, de las manzanas que yo en un inicio no aceptaba por la aprensión de saber que eran para él, que le gustaban. Porque su esposa estaba a su lado día y noche, se transformaba en un ente dividido entre sus hijos, él, nuestra amistad y lo cotidiano.

Pasaron las quimioterapias. Mejoraba, volvía siempre con la sonrisa por delante, manzanas, conversaciones, futuro, planes. Hasta hace 21 días, su último ingreso, deteriorado, ingresó para manejo clínico, su estado no era el mejor, no había podido hacerse aún la tomografía de control, estaba pendiente su quimio…

Primera pregunta: ¿doc, como lo ve? Él dice que quiere ir pronto a la casa, los bebés están inquietos y yo ahora tuve que conseguir trabajo, no puedo seguir soportando los gastos sin ayuda, tengo que trabajar, ¿cree que sea buena idea trabajar? Yo quiero dividirme pero no puedo (quiero recalcar que su esposa jamás se quebró, hasta ese día, y yo, me quebré con ella) mi suegra me ha dicho que debo quedarme aquí con él, que estoy despreocupada y que él ya no come como antes, pero hago lo posible, mis hijos necesitan las cosas de la escuela, ¿quién nos va a dar algo doctori? Ese fue nuestro segundo abrazo. Duró harto tiempo, y por primera vez el silencio estuvo con nosotros, una suerte de entendimiento del dolor compartido. ¿Ya le hicieron la tomografía? Sí doctora pero los resultados nos los dan el lunes (era domingo), no se preocupe, yo mismo voy a buscarlos.

Por primera vez me sentía sin ganas de conseguir los resultados, como si eso retrasara la noticia, el ojo clínico del medico no miente, esa noche Cristian comenzó su ascitis1 y se le sumó edema de miembros, hicimos un eco abdominal pues la distensión aumentaba, rastros ecográficos de posibles masas en hígado, la imagenóloga nos mira y sutilmente pregunta si teníamos el control, asentimos en silencio, mi compañera y yo conseguimos esas placas: Metástasis pulmonares y hepáticas. El jefe da la noticia. Habla de otra quimio, otra línea, explica las malas condiciones, la sonrisa típica se apaga, el ambiente se hace pesado.

Llega su esposa. Van a conversarlo. Aún están animados. Llega la siguiente guardia, curiosamente la esposa de Cristian no está. No me sorprendía, sabía que trabaja hasta las 4, a la hora de visitas llegaría como siempre, antes de lo esperado gritos en el pasillo, en la primera sala de varones Cristian convulsiona, ¡mierda carajo! eso sólo me deja pensar que ya está en el cerebro! ¿Ya? ¿Tan pronto? ¡No te me vayas ahora, no se te ocurra! Tu esposa no está aquí y los enanos aún no se despiden! ¡Regresa! Regresa de donde quiera que estés! Las convulsiones pararon. Pregunto si me escucha, aún postictal2 me sonríe, asiente, te voy a dejar dormir un poco debes recuperarte… “Yo pensé que eso era todo doc, pero después la oí, y cuando la vi, supe que todavía estaba vivo, lo sabía porque era usted y era su voz, gracias”…

Lo sedamos, de inmediato la tomografía, tres masas, la más grande en corteza, esa era la razón de la convulsión. Pocas horas después su esposa me encuentra en el pasillo: dígame la verdad, nosotras somos amigas ¿ya esta tan pronto en el cerebro?. Respondí como los jefes nos han enseñado que debemos: aparentemente hay masas pero el jefe confirmará mañana cualquier otro dato.

A esta parte de la historia la llamo desmoronarse, romperse, doler el corazón, pasa, pasa con todos los pacientes, pero Cristian y su esposa se habían vuelto mis amigos y eso pesa aún más. “Le agradezco que sea sincera. Quiero pedirle un favor, mis hijos. Quieren verlo, ya se que no pueden entrar al hospital. ¿Usted podría?…” Esa noche entraron 2 enanos enmascarados para abrazarse con su papá, nadie se enteró, ni siquiera mi compañera. No los vi, pero su madre me aseguró que había sido un buen encuentro, también me dijo que Cristian no quería otra quimio. Quería irse a la playa con los pequeños. Recuperó de golpe el apetito, y sonriendo me preguntó si quería una manzanita. Esa noche fue larga, el miércoles se le dio el alta, nuestro tercer abrazo con su esposa y el primero con él. Lo que yo nunca pensé fue que este viernes 7 de febrero a dos días de su alta iba a volver a verme con su esposa que estaba buscándome en consulta externa para darme nuestro cuarto y último abrazo, no necesitó decirme nada. Ya sabía porque estaba ahí, tenía los ojos aguados y aunque no se me es “permitido” ese día yo también lloré…

  1. Acumulación de líquido en cavidad abdominal
  2. Estado después de la convulsión, el paciente casi no escucha ni ve, está casi inconciente

@KlyeliKarla (@klyeli), es la dueña de esta historia, es médico… y es mi amiga!.

Feliz cumpleaños #LoxaEsMás

LoxaEsMas

Hace un año… a esta hora nacía #LoxaEsMas!!!

A lo mejor y no lo recuerdan, pero si les hablo de un Henry Bustamante ahí si de ley se acuerdan.

El punto es el siguiente, yo hace un año, decidí dejar de esperar para empezar a hacer. Yo estaba lejos de Loxa, como hoy, sin embargo el acceso a las redes me permitía leer aquellos tweets de lo que los lojanos se quejaban… que hayan dicho que comemos perro. Eso sería el inicio de LoxaEsMas porque mientras unos aborrecían a aquel individuo que hizo ese comentario, otros empezamos a despertarnos para exigir una mejor ciudad.

Con gran orgullo puedo decir que soy parte del colectivo desde el inicio a pesar de la distancia. He caminado con #LoxaEsMas, he crecido con el colectivo, me he involucrado con el mismo… recuerdo claramente aquel viernes 29 de junio del 2012 en el que cambié urgentemente uno de mis turnos como interna rotativa, para poder viajar a Loxa y pegar por lo menos el primer twitcallejero y regresar a Quito esperando leer sobre la reacción de la gente en la ciudad. Talvez nunca imaginé que eso que hicimos tuviera un eco tan grande como lo tuvo. Luego la presentación en el cabildo, luego el maravilloso podcast que por ejemplo hoy sábado podríamos escuchar… pero…

Mi sueño por Loxa es inmenso… inmenso… más de una vez la imagino grande, inmensa, como referente de este país… Eso es para mi #LoxaEsMas!!! Por eso lucho todos los días, desde cualquier sitio, hace un año desde Quito, ahora desde Latacunga. El objetivo es ese, volver y crecer… crecer en Loxa… luchar por Loxa…

Y creo que todo sería más fácil si es que hiciéramos una ciudad así!

“mi ciudad llena de innovadores y menos alcanfores”

ORGULLOSAMENTE SOY PARTE DE #LoxaEsMas!!!

“llorando como yo lloro mi soledad…”

Hace 20 años me desperté sabiendo únicamente una cosa, era el cumpleaños de la abuelita Sara…

Las horas pasaron mientras yo estaba en la escuela, a la hora de salida uno de los empleados de la empresa de mis papis me fue a recoger, eso ya era bastante raro… le pregunté por ellos y me dijo “están en casa, ya hablarás con ellos”…

Llegué a casa y veía gente y maletas… y no entendía nada…

Encontré a mamá y le pregunté: ¿qué pasa? , me contestó que mi abuelo había muerto… Yo tenía 8 años, a veces no entendía ni los deberes que me enviaban a casa… cómo… cómo podría entender que el hombre más hermoso de mi vida se había muerto?

El abuelo llevaba años enfermo… era hipertenso, lo que era una gran excusa para vernos mínimo una vez al mes, acompañarlo a la cita del médico y pedirle que al salir del edificio me deje jugar en la rampa de baldosa café que había en la entrada… también nos permitía jugar a médico y paciente, o me enseñaba a contar los billetes de mil sucres que venía cambiando en el banco para poder ser cajera… cantar canciones, reír a carcajadas, arrastrarnos por el piso de la sala… Incluso coleccionar una de las mejores cicatrices que tengo, la de la quijada, cuando me la partí mientras subía las gradas, comiendo un delicioso “Tango” comprado en la tienda de la esquina y que no recuerdo haber terminado porque ya las rodé todas…

De repente, una hemorragia cerebral se llevó la mitad por no decir a casi todo mi abuelo…   No volví a escuchar su voz, no cantamos nunca más… ni caminamos por ningún lugar porque sus piernas no se movían… y una de sus manos se quedó cerrada para siempre… entonces tampoco jugamos a contar billetes de mil… ahí estaba el abuelo, sentando en un mueble en el cuarto de a lado…

Yo me la pasaba con él… cantándole canciones que me enseñó y que hasta hoy recuerdo y atesoro… riendo de lo que le contaba… recuerdo un cumpleaños en el que subí a tomarme una foto con él… estábamos felices… siempre fuimos felices juntos…!!!

Los días pasaron y la abuelita decidió llevarlo a su pueblo… Entonces ya no veía al abuelo tan seguido… y cuando iba a verlo, estaba igual… hasta que poco a poco se ponía peor… pero yo era una niña… que apenas estaba en tercer grado… que sentía que tenía derecho a tener un abuelo para siempre… porque a la final los abuelos no deben morirse nunca!!!

Un 6 de enero, hace 20 años… el mismo día cuando los reyes magos llegan con regalos, el mismo día del cumpleaños de la Sarita, su amada esposa… ese mismo día se me fue para siempre… y se llevó con él la parte de mi vida que me falta todos los días…

A partir de aquella mañana hace 20 años, todos los 6 de enero espero a los reyes magos a ver si me traen a mi abuelo de regreso… pero no llegan… no llegan con él… a ratos me dan ganas de subir al cielo y arrancar a mi abuelo de las nubes… sentarlo un momento conmigo y llevarlo de vuelta… pero no se puede… no lo alcanzo… y eso duele…

Hoy la Sarita, su amada compañera, cumplió 95 años!!! a ratos pienso que el abuelo como regalo de cumpleaños decidió irse para que ella no sufriera ni se desgastara con su enfermedad… Creo que el amor hace esas cosas…

Hoy recuerdo la canción que cantábamos con el abuelo… a veces pienso que me la canta desde el cielo, que dice:

“Pobrecita mi guambrita, qué hará qué hara? sentadita en la playa solita está… Cantando como yo canto San Juan, San Juan, llorando como yo lloro mi soledad” y pues sí yo lloro la soledad que me dejó mi abuelo…

http://www.goear.com/listen/98ee30a/cantando-como-yo-canto-san-juanito-ecuatoriano-max-berru

Hoy, en unas horas diserto mi tesis… y en lo que más pienso es en lo hermoso que sería poder mirar los ojos del abuelo mientras me gradúo como médico…

encontré una “Flor de Lluvia”

Cuando conocí a Sisa yo estaba más asustada que ella… era mi primer día como interna rotativa del Hospital Baca Ortíz; pero eso no era suficiente sino que llevaba días rogando que no me toque el servicio de OncoHematología… no se me cumpliría ese deseo.  Llegamos, y no después de mucho vi que mi rotación sería ahí… recuerdo claramente que empecé a llorar… de verdad me asustaba ir a ese sitio.

¿qué iba a hacer? ¿cómo iba a hacerlo? ¿cómo ver igual a unos niños y niñas con CÁNCER? ¿cómo iba a manejar mi tan característica sensibilidad ante algo tan triste?

Llegué a la cama número 20, unos ojos negros inmensos como capulíes me cautivaron… se chocaron contra los míos… dije “Hola” de ahí en adelante la historia es otra…

Sisa Tamia, 3 años… siempre que entraba a su habitación ella estaba despierta.  Sonreía, NUNCA me dijo una palabra, pero me sonrió suficientes veces para “engancharme”.
Cuando la conocí tenía cabello en corte hongo, un par de días después entro a verla y casi me desplomo, la habían rapado, pero lo peor de todo es que no me sonrió.  Cuando estaba enojada hacía un pico tan bello, yo le decía: Sisa ya estás picuda… y cerraba los ojos.  Nunca me dijo ni una sola palabra, solamente movía la cabeza para decirme “Sí” o “No”… por más que se lo pedí nunca me habló la bandida, le preguntaba si tenía lengua o si los ratones se la comieron, entonces abría la boca sacaba la lengua y se sonreía como diciéndome: Si tengo lengua pero no te hablo :p

Y cuando no sonreía le preguntaba si es que tenía dientes, entonces me los mostraba todos… eran granos de choclo en fila en una boca chiquita chiquita.

Sus papás y yo nos reíamos siempre… un día le pregunté al papá el significado del nombre, me dijo significa “Flor de Lluvia” y me ME ENCANTÓ…!  y hasta recordé a la flor de “El Principito”

Los días pasaban, una tarde ya de salida, de hecho estaba posturno;  escuché un llanto NO conocido, voy a ver quién era… y era mi picuda… Fue la primera y única vez que la vi llorar… me senté a su lado, se calmó y le dije: dibujamos?, para variar movió su cabeza para hacerme entender un SÍ.  Ella no sabía de mi trauma con el dibujo ni yo lo recordé ese instante… me quedé hasta las tres de la tarde con ella…

Cuando mi rotación por OncoHematologia terminó, fui despidiéndome uno por uno de mis chiquitos.  Cuando llegué donde Sisa le pregunté si nos podíamos tomar una foto, movió su cabeza para decirme sí… le dije: pero haz un pico porque eres mi picuda favorita…

Los días pasaron, yo subía a saludarlos a las ocho de la mañana y a las doce de la tarde cuando me iba… Un día nublado y lleno de lluvia… NO, no un día cualquiera,  el 18 de Enero del 2012 Sisa ya no estaba.  La habían llevado a Terapia Intensiva (ese terrible servicio) porque se puso mal; me desplomé, el alma se me hizo un nudo…

No sabía qué hacer, así que le conté a mi socio… lloré y lloré contándole… la lluvia caía tan fuerte en Quito que me asustaba… me asustaba que esa lluvia sea por MI “Flor de lluvia” como si algo terrible fuera a suceder…

Horas después, perdí para SIEMPRE a mi picuda favorita… se fue con la lluvia de aquella tarde… y a mí me llovía dentro, recuerdo detenerme en los pasillos de los seis pisos del hospital para llorar, lloraba sin consuelo, en las esquinas, en la residencia, en el baño… lloré horas y pensaba en la picuda que por el estúpido Cáncer nunca llegó a la escuela, no aprendió más canciones, no hizo más amigos y amigas… en la picuda que sacaba siempre una papa de su funda y me la ofrecía… o que en su vaso lleno de cereal sacaba uno o dos bolitas y me las entregaba para que coma con ella…

Ay MI SISA TAMIA… si tu hubieses sabido lo que fuiste para mí… mi chiquita bonita… mi trompudita picuda… Si supieras como te llevo dentro de mí… como añoro verte de nuevo y preguntarte si tienes dientes… si supieras las veces que he posfechado este post porque me cae la lluvia encima como en este momento…

… ahora cada vez que llueve recuerdo una hermosa “Flor de Lluvia” con ojos de capulí…

hay una canción ecuatoriana que se la dedica el artista a su hija… Esta madrugada yo te la dejo a tí donde quiera que estés bonita mía… lleva tu segundo nombre  “jugando está sobre las nubes corriendo va para alcanzar un mundo nuevo”

Turno agotador…

Si, obvio… son pocos los turnos NO agotadores, sin embargo cuando uno usualmente escucha la palabra “agotador” en medicina, se imagina un turno sin pegar los ojos, lleno de ingresos, emergencias, pacientes complicados… hasta RCP.

Bueno, hoy descubrí otra forma de sentirse “agotado”.  Resulta que ahora mi rotación es Patología Obstétrica;  suena interesante, mucho más si a mí me gusta tanto la Medicina Interna;  sin embargo con estos días descubro que la inspiración transmitida también tiene mucho que ver en el interés que uno empiece a sentir por tal o cual cosa.  El servicio me inspira FUGARME… sin embargo la inspiración la encuentro en las pacientes… nos contamos chistes, armamos hasta fiestas, escuchamos música… eso hace que el ir y venir tras un papel, una muestra de sangre, orina, secreciones o equipos de curación y puntos… los turnos se hagan maravillosos…

aquí viene el pero…

El trabajo en medicina TIENE que ser en equipo, osea… recuerdo por ejemplo:  cuando jugaba basket yo era la 5 del equipo, eso quiere decir que para estar completas y poder jugar necesitaba a la 1, 2, 3, 4… si no estaban todas NADA… Así es el trabajo en medicina, mucho más si estás en un servicio donde manejas un promedio de 50 pacientes.  el equipo cuenta con: auxiliares de enfermería, médicos tratantes, enfermeras, obstetras, intern@s rotativ@s, médic@s residentes… si entre todos no nos apoyamos, el servicio se va al piso.  Bueno eso pasa…

Hoy estoy agotada porque se me fueron las energías, llevo luchando por no perderlas mientras que a veces siento que es como que Sísifo me hubiese prestado su piedra y yo la estuviese empujando.  No me importa pasarme caminando por pasillos, tomar muestras, llenar hojas, realizar monitoreos fetales… NO ME IMPORTA… pero me importa mucho el trato, la forma en cómo se piden o dicen ciertas cosas… SIEMPRE he creído en la condición de SER HUMANO antes de la condición de profesional con título espectacular… por eso hay cosas que me duelen… que me pegan en lo profundo de mi ser.  ODIO, detesto que se refieran a los o las pacientes como “la de la cama 1… o le digan la señora o señor de tal o cual patología” son humanos, tienen un nombre, una vida, sueños, dolores… chucha en serio me duele…!!! a mi me caería culo que venga alguien y diga… “la de la cama 4 que tiene apendicitis aguda…”  suena y se siente diferente si dicen: “…Denisse, la chica que ingresó por dolor abdominal y que se le diagnosticó apendicitis aguda” aquí recuerdo lo siguiente:

Patch Adams

Queda claro verdad?  bueno eso es en lo primero que me fijo con cada nuevo médico, licenciada, auxiliar, interno y estudiante que conozco… Si las trata por el nombre, me dan buena espina 😀

Otro round es con el personal con el que se trabaja… me ha encantado llevarme con tod@as bien, no tener ni pleitos ni siquiera malos entendidos, pero si en mi servicio hay 10 por turno, 5 ME HACEN SECRETAR BILIS POR LITROS… para colmo DETESTO que me digan o nos digan  cuando trabajo con alguien más: “vagas“lentas”  o hay una en particular que jode como la gana de orinar… Para cada cosa hay una forma de pedirla… y todos en este mundo loco en el que vivimos, merecemos RESPETO yo no seré nada académicamente comparada con el jefe del servicio o con el médico de turno, pero soy Denisse, tengo sueños, soy humana, y me he partido, me parto y me seguiré partiendo el trasero por ser médica y por ser la mejor… No la mejor académicamente, sino la mejor para mis pacientes…

Hoy se me llenó el bazo de sangre o el vaso de ira… o la vesícula de bilis… pero sobre todo se me llenaron los ojos de lágrimas y el alma de indignación…

Hace días ingresó María, tiene 40 años, hace 7 dió a luz una niña… ingresó a nuestro servicio porque tiene Distrofia Muscular.  Cuando la ví por primera vez, me daba miedo moverla demasiado porque se la veía tan frágil…  Les pondré una foto sobre lo que les escribí antes para que tengan una idea de lo que les hablo

… bueno María tiene así sus piernitas, sus brazos, sus manos… de hecho es difícil hacerte a la idea de su embarazo… pero es María… como puede ser Denisse, Katty, tú… o alguien que conozcas… y por ese hecho necesita igual cuidado, cariño y preocupación.

Lo que pasó hoy con María era lo siguiente:  Me dice:  “Dra.  quiero hacer la deposición, por fin después de todos estos días ya quiero hacer… por favor dígale a alguien que me lleve“.  Le dije María ahorita le llamo a alguien para que le ayude, y zas por obra de arte aparece la señorita auxiliar que nos ayuda con eso y le digo: “por favor, la señora Maria quiere ir al baño, podemos llevarla?” y me responde la primera “estocada” y me dice: QUE CAMINE, chuta casi me mata, pero dije a lo mejor y no se da cuenta del cuadro, pero faltaba más aún… la mira y le dice: “que acaso no puede caminar???” aaaaayyyyyyy la valiente p… me dolió la vida entera, chucha madre, qué tan difícil es ver o por último imaginarte que una persona como María no puede caminar… y María le contesta dulcemente: “si puedo pero con unos aparatos… que no me los ha traído aún mi marido… es que si le dije que los traiga, pero él tiene un poquito de retraso mental… pero es poquito y casi ni se le nota… por eso aún no me los trae” YAAAA AHÍ SI ME HUNDÍ… la siguiente respuesta fue:  “No hay quien la lleve” … a la mierda las evoluciones que estaba haciendo, miré a los ojos a aquella descorazonada y le dije:  “yo la llevo” se ríe y me dice: cómo lo hará?

Salí al pasillo atragantándome los sentimientos, y respirando profundo para no llorar, tomé la silla de ruedas, la llevé hasta la camilla de María y mientras procedía a arreglar todo, llegó mi médica residente y me dice, “levantémosa las dos” la pasamos a la silla… la auxiliar llevó la silla y me tocó cargar sola a María hasta el retrete… la cargué en brazos, como a niña… pesaba más o menos… pero más me pesaba su vida… su familia… su esposo, su primer hijo de 19 y su recién nacida… (el marido y ella venden caramelos, el hijo también… pero a veces no venden nada… de hecho una tarde no la pudieron ir a visitar porque no hubo venta)

… mientras la siento María me dice:  “Dra. vaya no más, yo ya le grito cuando termine y me viene a ver ya?”

... Hijole, cada rato me sacaba más el aire que el otro… volví a mis evoluciones y no aguantaba más… se me iban las lágrimas de indignación… me retumbaban las palabras de la auxiliar, lo poco humanos que somos algunos que trabajamos con humanos, la imagen de María con sus brazos frágiles alrededor de mi cuello aferrándose a mí para no caerse… me era inevitable no llorar… luego de unos minutos la recogí y la llevé hasta la cama… como si nada hubiese pasado… “como si nada hubiese pasado”

Terminé mi turno… pero estaba muerta por dentro… me dolía el alma, me golpeaban las imágenes, las palabras, los gestos… me dolía María… me dolía en gajo… de hecho me duele todavía… lo suficiente como para terminar aquí este post porque no doy más ni de la tristeza ni de las lágrimas…

ESO ES UN TURNO AGOTADOR… ESO ES AGOTADOR TAMBIÉN, porque te agota el alma… cuando el agobiado es el cuerpo, con un descanso de horas se recupera en algo… pero cuando es el alma la que se agota… necesita más que reposo para recuperarse

DE VUELTA POR EL BLOG

hace varios meses ya empecé con esta idea…

crear un blog en donde pueda dejar fluir aquellas ideas y aquellos pensamientos que no se aguantan en el alma… que por alguna razón siempre deben ser liberados…!!! escribi varias cosas, ME GUSTARON, me liberaron, me sirvieron…

Ahora veo atrás a todo lo pasado y hay tanto que contar pero que no quise escribir antes porque talvés aún me pesaba…

entre las situaciones más tristes de estos días acumulados en meses… decidí cansarme de ser la segundo plato en una relación estúpida que solamente funcionaba cuando dos seres que algún día fueron novios se volvian a encontrar… después de todo lo pasado y vivido, me cansé, me dí cuenta que me merecía un lugar mejor que el que estúpidamente yo había permitido que me ubiquen…

días después mi perro, mi compañero de risas y llantos murió… sufría de epilepsia y a pesar de que tomaba tratamiento siempre tenía una crisis al mes; la última fue la peor y decidí que lo duerman para siempre, no se puede ver sufrir a quien se ama… lo dejé ir… y con él se llevó los mejores recuerdos de cuatro años de una amistad que pudo ser mejor aún…

con el tiempo todo iba bajando sus revoluciones… pero siempre habia algo que aún no me dejaba tranquila… nunca descubrí que era, ni por qué lo sentía… solamente estaba en un momento en el que me convertí en una hoja que llevaba el viento al destino donde debía aprender algo…

Ahora he vuelto por aqui por lo menos para escribir aquello que me ha tocado vivir y de lo que tarde o temprano llegué a entender…!!!

(el de la foto no es mi perro, pero no pude subir la propia… Paquito era mucho más guapo que este jejeje)

Mi primer post gracias a Ismael Serrano

Ayer me encontré con mi ex novio… llevamos separados más de tres años; nos hemos despedido más de tres veces… y las despedidas se olvidan cuando el y yo sucumbimos a encontrar entre nuestros brazos los recuerdos de ese amor que quedó en puntos suspensivos, esa historia inconclusa por los miedos, por los resentimientos y los malos entendidos…

Ayer lo abracé como la primera vez que lo sentí mío, era el mismo lugar donde nuestro amor floreció, y entre el ruido y la ilusión, el tiempo se detuvo entre nuestros brazos. En medio del silencio se escuchaban nuestros corazones que latían al mismo ritmo que un “aún te extraño” que late en el pensamiento…

Hoy no sé cómo, Ismael Serrano se metió en mi computadora, y me caló en lo más profundo de mi ser con este tema… que me hizo recordar que hay amores que a pesar de los años… NUNCA DEJAN DE SER AMORES…!!!

“Recuerdo” Ismael Serrano