“Esto será un mal recuerdo”

Gilson tenía 14 años y leucemia. Yo tenía aproximadamente tres semanas como interna rotativa en el servicio de Onco-Hematología.

Gilson estaba en la segunda cama del último cuarto del pasillo, a la derecha. Yo recorría ese lugar todos los días y varias veces. Mientras él se quedaba ahí en el cuarto conectado a máquinas que le pasaban la medicación.

Todas las mañanas de mis turnos eran una tortura para él. En mi caso era dolor lo que sentía cuando llegaba a eso de las seis y media de la mañana y mientras él dormía plácidamente soñando talvez en que es libre de médicos y enfermeras y de una interna alta que lo despierta con susurros y le pide por favor que le preste un momento su brazo para medir sus signos vitales o sacarle sangre para los exámenes de laboratorio.

Pero él se despertaba cuando le susurraba eso, eso de “¿me prestas un ratito tu brazo por favor?”. Y entonces él empezaba a llorar de enojo y de impotencia. Me quitaba el brazo derecho (recuerdo cada movimiento), me decía “ya no quiero más. Déjeme”. Yo respiraba profundo y le decía: Gilson mírame un momento. Un día esto será nada más que un feo recuerdo. Entonces me daba su brazo.

Los días pasaban y poco a poco Gilson era menos reacio a verme. Creo que era porque veía que su padre y yo nos llevábamos bastante bien y conversábamos y nos hacíamos bromas. Nos encontrábamos por el hospital y me contaba todo lo que había tenido que pasar. “He vendido mis vacas para que él pueda tener un tratamiento. No importa lo que tenga que hacer”. Recuerdo que una tarde el señor se acercó y me preguntó si había almorzado, le respondí que no y me dijo “mejor porque aquí le traje unas galletitas”.

Al terminar mi rotación en Onco-Hematología decidí a pesar de mi escasa destreza en las manualidades hacerles un regalo chiquito. Constaba de una esquela en forma de estrella con el nombre de cada uno de mis pequeños y en el margen otras estrellas azules. Me despedía de cada uno de ellos regalándoles eso y dejándoles un beso. Pero ese día Gilson ya no estaba porque se había ido con el alta a casa. Guardé su estrella y la pegué en el armario de mi cuarto.

Semanas después encontré al papá de Gilson y le pregunté qué pasaba. Gilson tenía una recaída. Fui a verlo y me dijo que le dolían las piernas. Le dije que todo estaría bien.

Yo pasaba por ahí todos los días antes de las ocho de la mañana y después de las dos de la tarde. Una semana después encuentro al papá de Gilson y le pregunto por él y me dice “Está mal. Me lo voy a llevar.” Le pregunto si pidió el alta entonces me dice que no dio autorización para que lo lleven a Terapia Intensiva y continúa con esta frase que se quedó para siempre “quiero que se despida de los hermanos”.

“Doctorita el Gilson está bien mal. Como padre he hecho todo. Eso me queda”.

Subí los seis pisos del hospital más rápido que nunca. Fui a verlo. Ahí estaba lleno de monitores y mangueras, una mascarilla para recibir oxígeno. Sin camiseta. Podía ver lo rápido que respiraba.

Dicen que no es bueno que un estudiante o médico llore con el paciente. Yo lloré porque Gilson no era simplemente mi paciente. Él era esa promesa de que todo lo que pasó “sería un día un mal recuerdo”. Recuerdo que lloraba tanto que mis lágrimas caían sobre su pecho. Entonces abrió los ojos y me miró y me dijo “¡es usted!. No sabía que era usted”.  Le pregunté si le dolía y me dijo que no. Luego me dijo “allá donde me voy van a estar todos mis tíos y mi familia”. Ellos lo esperaban en casa. Tenía que viajar 6 horas en ambulancia hasta un lugar del oriente de este país.

Minutos después llegó su mamá (no la había visto antes) y me dijo “es usted la doctora por la que preguntaba mi hijo. Pidió verla”. Yo acariciaba a Gilson y lloraba. Entonces me pide que por favor le diga a su mamá que le deje poner el pantalón que él quería y podía ponerse. La madre accede.

Le tomé la mano y nos apretamos con fuerza. Talvez porque sería la última vez que nos tocaríamos. Ya no me pedía que lo deje sino me apretaba la mano con cariño y dulzura. Sabía que me iba pero a pesar de eso me lo preguntó. Le respondí que sí. Le lleno los churos de su cabeza de lágrimas y besos y me despido. Me dice “que le vaya bien”.

“Que Dios te bendiga Gilson” fue lo último que le dije. Abracé a su madre y me fui agarrando de cada pared que pude para sostenerme mientras me moría por dentro y me ahogaba en llanto.

Supe con el tiempo que llegó a casa, se despidió de todos y sonrió muchas veces antes de cerrar sus ojos para siempre.

Era febrero del 2012.

Hoy que es el día mundial de la lucha contra el cáncer quisiera decirle a Gilson que su estrella sigue en el baúl de mis recuerdos. Pero que él vive en mi para siempre.

Haciendo maletas, otra vez.

Para ser médicos tenemos que estudiar seis años, a menos que pierdas unos ciclos y esos años se extiendan un poco. Ese no es mi punto hoy.

A partir de séptimo ciclo de la universidad empieza el externado, lo que indica que verás a tus primeros pacientes. Desde ahí esa es la vida que te espera como médico.

Llevo nueve años aproximadamente entre estudiar y ver pacientes, de estos nueve el último ha sido ya como médico. Durante todo este tiempo he aprendido muchas cosas, desde el trato a un paciente hasta reaccionar en cierto tipo de situaciones. Abres los libros y ahí hay varias respuestas, luego conoces a tus residentes y médicos tratantes que siempre te guían para mejorar con respecto al conocimiento sobre ciertos temas. Un día cualquiera hasta te toca manejar solo un caso porque nadie más se encuentra cerca.

Si le sumas estas experiencias a todos los años metido en hospitales, pues se podría decir que hay muchas cosas que sabes hacer y que no te asustarían tanto.

Esa ha sido mi realidad, hasta hoy.

He decidido darme una oportunidad, pero sobre todo he decidido vivir algo diferente. Hace años que la Salud Pública coquetea conmigo, es tan descarada que lo hace sabiendo que toda mi vida mi amor era con la Cirugía. Pero a veces pasa que sin buscar encuentras y te enamoras. Y empiezas a escribir una historia. Esta historia empezó en la universidad cuando recibí “Administración en Salud” y pude ver las cosas desde un panorama distinto, cuando ya me enamoré fue cuando empecé a vivir mi año #ruraleando. Es inevitable pensar en las cosas que se pueden mejorar en varios aspectos de salud, cuando el enfoque empieza en la salud pública.

He decidido dejar de lado las oportunidades de trabajo que me ofertaban ser médico residente de un hospital o clínica. He decidido darle una oportunidad a la Salud Pública, he decidido intentar con ella, ganar experiencia, aprender y aportar. Entonces estaré lista para tomar una decisión, para saber qué haré a futuro.

Hay momentos en los que el pánico se apodera de mi, porque no tengo mayor idea de lo que haré o de cómo empezar. No es lo mismo que llegar al servicio de Cirugía, ver un paciente y decidir el tratamiento y seguir con el resto de pacientes.

Aquí empiezo de cero y empiezo lejos de casa. Llevo tres años seguidos haciendo maletas para salir de Loxa y luego volver a ella. Eso me duele, me agota, pero sobre todo me llena de tristeza porque aquí está mi vida y aquí se acunan mis sueños. Sin embargo sé que para crecer a veces hay que salir.

Hoy he hecho lo que hago siempre que salgo de Loxa por mucho tiempo, he ido y he tomado una foto en el mirador, una foto de esta ciudad. Para llevarla conmigo, para mirarla cuando la sienta lejos, para volver.

Empiezo un nuevo camino, con los sueños por delante. Desde mañana, en Guayaquil.

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“Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo.”  El Principito

Presentación de #ruraleando libro

Aquel viernes que esperé desde diciembre del 2013, había llegado. Desperté llena de ilusión, los nervios no llegaban aún.

La última entrevista en radio, las pruebas del streaming con el equipo de @qoloquio y @fernandozhingre. Todo tomaba forma, faltaban pocas horas para presentar oficialmente mi primer libro, el primer #ruraleando en versión digital.

Estaba feliz y esa felicidad era tan grande que le ganaba a los nervios. Llegué a casa para almorzar con mi hermano y seguir con los preparativos personales, me refiero a eso de la formalidad, gabinete para el peinado que siempre es el mismo, cabello alisado, el maquillaje lo hago yo porque soy pésima para embarrarme de todo lo que sale en la tele, vestido, bisutería, zapatos. Estaba lista, había llegado la hora.

Conectar la computadora al proyector, respirar profundo y esperar.

Llegaban los abrazos inesperados, las flores, los recados que cruzaron el Atlántico gracias a la sobrina de @gabbycorsalas, poco a poco llegaban los invitados.

Era momento de empezar, el programa sería corto, porque no se necesita de muchas cosas para presentar a las personas lo que meses atrás era nada más un sueño.

La presentación del libro estaría a cargo de aquella persona que soñó la escuela de Medicina de la @utpl, un ser humano maravilloso al que admiro y quiero, lo puedo llamar amigo, lo puedo tratar de tu sin miedo a que se ofenda porque no lo trato por su título. Desde La Paz, Bolivia @LMromerof presentaba mi libro, al que promocionó tanto.

Y aquí me detendré un momento, Luis Miguel ya no es el rector de la Universidad Técnica Particular de Loja y sin embargo fue lo más cercano a la universidad en la que me formé como médico que estuvo presente esa noche, a excepción de los representantes de la Camerata Arkos que nos acompañaron con su hermoso talento musical, el maestro Maestro Winfried Miterrer en el piano y el Maestro José Macas en la viola, agradezco a Loreto Sáez y a Isabel Álvarez por su gestión.

Días previos recibí la llamada de la secretaria del actual rector de la universidad, me dijeron “al rector le gustaría reunirse con usted”, así que fui. Hablamos media hora, al inicio recibí una felicitación “por lo que has logrado”, en ese momento me sentí contenta, pero luego descubrí que el rector poco sabía de #ruraleando, entonces es como si una herida previa se te abriera nuevamente. Para ese momento ya había dejado mis invitaciones para algunas autoridades de la universidad así como de la escuela de medicina. Ninguna llegó a la presentación del libro, es más fácil hacer una reunión, escribir un mail o un comentario en el blog sintiendo “orgullo por una ex alumna de la UTPL”, es más fácil sumarte a una lista de correos de ex alumnos para invitarte a misas y cenas… pero a menos que ganes un Nobel, no te darán mayor importancia.

Y no es que odie la universidad, lo que pasa es que me duele, me duele hasta las lágrimas porque sé que puede ser diferente, porque no es que me guste molestar (trollear) sino porque la he visto tan grande tantas veces y otras veces solamente la veo de reojo porque me duele.

Las autoridades representantes del Ministerio de Salud tampoco fueron, pero bueno, la Ministra Vance escribe el epílogo del libro, que ella sepa lo que significa #ruraleando, me llena de alegría y orgullo.

Pero esa era una noche feliz, así que subí al escenario a presentar el fruto de un trabajo disciplinado, lleno de ilusión y cariño, un sueño hecho realidad. Se me quebró la voz cuando les contaba a todos que perdí ciclos y materias pero que el amor de mi familia y mi amor por los sueños me habían permitido seguir adelante, hasta llegar ahí, a presentar mi primer libro.

Recibí con mucho orgullo una condecoración de parte del Municipio de Loxa, me emocioné tanto porque hace mucho tiempo creo que todos los días se puede trabajar por una mejor ciudad, he procurado hacerlo desde el sitio en que me encuentre, pero siempre llevo a Loxa por delante.

Agradezco a todas aquellas personas que me acompañaron esa noche de manera presencial y por streaming, por su apoyo, por su cariño, por alegrarse y festejar conmigo por este momento tan importante en mi vida.

¡Soy feliz, lo soy!

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cuando el cáncer causa metástasis en un médico…

Karla es médico, no de esas que se ven en las series de la tele. Karla es de la vida real, hace turnos, no come a las horas indicadas, casi no duerme… es médico, porque eso hacemos los médicos.

Imagino que en sus turnos atraviesa los pasillos del hospital corriendo tras pacientes, internos y medicos tratantes… Ella es parte de un servicio que casi a ningún médico le gusta, creo que es porque se necesita tener valentía y porque hay mucho dolor siempre… aunque la esperanza… es el elemento fundamental para estar ahí. Es médico residente del servicio de Oncología.

Admiro su forma de amar la medicina, de verla, de soñarla… y admiro que no se ha dejado llevar por la costumbre ni la rutina… y porque a veces se deja golpear por esa enfermedad que ve todos los días… el siempre desagradable cáncer!.

Me ha compartido esta historia que le ha dolido hasta el alma… le pedí que me deje contarla, porque esas historias valen por lo que duelen, por lo que enseñan, por lo que dejan.

Lo he pensado por varios días pues la historia la conozco yo, es de esas historias que se vuelven un poco más allá de la relación médico paciente…

Cristian, con un cáncer germinal testicular y 28 años, lo conocí en mis primeros días de hospital, yo recién llegada y el en recaída, primer acercamiento: la historia clínica, ¿qué lo hizo distinto? Asumo que su juventud, su conciencia de la enfermedad, su esposa, alegre y preguntando todo acerca de él, sumamente nerviosa por el ingreso, eran mis primeros días por lo que los nervios fueron compartidos, dos hijos, 3 y 6 años, él era la cabeza de la familia, mi historia por primera vez se desvió en esa noche en la cama 22 de medicina interna; nos hicimos amigos: Cristian, su esposa y yo…
Al terminar la historia clínica, recuerdo claramente como su esposa me dijo: sólo dios sabe nuestros destinos, y yo tengo fe ¿La tiene usted doctora?, me esbozó una sonrisa. ¿Como iba a explicarle que mi fe y la suya eran distintas? Me arriesgué, le dije que era atea, pero que para mi la vida no te da batallas que no puedas librar… “Eso doctora, es más de lo que he recibido en mucho tiempo”, ese fue nuestro primer abrazo. ¿Por qué lo recuerdo con tanta claridad? A él más que a los otros. Porque solíamos conversar de sus hijos, de las manzanas que yo en un inicio no aceptaba por la aprensión de saber que eran para él, que le gustaban. Porque su esposa estaba a su lado día y noche, se transformaba en un ente dividido entre sus hijos, él, nuestra amistad y lo cotidiano.

Pasaron las quimioterapias. Mejoraba, volvía siempre con la sonrisa por delante, manzanas, conversaciones, futuro, planes. Hasta hace 21 días, su último ingreso, deteriorado, ingresó para manejo clínico, su estado no era el mejor, no había podido hacerse aún la tomografía de control, estaba pendiente su quimio…

Primera pregunta: ¿doc, como lo ve? Él dice que quiere ir pronto a la casa, los bebés están inquietos y yo ahora tuve que conseguir trabajo, no puedo seguir soportando los gastos sin ayuda, tengo que trabajar, ¿cree que sea buena idea trabajar? Yo quiero dividirme pero no puedo (quiero recalcar que su esposa jamás se quebró, hasta ese día, y yo, me quebré con ella) mi suegra me ha dicho que debo quedarme aquí con él, que estoy despreocupada y que él ya no come como antes, pero hago lo posible, mis hijos necesitan las cosas de la escuela, ¿quién nos va a dar algo doctori? Ese fue nuestro segundo abrazo. Duró harto tiempo, y por primera vez el silencio estuvo con nosotros, una suerte de entendimiento del dolor compartido. ¿Ya le hicieron la tomografía? Sí doctora pero los resultados nos los dan el lunes (era domingo), no se preocupe, yo mismo voy a buscarlos.

Por primera vez me sentía sin ganas de conseguir los resultados, como si eso retrasara la noticia, el ojo clínico del medico no miente, esa noche Cristian comenzó su ascitis1 y se le sumó edema de miembros, hicimos un eco abdominal pues la distensión aumentaba, rastros ecográficos de posibles masas en hígado, la imagenóloga nos mira y sutilmente pregunta si teníamos el control, asentimos en silencio, mi compañera y yo conseguimos esas placas: Metástasis pulmonares y hepáticas. El jefe da la noticia. Habla de otra quimio, otra línea, explica las malas condiciones, la sonrisa típica se apaga, el ambiente se hace pesado.

Llega su esposa. Van a conversarlo. Aún están animados. Llega la siguiente guardia, curiosamente la esposa de Cristian no está. No me sorprendía, sabía que trabaja hasta las 4, a la hora de visitas llegaría como siempre, antes de lo esperado gritos en el pasillo, en la primera sala de varones Cristian convulsiona, ¡mierda carajo! eso sólo me deja pensar que ya está en el cerebro! ¿Ya? ¿Tan pronto? ¡No te me vayas ahora, no se te ocurra! Tu esposa no está aquí y los enanos aún no se despiden! ¡Regresa! Regresa de donde quiera que estés! Las convulsiones pararon. Pregunto si me escucha, aún postictal2 me sonríe, asiente, te voy a dejar dormir un poco debes recuperarte… “Yo pensé que eso era todo doc, pero después la oí, y cuando la vi, supe que todavía estaba vivo, lo sabía porque era usted y era su voz, gracias”…

Lo sedamos, de inmediato la tomografía, tres masas, la más grande en corteza, esa era la razón de la convulsión. Pocas horas después su esposa me encuentra en el pasillo: dígame la verdad, nosotras somos amigas ¿ya esta tan pronto en el cerebro?. Respondí como los jefes nos han enseñado que debemos: aparentemente hay masas pero el jefe confirmará mañana cualquier otro dato.

A esta parte de la historia la llamo desmoronarse, romperse, doler el corazón, pasa, pasa con todos los pacientes, pero Cristian y su esposa se habían vuelto mis amigos y eso pesa aún más. “Le agradezco que sea sincera. Quiero pedirle un favor, mis hijos. Quieren verlo, ya se que no pueden entrar al hospital. ¿Usted podría?…” Esa noche entraron 2 enanos enmascarados para abrazarse con su papá, nadie se enteró, ni siquiera mi compañera. No los vi, pero su madre me aseguró que había sido un buen encuentro, también me dijo que Cristian no quería otra quimio. Quería irse a la playa con los pequeños. Recuperó de golpe el apetito, y sonriendo me preguntó si quería una manzanita. Esa noche fue larga, el miércoles se le dio el alta, nuestro tercer abrazo con su esposa y el primero con él. Lo que yo nunca pensé fue que este viernes 7 de febrero a dos días de su alta iba a volver a verme con su esposa que estaba buscándome en consulta externa para darme nuestro cuarto y último abrazo, no necesitó decirme nada. Ya sabía porque estaba ahí, tenía los ojos aguados y aunque no se me es “permitido” ese día yo también lloré…

  1. Acumulación de líquido en cavidad abdominal
  2. Estado después de la convulsión, el paciente casi no escucha ni ve, está casi inconciente

@KlyeliKarla (@klyeli), es la dueña de esta historia, es médico… y es mi amiga!.

Mi ñaña Guti

Fue en el Centro de Convenciones, ahí estaba… llevaba manillas hasta los codos… y vestía de negro con alguna cartera de color. Quién sería? pues era la chica de las mil manillas en los dos brazos.

Días después, coincidíamos en las misma aula de clases. Ella se convertiría en la presidenta del curso y yo me convertiría en la compañera que ella odiaba porque me la pasaba participando en clases y levantando la mano para comentar ciertas cosas.

Ni modo, ¿qué podía hacer? si ella me odiaba, casi puedo imaginar la cara que ponía cuando me veía levantar la mano JAJAJA!!!

Un trabajo en grupo de computación sería el inicio… “tenemos que hacer un trabajo y lo vamos a hacer hoy noche en mi casa” eso fue lo que se acercó a decirme. Para cuando llegó la noche, y ya estábamos en su casa, me presentó a su mamá diciendo algo como “te acuerdas la chica de la universidad que me caía mal? es ella”. Nos reímos como pagadas, tanto que hasta llorábamos de la risa. Así fue el inicio de esta amistad, del odio al amor… recalco que ella me odiaba porque yo ni bola a la man jajaja

Hoy, no es mi compañera, ni la chica de manillas en los brazos… hoy es eso y más! hoy es mi hermana del alma! Llegó a mi vida en el tiempo justo. Me ha sostenido de las caídas, me ha dejado caer si ha sido necesario, me ha levantado, me ha sacado risas y sonrisas, lágrimas y suspiros, me ha abrazado, me ha puteado, me ha hecho su hermana.

Tanto he vivido con ella… TANTO que hasta la convencí y me la llevé a Quito para el internado. Y que año que vivimos! risas, llantos, mocos, más llantos, más risas… y las fiestas y noches de “El Puñal”

guti y yoGuti, este año no me he comprado un vestido por tu cumpleaños, ni me he disfrazado de mujercita para festejarlo. Hoy estoy en el cuarto de un hotel escribiendo este post para tí. Con los brazos que me duelen por no poder abrazarte, por no poder decirte que TE AMO ESTÚPIDA! por no poder mirarte a los ojos y decirte todo lo que hoy te dije cuando te llamé. Me haces falta! tú y tu risa escandalosa… tu y tu ñoñería y vanidad… tú y tus ideas ridículas como “el vestido rojo”… osea a la final me sigues faltando tú!

Feliz cumpleaños ñaña! tu vida ha cambiado mi vida! eres una bendición de Dios! soy feliz de llamarte amiga, pero llevo con gran orgullo poder decirte ÑAÑA!

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Feliz cumpleaños #LoxaEsMás

LoxaEsMas

Hace un año… a esta hora nacía #LoxaEsMas!!!

A lo mejor y no lo recuerdan, pero si les hablo de un Henry Bustamante ahí si de ley se acuerdan.

El punto es el siguiente, yo hace un año, decidí dejar de esperar para empezar a hacer. Yo estaba lejos de Loxa, como hoy, sin embargo el acceso a las redes me permitía leer aquellos tweets de lo que los lojanos se quejaban… que hayan dicho que comemos perro. Eso sería el inicio de LoxaEsMas porque mientras unos aborrecían a aquel individuo que hizo ese comentario, otros empezamos a despertarnos para exigir una mejor ciudad.

Con gran orgullo puedo decir que soy parte del colectivo desde el inicio a pesar de la distancia. He caminado con #LoxaEsMas, he crecido con el colectivo, me he involucrado con el mismo… recuerdo claramente aquel viernes 29 de junio del 2012 en el que cambié urgentemente uno de mis turnos como interna rotativa, para poder viajar a Loxa y pegar por lo menos el primer twitcallejero y regresar a Quito esperando leer sobre la reacción de la gente en la ciudad. Talvez nunca imaginé que eso que hicimos tuviera un eco tan grande como lo tuvo. Luego la presentación en el cabildo, luego el maravilloso podcast que por ejemplo hoy sábado podríamos escuchar… pero…

Mi sueño por Loxa es inmenso… inmenso… más de una vez la imagino grande, inmensa, como referente de este país… Eso es para mi #LoxaEsMas!!! Por eso lucho todos los días, desde cualquier sitio, hace un año desde Quito, ahora desde Latacunga. El objetivo es ese, volver y crecer… crecer en Loxa… luchar por Loxa…

Y creo que todo sería más fácil si es que hiciéramos una ciudad así!

“mi ciudad llena de innovadores y menos alcanfores”

ORGULLOSAMENTE SOY PARTE DE #LoxaEsMas!!!

El Dr. iPhone

Hasta enero del año pasado no conocía el nombre de aquel muchacho alto que conocí en mi rotación en la maternidad Isidro Ayora, el mismo con el que nunca crucé más palabras que “gracias por ayudarme”; y que alguna vez me compró una Coca Cola porque no pude salir a comer.

Para cuando llegué al Hospital de Niños Baca Ortíz… lo volví a ver, definitivamente me alegró verlo porque a pesar de que no sabía ni su nombre era una cara familiar en medio de un hospital lleno de desconocidos. Parte de nuestra vida transcurrió en el subsuelo del hospital, donde los pinches internos llevábamos a los pequeñines para hacerles las radiografías… lo que involucraba recibir la respectiva irradiación.

Una tarde, coincidimos en la espera del ascensor así que empezamos a conversar, ahí leí su nombre en su uniforme… Se llama Eduardo… conversamos y nos reímos un montón!!! entre todo hablamos de los productos Apple y el buen Steve Jobs… de ahí salieron los apodos con los que nos tratamos… yo le digo iPhone y el me dice iPad

Ese fue el inicio de una gran y sincera amistad… entre turnos, konitos de chocolate, cigarrillos, irradiadas… así íbamos conversando de la vida, de los miedos, de los proyectos… de su familia… de su hermoso enano. Una tarde mientras hablábamos de la vida, me contó sobre la nostalgia que le daba pensar en la infancia y en lo mucho que cambiamos con los años. Entonces ese mismo instante decidí que le regalaría mi libro favorito “El Principito”; una vez que se lo regalé, le pedí que se lo leyera a su hijo cuando crezca…

Será un gran cirujano, es un apasionado con lo que hace, un día tuve la oportunidad de operar con él… fue tan chévere!!! hasta teníamos la costumbre de chocar las cabezas como señal de festejo jajaja… Será un gran cirujano!!! y para mí será un honor algún día volver a operar con él!

Hoy es su cumpleaños!!! y de verdad me gustaría darle un gran abrazo… y bueno, la distancia no colabora mucho con eso… así que por fin he decidido pagarle la deuda de un post que quería escribirle hace rato!

GRACIAS iPhone!!! por la amistad sincera, por los consejos, por el apoyo… tus sueños se harán realidad, serás tan buen cirujano como eres un gran padre y esposo… Dios llenará tu vida de alegrías, de éxito, te regalará la dicha de recorrer un camino donde cosecharás aquello que a pulso y con gran dedicación has sembrado…

y yo… yo te veré hacer realidad todo eso…!!!

FELIZ CUMPLEAÑOS iPhone!!! en tu honor sonará una buena cumbia… 😉

“llorando como yo lloro mi soledad…”

Hace 20 años me desperté sabiendo únicamente una cosa, era el cumpleaños de la abuelita Sara…

Las horas pasaron mientras yo estaba en la escuela, a la hora de salida uno de los empleados de la empresa de mis papis me fue a recoger, eso ya era bastante raro… le pregunté por ellos y me dijo “están en casa, ya hablarás con ellos”…

Llegué a casa y veía gente y maletas… y no entendía nada…

Encontré a mamá y le pregunté: ¿qué pasa? , me contestó que mi abuelo había muerto… Yo tenía 8 años, a veces no entendía ni los deberes que me enviaban a casa… cómo… cómo podría entender que el hombre más hermoso de mi vida se había muerto?

El abuelo llevaba años enfermo… era hipertenso, lo que era una gran excusa para vernos mínimo una vez al mes, acompañarlo a la cita del médico y pedirle que al salir del edificio me deje jugar en la rampa de baldosa café que había en la entrada… también nos permitía jugar a médico y paciente, o me enseñaba a contar los billetes de mil sucres que venía cambiando en el banco para poder ser cajera… cantar canciones, reír a carcajadas, arrastrarnos por el piso de la sala… Incluso coleccionar una de las mejores cicatrices que tengo, la de la quijada, cuando me la partí mientras subía las gradas, comiendo un delicioso “Tango” comprado en la tienda de la esquina y que no recuerdo haber terminado porque ya las rodé todas…

De repente, una hemorragia cerebral se llevó la mitad por no decir a casi todo mi abuelo…   No volví a escuchar su voz, no cantamos nunca más… ni caminamos por ningún lugar porque sus piernas no se movían… y una de sus manos se quedó cerrada para siempre… entonces tampoco jugamos a contar billetes de mil… ahí estaba el abuelo, sentando en un mueble en el cuarto de a lado…

Yo me la pasaba con él… cantándole canciones que me enseñó y que hasta hoy recuerdo y atesoro… riendo de lo que le contaba… recuerdo un cumpleaños en el que subí a tomarme una foto con él… estábamos felices… siempre fuimos felices juntos…!!!

Los días pasaron y la abuelita decidió llevarlo a su pueblo… Entonces ya no veía al abuelo tan seguido… y cuando iba a verlo, estaba igual… hasta que poco a poco se ponía peor… pero yo era una niña… que apenas estaba en tercer grado… que sentía que tenía derecho a tener un abuelo para siempre… porque a la final los abuelos no deben morirse nunca!!!

Un 6 de enero, hace 20 años… el mismo día cuando los reyes magos llegan con regalos, el mismo día del cumpleaños de la Sarita, su amada esposa… ese mismo día se me fue para siempre… y se llevó con él la parte de mi vida que me falta todos los días…

A partir de aquella mañana hace 20 años, todos los 6 de enero espero a los reyes magos a ver si me traen a mi abuelo de regreso… pero no llegan… no llegan con él… a ratos me dan ganas de subir al cielo y arrancar a mi abuelo de las nubes… sentarlo un momento conmigo y llevarlo de vuelta… pero no se puede… no lo alcanzo… y eso duele…

Hoy la Sarita, su amada compañera, cumplió 95 años!!! a ratos pienso que el abuelo como regalo de cumpleaños decidió irse para que ella no sufriera ni se desgastara con su enfermedad… Creo que el amor hace esas cosas…

Hoy recuerdo la canción que cantábamos con el abuelo… a veces pienso que me la canta desde el cielo, que dice:

“Pobrecita mi guambrita, qué hará qué hara? sentadita en la playa solita está… Cantando como yo canto San Juan, San Juan, llorando como yo lloro mi soledad” y pues sí yo lloro la soledad que me dejó mi abuelo…

http://www.goear.com/listen/98ee30a/cantando-como-yo-canto-san-juanito-ecuatoriano-max-berru

Hoy, en unas horas diserto mi tesis… y en lo que más pienso es en lo hermoso que sería poder mirar los ojos del abuelo mientras me gradúo como médico…

2012, uno de los mejores años de mi vida!!!

lo inicié con pie derecho! cubriendo unas horas en el servicio de Emergencia de la clínica rodeada de personas que durante gran tiempo se convirtieron en mi familia… ese sería solamente el inicio del que hasta hoy puedo describir como uno de los mejores años de mi vida, por no decir que fue el mejor.

Enero y febrero marcarían mi vida para siempre, con la rotación en el Baca Ortíz… Niños con cáncer ganándose mi corazón… mi primera propuesta de matrimonio por parte de Juanito (mi paciente con leucemia), Samuel, Julián, Maykel volviendo a casa… la muerte de Sisa, de Dayana, de Genesis, de Gilson por el asqueroso y estúpido cáncer…

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La gran amistad con el Dr. iPhone (Edu Pozo) entre tabacos y konitos de chocolate.  Así fuimos haciéndonos amigos entre contarnos historias, miedos, sueños… y con el tiempo hasta llegamos a operar juntos… (aún te debo un post).

El servicio de “Lactantes” con San Dinor que dejó la foto en el altar de la iglesia para poder ser pediatra y ayudarnos con sus conocimientos… la toma de signos, los paseos en ambulancias.  Encontrar a Amalia y a MIlagros su hija a la que conocimos en la panza de su mamá y que parecía que no nacería (por eso su nombre), las risas, los tamales, el Cantaclaro, mi accidente en la cooperativa, volver a ver a Mathías y cargarlo entre mis brazos, despedirle de “Miguicho” cuando por fin dejó de chuparse el oxígeno y se curó la neumonía…

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Desde marzo hasta agosto la vida de pinche interna sería en la Clínica Pichincha en “medicina interna” y luego en “CIRUGÍA” y “traumatología” … todos los días aprendiendo algo conociendo gente maravillosa, pasando junto al jefe en las entregas de turno con la guti porque mucha bulla hacíamos jajajaja!!! “Denisse, Guti… vengan adelante y siéntese una a cada lado”!!!  Conociendo residentes que con el tiempo se convertirían en grandes amigos.  Poco a poco veía mi sueño hacerse realidad, sería cirujana cuando sea grande!!! Nunca sentí tanta pasión por algo desde que dejé el basket, empecé medicina y entré a un quirófano…

Todo se hacía más llevadero con las personas que me acompañaron en ese momento de mi vida, fiestas, promociones de pizza, mojitos, borracheras, conciertos, cumpleaños, bailes, historias… y aquella inolvidable noche de teatro “La casa de Bernarda Alba”, o la noche de suerte con Pablo y Pao que ella y yo entramos gratis al concierto de Jorge Drexler… o cuando fuimos con un poco de locos al Cotopaxi y tomábamos Cantaclaro para ganar fuerzas y subir (hasta el refugio) jaja…

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compinches

 

Quiero agradecer a Mau por todo aquello que en su tiempo me permitió conocer de él y de mi… lo mejor para tí siempre

Mau

En agosto egresé como Doctora!!! ese fue el mejor momento de mi vida!!! lo mejor del 2012.  Es una lástima que el abuelo no pueda verlo…

y por fin conocí a Botellas arrojadas al mar y me llené de alegría al saber que es hasta más hermoso de lo que imaginé que era… compartimos las historias, los sueños, las risas, los abrazos…

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Desde septiembre acá los días han sido más difíciles, volver a casa de los papás, a las reglas a las diferencias… la tesis del mal que me ha sacado problemas, lágrimas, enojos, suspiros, problemas y problemas… pero ya la terminé y con eso empiezo el 2013 disertando esa tortura y haciendo si Dios lo permite mi año rural…

Hay algo que me llenó… y fue la sonrisa de un niño… se llama Sebastián y trajo a la familia la alegría que trae la inocencia de un niño… las risas, los juegos, los juguetes…

Sebas

lo mejor de todo… de todo lo vivido… es haber caminado y compartido todo esto con aquel socio… el compañero de los buenos y malos momentos…

y bueno solo me queda agradecer a Dios por este maravilloso año… por la historia que ha escrito para mí y porque en esa historia me ha dejado hacer lo que amo…

FELIZ AÑO A TODOS!!! gracias por ser parte de mi vida

La Marida

Usualmente empiezo las historias contando cómo conocí a las personas a quienes les dedico mis posts.  Con la marida es distinto, porque no tengo una fecha o una referencia exacta de cuando la conocí, solo recuerdo que fue la primera sonrisa que encontré en un curso que me era desconocido y nuevo.

Los días pasaron, me permitió ser su compañera en los trabajos en grupo, me presentó a otras chicas que serían mis amigas de esa parte de mi vida.  Con el tiempo empecé a conocerla un poquito más, escuché su carcajada tan peculiar, hasta logré conocer que a veces reía para no llorar.

Una tarde la invité a un partido del interescuelas y fue a hacernos barra, la invité a mi casa y le brindé mandarinas, poco a poco la vida nos iba preparando para lo que vendría.

Otra tarde, tomamos el mismo bus para regresar a casa, en medio del recorrido mientras yo le confesaba una parte de mi vida ella me confesaba una similar.  Éramos más parecidas de lo que imaginamos, la vida nos había moldeado fuertemente y luego hizo que nos encontremos, para hacer un episodio juntas.

Estábamos en la etapa de escoger la plaza del internado, cuando fuimos a Quito a dar los exámenes supe que ella me acompañaría durante ese año de mi vida.  Lo supe mientras tomamos un taxi y nos pasaron varias cosas esa tarde.  Ella estaba indecisa, entonces le dije algo de lo que no me arrepentiré nunca “te vas conmigo a Quito”, ella a veces quería quedarse en Loja y a veces irse.  A la final emprendimos un viaje a algo más que un simple año académico.

Era un poco insegura, impaciente (eso sigue siendo), se veía en sus ojos el miedo a enfrentarse a una nueva ciudad y a un reto más grande;  poco a poco y diariamente ella misma se sorprendía.

La vi atender partos (foto del final de la rotación en la maternidad), atender niños, entrar a cirugías, hacer electrocardiogramas, la vi convertirse en doctora durante los mejores 365 de nuestras vidas.  

Pero sobre todo la vi reír a carcajadas, la vi bailar de la emoción, la escuchaba gritarle amor a sus artistas favoritos mientras los veía en youtube, la vi llorar de impotencia, de ira, de tristeza, la vi llenarse de ilusión… la vi crecer como ser humano

Aprendimos a conocernos tanto que sabíamos cuando hablar y cuando no, sabía cuando estaba de malas y ella igual.  Nos moldeamos, éramos como les decíamos a todos “un matrimonio ejemplar”, estaba prohibido engañarnos con otra mujer, con un hombre si se valía 😀

Entre los recuerdos más grandes que tengo de ella, una mañana de octubre en la que la asusté porque grité como si hubiese encontrado a un ladrón y en realidad era porque me enteraba en ese instante que Ismael Serrano llegaba a Quito, una noche de octubre que me sostuvo en sus brazos para no caerme por una gran tristeza y aquel día de mi cumpleaños que rodeada de muchos, busqué su hombro para llorar mientras le contaba que mi papi me había escrito una carta después de años de no hacerlo.  Me abrazó! como lo hacía siempre, me dejó apoyarme en ella siempre! me sostuvo, me enseñó más que el sentido de la convivencia… me enseñó que una amistad está llena de buenos y malos momentos, pero que son los malos los que nos hacen verdaderas amigas, porque salir de ellos es lo complicado.

Un 31 de agosto de un año que parecía que no terminaría nunca, egresamos como médicos de esta patria.  Hicimos realidad nuestro sueño, sobrevivimos juntas a meses sin sueldo, a malos entendidos, a mal genios, a amores y desamores, a el inolvidable arroz salado, al trágico taponamiento del baño, a nuestro cambio en el hábito de la comida porque se hizo vegetariana, a las malas noches… y a la traumatología jaja.

Hoy la marida empieza su año rural.  Si supieran el orgullo que siento, tengo la seguridad que la mujer que va otro año más fuera de casa es mucho más segura y más confiada que la que fue conmigo hace un año a Quito.

Me escribió esto en  twitter  me sacó lágrimas y me hizo un nudo en el corazón!  Como si a veces no extrañara encontrarla en la cocina, o cuando me maquillo y me acuerdo que le encanta tanto el maquillaje que hasta veía videos en youtube, o los domingos al desayuno cuando no hay sango ni café filtrado, o cuando busco sus brazos para un abrazo, o como cuando pongo las canciones que le gustan solamente para sentirla más cerca.

Donde quiera que vayas marida linda, solo recuerda lo que te dije siempre “mírate al espejo y dime si no te llena de orgullo ser la mujer que ves ahí reflejada”.  Por ahora yo me quedo por aquí, cuidando en silencio tu caminar por si algún día te cansas o te asustas, entonces estar ahí para caminar contigo y alivianar el viaje.

“Llegaremos a tiempo – Rosana”

TE AMO KATHERINE ELIZABETH GONZAGA AGUILAR DE CALLE CELI !!!