“llorando como yo lloro mi soledad…”

Hace 20 años me desperté sabiendo únicamente una cosa, era el cumpleaños de la abuelita Sara…

Las horas pasaron mientras yo estaba en la escuela, a la hora de salida uno de los empleados de la empresa de mis papis me fue a recoger, eso ya era bastante raro… le pregunté por ellos y me dijo “están en casa, ya hablarás con ellos”…

Llegué a casa y veía gente y maletas… y no entendía nada…

Encontré a mamá y le pregunté: ¿qué pasa? , me contestó que mi abuelo había muerto… Yo tenía 8 años, a veces no entendía ni los deberes que me enviaban a casa… cómo… cómo podría entender que el hombre más hermoso de mi vida se había muerto?

El abuelo llevaba años enfermo… era hipertenso, lo que era una gran excusa para vernos mínimo una vez al mes, acompañarlo a la cita del médico y pedirle que al salir del edificio me deje jugar en la rampa de baldosa café que había en la entrada… también nos permitía jugar a médico y paciente, o me enseñaba a contar los billetes de mil sucres que venía cambiando en el banco para poder ser cajera… cantar canciones, reír a carcajadas, arrastrarnos por el piso de la sala… Incluso coleccionar una de las mejores cicatrices que tengo, la de la quijada, cuando me la partí mientras subía las gradas, comiendo un delicioso “Tango” comprado en la tienda de la esquina y que no recuerdo haber terminado porque ya las rodé todas…

De repente, una hemorragia cerebral se llevó la mitad por no decir a casi todo mi abuelo…   No volví a escuchar su voz, no cantamos nunca más… ni caminamos por ningún lugar porque sus piernas no se movían… y una de sus manos se quedó cerrada para siempre… entonces tampoco jugamos a contar billetes de mil… ahí estaba el abuelo, sentando en un mueble en el cuarto de a lado…

Yo me la pasaba con él… cantándole canciones que me enseñó y que hasta hoy recuerdo y atesoro… riendo de lo que le contaba… recuerdo un cumpleaños en el que subí a tomarme una foto con él… estábamos felices… siempre fuimos felices juntos…!!!

Los días pasaron y la abuelita decidió llevarlo a su pueblo… Entonces ya no veía al abuelo tan seguido… y cuando iba a verlo, estaba igual… hasta que poco a poco se ponía peor… pero yo era una niña… que apenas estaba en tercer grado… que sentía que tenía derecho a tener un abuelo para siempre… porque a la final los abuelos no deben morirse nunca!!!

Un 6 de enero, hace 20 años… el mismo día cuando los reyes magos llegan con regalos, el mismo día del cumpleaños de la Sarita, su amada esposa… ese mismo día se me fue para siempre… y se llevó con él la parte de mi vida que me falta todos los días…

A partir de aquella mañana hace 20 años, todos los 6 de enero espero a los reyes magos a ver si me traen a mi abuelo de regreso… pero no llegan… no llegan con él… a ratos me dan ganas de subir al cielo y arrancar a mi abuelo de las nubes… sentarlo un momento conmigo y llevarlo de vuelta… pero no se puede… no lo alcanzo… y eso duele…

Hoy la Sarita, su amada compañera, cumplió 95 años!!! a ratos pienso que el abuelo como regalo de cumpleaños decidió irse para que ella no sufriera ni se desgastara con su enfermedad… Creo que el amor hace esas cosas…

Hoy recuerdo la canción que cantábamos con el abuelo… a veces pienso que me la canta desde el cielo, que dice:

“Pobrecita mi guambrita, qué hará qué hara? sentadita en la playa solita está… Cantando como yo canto San Juan, San Juan, llorando como yo lloro mi soledad” y pues sí yo lloro la soledad que me dejó mi abuelo…

http://www.goear.com/listen/98ee30a/cantando-como-yo-canto-san-juanito-ecuatoriano-max-berru

Hoy, en unas horas diserto mi tesis… y en lo que más pienso es en lo hermoso que sería poder mirar los ojos del abuelo mientras me gradúo como médico…

2012, uno de los mejores años de mi vida!!!

lo inicié con pie derecho! cubriendo unas horas en el servicio de Emergencia de la clínica rodeada de personas que durante gran tiempo se convirtieron en mi familia… ese sería solamente el inicio del que hasta hoy puedo describir como uno de los mejores años de mi vida, por no decir que fue el mejor.

Enero y febrero marcarían mi vida para siempre, con la rotación en el Baca Ortíz… Niños con cáncer ganándose mi corazón… mi primera propuesta de matrimonio por parte de Juanito (mi paciente con leucemia), Samuel, Julián, Maykel volviendo a casa… la muerte de Sisa, de Dayana, de Genesis, de Gilson por el asqueroso y estúpido cáncer…

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La gran amistad con el Dr. iPhone (Edu Pozo) entre tabacos y konitos de chocolate.  Así fuimos haciéndonos amigos entre contarnos historias, miedos, sueños… y con el tiempo hasta llegamos a operar juntos… (aún te debo un post).

El servicio de “Lactantes” con San Dinor que dejó la foto en el altar de la iglesia para poder ser pediatra y ayudarnos con sus conocimientos… la toma de signos, los paseos en ambulancias.  Encontrar a Amalia y a MIlagros su hija a la que conocimos en la panza de su mamá y que parecía que no nacería (por eso su nombre), las risas, los tamales, el Cantaclaro, mi accidente en la cooperativa, volver a ver a Mathías y cargarlo entre mis brazos, despedirle de “Miguicho” cuando por fin dejó de chuparse el oxígeno y se curó la neumonía…

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Desde marzo hasta agosto la vida de pinche interna sería en la Clínica Pichincha en “medicina interna” y luego en “CIRUGÍA” y “traumatología” … todos los días aprendiendo algo conociendo gente maravillosa, pasando junto al jefe en las entregas de turno con la guti porque mucha bulla hacíamos jajajaja!!! “Denisse, Guti… vengan adelante y siéntese una a cada lado”!!!  Conociendo residentes que con el tiempo se convertirían en grandes amigos.  Poco a poco veía mi sueño hacerse realidad, sería cirujana cuando sea grande!!! Nunca sentí tanta pasión por algo desde que dejé el basket, empecé medicina y entré a un quirófano…

Todo se hacía más llevadero con las personas que me acompañaron en ese momento de mi vida, fiestas, promociones de pizza, mojitos, borracheras, conciertos, cumpleaños, bailes, historias… y aquella inolvidable noche de teatro “La casa de Bernarda Alba”, o la noche de suerte con Pablo y Pao que ella y yo entramos gratis al concierto de Jorge Drexler… o cuando fuimos con un poco de locos al Cotopaxi y tomábamos Cantaclaro para ganar fuerzas y subir (hasta el refugio) jaja…

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compinches

 

Quiero agradecer a Mau por todo aquello que en su tiempo me permitió conocer de él y de mi… lo mejor para tí siempre

Mau

En agosto egresé como Doctora!!! ese fue el mejor momento de mi vida!!! lo mejor del 2012.  Es una lástima que el abuelo no pueda verlo…

y por fin conocí a Botellas arrojadas al mar y me llené de alegría al saber que es hasta más hermoso de lo que imaginé que era… compartimos las historias, los sueños, las risas, los abrazos…

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Desde septiembre acá los días han sido más difíciles, volver a casa de los papás, a las reglas a las diferencias… la tesis del mal que me ha sacado problemas, lágrimas, enojos, suspiros, problemas y problemas… pero ya la terminé y con eso empiezo el 2013 disertando esa tortura y haciendo si Dios lo permite mi año rural…

Hay algo que me llenó… y fue la sonrisa de un niño… se llama Sebastián y trajo a la familia la alegría que trae la inocencia de un niño… las risas, los juegos, los juguetes…

Sebas

lo mejor de todo… de todo lo vivido… es haber caminado y compartido todo esto con aquel socio… el compañero de los buenos y malos momentos…

y bueno solo me queda agradecer a Dios por este maravilloso año… por la historia que ha escrito para mí y porque en esa historia me ha dejado hacer lo que amo…

FELIZ AÑO A TODOS!!! gracias por ser parte de mi vida

Jugando a ser Doctora con mi abuelo de paciente


Lo escribí el 15 miércoles 15 de Julio del 2009; se trataba de una tarea… Hacer un ensayo sobre el estudiante de medicina en la sociedad… y bueno; después de dos años y 13 dias… HOY LO PUBLICO PORQUE AYER FUE MI ÚLTIMO DÍA COMO ESTUDIANTE DE MEDICINA EN LA UNIVERSIDAD… y quería contarles el hermoso inicio de este MARAVILLOSO sueño, que parece hacerse realidad…

 

Hace casi dos décadas, un hombre de campo, lleno de sueños e ilusiones, con los años marcando cada línea de su rostro y con sus manos con las cicatrices que solo un hombre de pueblo conoce; me enseñó lo que hoy conozco como la técnica de percutir.

Todo empezó como un juego, el mejor juego que según yo mi abuelo había inventado, a sus aproximadamente 76 años, se acostaba en el piso, tomaba mi mano y la ponía en su abdomen, luego cogía mi dedo y hacía que por alguna extraña razón éste al golpear el dedo de mi otra mano, emita un sonido que hasta hace poco pude reconocer y nombrar.

 

Así empezó este sueño, en medio de risas y travesuras.  En mi familia no ha existido antes un médico, a nadie le interesó esta profesión, y a mi abuelo que le gustaba, el destino le había cerrado las puertas de la ciencia.  Sin embargo y a pesar de las burlas de la gente, había aprendido una que otra cosa de la medicina.

 

Ya los años se han ido, al igual que mi abuelo.  Es lamentable que no pueda ver cómo su juego me encendió esta llama viva que llevo dentro por ser médico,  daría lo que fuera porque me viese vestida de blanco, con un mandil y un fonendoscopio colgando de mi cuello.   De seguro que sonreiría y lograría ver sus dos únicos dientes.

 

Cuando empecé a estudiar esta carrera, vine llena de sueños, ilusiones, planes.  Sabía que mi carrera exigía mucha dedicación, tiempo y sacrificios;  siempre estuve segura de lo que quería… así que con el tiempo fui dejando atrás aquello que hacía de mi vida algo maravilloso para empezar una nueva etapa.  El tiempo faltaba para los deberes, las lecciones, los trabajos; así que el basket y las salidas con la familia y los amigos se quedaron de lado. 

 

Hubo varias noches en las que quise dejar todo, que ya no quería estudiar más,  que sentía que perdía a la gente que quería por encerrarme entre libros y ciencia, y me preguntaba si valía la pena dejar tanto por algo que ni siquiera sabía si iba a resultar.

 

Los días pasaron hasta cuando encontré la razón perfecta para amancerme entre libros, para permanecer despierta, para investigar.  Fue el nacimiento de un niño, el primer neonato que recibí en mis brazos; fue su llanto el que me cautivó y me dió la razón necesaria para seguir adelante, fue su inocencia la que me invitó a ser mejor para defenderlo.

 

¿Qué hace un estudiante de medicina en la sociedad?  Simple, es una herramienta de Dios.  Es una persona llena de ilusiones y sueños, que se hacen realidad paso a paso.  El estudiante de medicina tiene la capacidad de caer y levantarse diariamente, de que su orgullo le estimule a corregir sus errores después de que alguien se burló de su respuesta,  que se alegra cuando acierta su primer diagnóstico, que acepta la guía de aquellos que son sus maestros y le permiten equivocarse y errar sin reprochar su ignorancia y que repele a aquellos que han crecido más en ego que en solidaridad.

 

Mis metas como estudiante de medicina son servir, entregar lo mejor de mí en cada instante, que no importe la gente que llega a mi, no importa su color de piel, sus creencias, sus ideologías, importa aquello que puedo hacer por ellas para regalarles una mejor vida, mi meta es sonreír porque estoy convencida que una sonrisa puede más que un medicamento, mi anhelo es ser sencilla y humilde siempre, no importa cuánto sepa sobre la medicina, me encantaría siempre estar dispuesta a conocer a gente que sea mejor que yo y de la que pueda aprender.  Me avergonzaré cuando un cheque o un paquete de billetes gobiernen mi mente y mi vida, cuando trate a un paciente como un cliente que solamente me beneficia para tener dinero,  repudiaré en mí el egoísmo y la hipocresía cuando de enseñar y mejorar se trate.

 

Y seré feliz cuando la sociedad me juzgue no por los bienes materiales que he conseguido por mi profesión, o la cantidad de dinero que tenga en el banco sino por el número de sonrisas que recibo de la gente mientras camino por la calle.  A la final lo único que tenemos en la vida son los recuerdos que cada ser deja en nuestras almas,  de seguro más de uno recordará mi nombre por los errores que cometí y por aquellos que pude corregir y que les regalaron felicidad.

 

Pppptssssss… eeey abuelo… qué dices si esta noche mientras duermo, me llevas de paseo como cuando me dejabas acompañarte al médico… y me prometías que a la salida me dejarías jugar en la “bajadita” de las gradas…

Si prefieres no jugamos a la doctora y al paciente, pero te parece si de regreso tomamos el camino más largo, me compras el Tango® y conversamos? Es que no tienes idea todo lo que ha pasado en estos 18 años.  Dale abuelo… no seas flojo… TE NECESITO…

 Pd:  Te acuerdas de esta foto? siii es la misma… la que puse hace un tiempo en tu nicho.  Y te adjunté una nota que dice: Mira abuelo, hago de nuestro juego una profesión… TE AMO…

Pd #2:  A que no sabes una cosa? ahora tengo un Littmann pinteraso…!!! si quieres esta noche te lo presto para que juegues 😀