cuando el cáncer causa metástasis en un médico…

Karla es médico, no de esas que se ven en las series de la tele. Karla es de la vida real, hace turnos, no come a las horas indicadas, casi no duerme… es médico, porque eso hacemos los médicos.

Imagino que en sus turnos atraviesa los pasillos del hospital corriendo tras pacientes, internos y medicos tratantes… Ella es parte de un servicio que casi a ningún médico le gusta, creo que es porque se necesita tener valentía y porque hay mucho dolor siempre… aunque la esperanza… es el elemento fundamental para estar ahí. Es médico residente del servicio de Oncología.

Admiro su forma de amar la medicina, de verla, de soñarla… y admiro que no se ha dejado llevar por la costumbre ni la rutina… y porque a veces se deja golpear por esa enfermedad que ve todos los días… el siempre desagradable cáncer!.

Me ha compartido esta historia que le ha dolido hasta el alma… le pedí que me deje contarla, porque esas historias valen por lo que duelen, por lo que enseñan, por lo que dejan.

Lo he pensado por varios días pues la historia la conozco yo, es de esas historias que se vuelven un poco más allá de la relación médico paciente…

Cristian, con un cáncer germinal testicular y 28 años, lo conocí en mis primeros días de hospital, yo recién llegada y el en recaída, primer acercamiento: la historia clínica, ¿qué lo hizo distinto? Asumo que su juventud, su conciencia de la enfermedad, su esposa, alegre y preguntando todo acerca de él, sumamente nerviosa por el ingreso, eran mis primeros días por lo que los nervios fueron compartidos, dos hijos, 3 y 6 años, él era la cabeza de la familia, mi historia por primera vez se desvió en esa noche en la cama 22 de medicina interna; nos hicimos amigos: Cristian, su esposa y yo…
Al terminar la historia clínica, recuerdo claramente como su esposa me dijo: sólo dios sabe nuestros destinos, y yo tengo fe ¿La tiene usted doctora?, me esbozó una sonrisa. ¿Como iba a explicarle que mi fe y la suya eran distintas? Me arriesgué, le dije que era atea, pero que para mi la vida no te da batallas que no puedas librar… “Eso doctora, es más de lo que he recibido en mucho tiempo”, ese fue nuestro primer abrazo. ¿Por qué lo recuerdo con tanta claridad? A él más que a los otros. Porque solíamos conversar de sus hijos, de las manzanas que yo en un inicio no aceptaba por la aprensión de saber que eran para él, que le gustaban. Porque su esposa estaba a su lado día y noche, se transformaba en un ente dividido entre sus hijos, él, nuestra amistad y lo cotidiano.

Pasaron las quimioterapias. Mejoraba, volvía siempre con la sonrisa por delante, manzanas, conversaciones, futuro, planes. Hasta hace 21 días, su último ingreso, deteriorado, ingresó para manejo clínico, su estado no era el mejor, no había podido hacerse aún la tomografía de control, estaba pendiente su quimio…

Primera pregunta: ¿doc, como lo ve? Él dice que quiere ir pronto a la casa, los bebés están inquietos y yo ahora tuve que conseguir trabajo, no puedo seguir soportando los gastos sin ayuda, tengo que trabajar, ¿cree que sea buena idea trabajar? Yo quiero dividirme pero no puedo (quiero recalcar que su esposa jamás se quebró, hasta ese día, y yo, me quebré con ella) mi suegra me ha dicho que debo quedarme aquí con él, que estoy despreocupada y que él ya no come como antes, pero hago lo posible, mis hijos necesitan las cosas de la escuela, ¿quién nos va a dar algo doctori? Ese fue nuestro segundo abrazo. Duró harto tiempo, y por primera vez el silencio estuvo con nosotros, una suerte de entendimiento del dolor compartido. ¿Ya le hicieron la tomografía? Sí doctora pero los resultados nos los dan el lunes (era domingo), no se preocupe, yo mismo voy a buscarlos.

Por primera vez me sentía sin ganas de conseguir los resultados, como si eso retrasara la noticia, el ojo clínico del medico no miente, esa noche Cristian comenzó su ascitis1 y se le sumó edema de miembros, hicimos un eco abdominal pues la distensión aumentaba, rastros ecográficos de posibles masas en hígado, la imagenóloga nos mira y sutilmente pregunta si teníamos el control, asentimos en silencio, mi compañera y yo conseguimos esas placas: Metástasis pulmonares y hepáticas. El jefe da la noticia. Habla de otra quimio, otra línea, explica las malas condiciones, la sonrisa típica se apaga, el ambiente se hace pesado.

Llega su esposa. Van a conversarlo. Aún están animados. Llega la siguiente guardia, curiosamente la esposa de Cristian no está. No me sorprendía, sabía que trabaja hasta las 4, a la hora de visitas llegaría como siempre, antes de lo esperado gritos en el pasillo, en la primera sala de varones Cristian convulsiona, ¡mierda carajo! eso sólo me deja pensar que ya está en el cerebro! ¿Ya? ¿Tan pronto? ¡No te me vayas ahora, no se te ocurra! Tu esposa no está aquí y los enanos aún no se despiden! ¡Regresa! Regresa de donde quiera que estés! Las convulsiones pararon. Pregunto si me escucha, aún postictal2 me sonríe, asiente, te voy a dejar dormir un poco debes recuperarte… “Yo pensé que eso era todo doc, pero después la oí, y cuando la vi, supe que todavía estaba vivo, lo sabía porque era usted y era su voz, gracias”…

Lo sedamos, de inmediato la tomografía, tres masas, la más grande en corteza, esa era la razón de la convulsión. Pocas horas después su esposa me encuentra en el pasillo: dígame la verdad, nosotras somos amigas ¿ya esta tan pronto en el cerebro?. Respondí como los jefes nos han enseñado que debemos: aparentemente hay masas pero el jefe confirmará mañana cualquier otro dato.

A esta parte de la historia la llamo desmoronarse, romperse, doler el corazón, pasa, pasa con todos los pacientes, pero Cristian y su esposa se habían vuelto mis amigos y eso pesa aún más. “Le agradezco que sea sincera. Quiero pedirle un favor, mis hijos. Quieren verlo, ya se que no pueden entrar al hospital. ¿Usted podría?…” Esa noche entraron 2 enanos enmascarados para abrazarse con su papá, nadie se enteró, ni siquiera mi compañera. No los vi, pero su madre me aseguró que había sido un buen encuentro, también me dijo que Cristian no quería otra quimio. Quería irse a la playa con los pequeños. Recuperó de golpe el apetito, y sonriendo me preguntó si quería una manzanita. Esa noche fue larga, el miércoles se le dio el alta, nuestro tercer abrazo con su esposa y el primero con él. Lo que yo nunca pensé fue que este viernes 7 de febrero a dos días de su alta iba a volver a verme con su esposa que estaba buscándome en consulta externa para darme nuestro cuarto y último abrazo, no necesitó decirme nada. Ya sabía porque estaba ahí, tenía los ojos aguados y aunque no se me es “permitido” ese día yo también lloré…

  1. Acumulación de líquido en cavidad abdominal
  2. Estado después de la convulsión, el paciente casi no escucha ni ve, está casi inconciente

@KlyeliKarla (@klyeli), es la dueña de esta historia, es médico… y es mi amiga!.