Jugando a ser Doctora con mi abuelo de paciente


Lo escribí el 15 miércoles 15 de Julio del 2009; se trataba de una tarea… Hacer un ensayo sobre el estudiante de medicina en la sociedad… y bueno; después de dos años y 13 dias… HOY LO PUBLICO PORQUE AYER FUE MI ÚLTIMO DÍA COMO ESTUDIANTE DE MEDICINA EN LA UNIVERSIDAD… y quería contarles el hermoso inicio de este MARAVILLOSO sueño, que parece hacerse realidad…

 

Hace casi dos décadas, un hombre de campo, lleno de sueños e ilusiones, con los años marcando cada línea de su rostro y con sus manos con las cicatrices que solo un hombre de pueblo conoce; me enseñó lo que hoy conozco como la técnica de percutir.

Todo empezó como un juego, el mejor juego que según yo mi abuelo había inventado, a sus aproximadamente 76 años, se acostaba en el piso, tomaba mi mano y la ponía en su abdomen, luego cogía mi dedo y hacía que por alguna extraña razón éste al golpear el dedo de mi otra mano, emita un sonido que hasta hace poco pude reconocer y nombrar.

 

Así empezó este sueño, en medio de risas y travesuras.  En mi familia no ha existido antes un médico, a nadie le interesó esta profesión, y a mi abuelo que le gustaba, el destino le había cerrado las puertas de la ciencia.  Sin embargo y a pesar de las burlas de la gente, había aprendido una que otra cosa de la medicina.

 

Ya los años se han ido, al igual que mi abuelo.  Es lamentable que no pueda ver cómo su juego me encendió esta llama viva que llevo dentro por ser médico,  daría lo que fuera porque me viese vestida de blanco, con un mandil y un fonendoscopio colgando de mi cuello.   De seguro que sonreiría y lograría ver sus dos únicos dientes.

 

Cuando empecé a estudiar esta carrera, vine llena de sueños, ilusiones, planes.  Sabía que mi carrera exigía mucha dedicación, tiempo y sacrificios;  siempre estuve segura de lo que quería… así que con el tiempo fui dejando atrás aquello que hacía de mi vida algo maravilloso para empezar una nueva etapa.  El tiempo faltaba para los deberes, las lecciones, los trabajos; así que el basket y las salidas con la familia y los amigos se quedaron de lado. 

 

Hubo varias noches en las que quise dejar todo, que ya no quería estudiar más,  que sentía que perdía a la gente que quería por encerrarme entre libros y ciencia, y me preguntaba si valía la pena dejar tanto por algo que ni siquiera sabía si iba a resultar.

 

Los días pasaron hasta cuando encontré la razón perfecta para amancerme entre libros, para permanecer despierta, para investigar.  Fue el nacimiento de un niño, el primer neonato que recibí en mis brazos; fue su llanto el que me cautivó y me dió la razón necesaria para seguir adelante, fue su inocencia la que me invitó a ser mejor para defenderlo.

 

¿Qué hace un estudiante de medicina en la sociedad?  Simple, es una herramienta de Dios.  Es una persona llena de ilusiones y sueños, que se hacen realidad paso a paso.  El estudiante de medicina tiene la capacidad de caer y levantarse diariamente, de que su orgullo le estimule a corregir sus errores después de que alguien se burló de su respuesta,  que se alegra cuando acierta su primer diagnóstico, que acepta la guía de aquellos que son sus maestros y le permiten equivocarse y errar sin reprochar su ignorancia y que repele a aquellos que han crecido más en ego que en solidaridad.

 

Mis metas como estudiante de medicina son servir, entregar lo mejor de mí en cada instante, que no importe la gente que llega a mi, no importa su color de piel, sus creencias, sus ideologías, importa aquello que puedo hacer por ellas para regalarles una mejor vida, mi meta es sonreír porque estoy convencida que una sonrisa puede más que un medicamento, mi anhelo es ser sencilla y humilde siempre, no importa cuánto sepa sobre la medicina, me encantaría siempre estar dispuesta a conocer a gente que sea mejor que yo y de la que pueda aprender.  Me avergonzaré cuando un cheque o un paquete de billetes gobiernen mi mente y mi vida, cuando trate a un paciente como un cliente que solamente me beneficia para tener dinero,  repudiaré en mí el egoísmo y la hipocresía cuando de enseñar y mejorar se trate.

 

Y seré feliz cuando la sociedad me juzgue no por los bienes materiales que he conseguido por mi profesión, o la cantidad de dinero que tenga en el banco sino por el número de sonrisas que recibo de la gente mientras camino por la calle.  A la final lo único que tenemos en la vida son los recuerdos que cada ser deja en nuestras almas,  de seguro más de uno recordará mi nombre por los errores que cometí y por aquellos que pude corregir y que les regalaron felicidad.

 

Pppptssssss… eeey abuelo… qué dices si esta noche mientras duermo, me llevas de paseo como cuando me dejabas acompañarte al médico… y me prometías que a la salida me dejarías jugar en la “bajadita” de las gradas…

Si prefieres no jugamos a la doctora y al paciente, pero te parece si de regreso tomamos el camino más largo, me compras el Tango® y conversamos? Es que no tienes idea todo lo que ha pasado en estos 18 años.  Dale abuelo… no seas flojo… TE NECESITO…

 Pd:  Te acuerdas de esta foto? siii es la misma… la que puse hace un tiempo en tu nicho.  Y te adjunté una nota que dice: Mira abuelo, hago de nuestro juego una profesión… TE AMO…

Pd #2:  A que no sabes una cosa? ahora tengo un Littmann pinteraso…!!! si quieres esta noche te lo presto para que juegues 😀